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El calor y la humedad mantenida tras los baños facilitan las cistitis en verano

El Hospital de Torrejón recuerda que el calor y la humedad mantenida tras los baños facilitan las cistitis en verano.

Durante el verano, factores ambientales como el calor y los baños en piscinas aumentan el riesgo de infección urinaria debido a que el agua puede alterar la flora defensiva y facilitar, así, la aparición de las cistitis. “El calor favorece la sudoración y disminuye el volumen de diuresis u orina, que es un factor de riesgo para las infecciones”, según explica el doctor Manuel Ramírez, urólogo del Hospital Universitario de Torrejón. Además, añade, “los baños en playas y piscinas condicionan otro claro factor de riesgo, la humedad de forma mantenida en la vagina, que facilita las cistitis debido al enfriamiento y a la falta de transpiración”. El doctor Ramírez explica que la cistitis “indica la presencia de microorganismos en la orina, asociados a sintomatología miccional, por ejemplo, micciones frecuentes durante el día (polaquiuria), dificultad y dolor o escozor al orinar (disuria), sensación persistente de deseo miccional (tenesmo) y a veces sangrado en la orina hematuria (hematuria)”. Recuerda, además, que las infecciones de orina son más frecuentes en las mujeres “porque la uretra es más corta que en los varones y los microorganismos existentes en la flora intestinal colonizan la vagina y pueden ascender a la vejiga”.

Para prevenir las infecciones de orina, el especialista del Hospital de Torrejón recomienda beber entre dos y tres litros de agua al día y realizar micciones frecuentes. “Un paciente con infecciones de repetición no deber estar más de 3 horas sin orinar”, asegura el doctor Ramírez. Además, insiste en la importancia de cambiar el bañador mojado por ropa seca, para evitar la humedad prolongada y facilitar la transpiración e intentar utilizar la ropa interior de tejidos naturales. También aconseja, sobre todo para prevenir las infecciones continuadas del tracto urinario consumir extractos de arándano rojo, D-Manosa y Vitamina C, además de probióticos, sobre todo si se han tomado antibióticos de forma recurrente.

La mejor defensa: prevención y control

Las infecciones urinarias pueden llegar en cualquier momento y tenemos que estar alerta para evitar y paliar sus molestos efectos.

La cistitis es una infección de la vejiga o las vías urinarias inferiores causada por microbios que han penetrado por la uretra y llegado a la vejiga. Esta infección suele ser muy molesta y si no se trata a tiempo puede extenderse hasta los riñones.

Si bien este tipo de infecciones se dan tanto en hombres como mujeres, son estas últimas las que la sufren con mayor frecuencia porque su uretra es más corta y cercana al ano, fuente de bacterias propiciatorias para desencadenar infecciones. También la menopausia o las relaciones sexuales aumentan en la mujer el riesgo de infección.

A pesar de que a través de la orina eliminamos los microorganismos, a veces no se consiguen eliminar del todo, produciéndose un riesgo de infección cuando estos se quedan alojados en el tracto urinario. Especialmente si hablamos de bacterias, como la Escherichia coli (E. coli), un tipo de bacteria que se encuentra en los intestinos. Estas pueden producir infección y continuar hasta la vejiga o riñones si no se consiguen eliminar a tiempo. Cualquier obstáculo del flujo urinario dificultará su eliminación y con ello aumenta el riesgo de infección.

 

Quién tiene más riesgo

En el caso de los hombres, la infección más común se produce por una infección bacteriana en la próstata, y en las mujeres tras mantener relaciones sexuales. Pero por grupos de riesgo, estos se concentran en personas con problemas de próstata, las que tienen tubos, catéteres o sondas por algún tratamiento médico, las personas mayores, las que padecen problemas para controlar la vejiga, las que tienen algún problema con el sistema inmunológico y bebés con deformaciones del tracto urinario.

 

Cómo saber si tienes infección

Los síntomas más comunes que nos alertan de la posibilidad de infección es la continua e irresistible necesidad de orinar, así como el dolor o quemazón en la uretra al salir el pis. También podemos encontrarnos con una orina con sangre o turbia, con un olor fuerte, fiebre baja o calambres abdominales o en la espalda, picor vaginal en la mujer e, incluso, vómitos. En caso de padecer estos síntomas es recomendable acudir al médico, quien determinará el origen de la dolencia así como las pruebas necesarias, normalmente un análisis de orina, que certificará si hay infección o no. Además, puede proponernos un urocultivo, si fuese necesario identificar la bacteria que originó la infección para prescribir un tratamiento más eficaz.

 

Cómo se trata

Es el médico quien debe determinar el tratamiento, siendo lo más común combatirla con antibióticos, salvo que no sea de origen bacteriana. La duración y el tipo también lo prescribirá el médico, si bien se puede acompañar de productos que ayuden a aliviar las molestias asociadas a la cistitis. En estos casos, puede ser el propio médico quien incluya en el tratamiento otros fármacos o productos. Si no fuese el caso, puede recurrir a su farmacéutico para que le aconseje como paliar los efectos de la infección mediante productos compatibles con el tratamiento recetado. En este sentido, existen productos de venta libre que aumentan la acidez de la orina, disminuyendo con ello la concentración bacteriana.

 

Cómo prevenir las infecciones

Si bien no podemos controlar todos los factores que determinan la aparición de la infección en la orina, sí que podemos reducir los riesgos notablemente siguiendo algunas recomendaciones, como llevar una dieta equilibrada, un estilo de vida saludable, beber agua regularmente y no aguantar las ganas de orinar. De forma específica, en el caso de bebés habría que cambiarles el pañal regularmente y mantenerle los genitales limpios y secos; y a los niños enseñarles a mantener una correcta higiene íntima.

Las mujeres, al tener mayores riesgos, también deben seguir más pautas, como orinar después de mantener relaciones sexuales; usar lubricantes para facilitar las mismas, evitar el uso de determinados preservativos y espermicidas que pueden desequilibrar el ph de la zona vaginal; así como cambiarse el bañador mojado o evitar el frío en la zona vaginal.