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Una o dos cervezas diarias

La heterogeneidad de las medidas empleadas en los estudios (gramos de alcohol, unidades, etc.), sobre los beneficios para la salud del consumo moderado de cerveza en adultos, dificulta establecer la cantidad precisa de cerveza necesaria para obtener esos beneficios. Esta falta de consenso es una de las razones que han llevado a un grupo de investigadores españoles a elaborar el documento Consumo moderado de cerveza y sus efectos en la salud cardiovascular y metabólica: una revisión actualizada de la evidencia científica reciente, publicado recientemente en la revista Nutrients. 

De acuerdo con esta revisión, el consumo moderado de alcohol de 196 g/semana (28 g/día o 700 ml de cerveza diarias  aproximadamente) para hombres y 112 g/semana (16 g/día o aproximadamente 400 ml de cerveza al día) para mujeres se ha asociado con algunos beneficios para la salud. Sin embargo, apunta, debe tenerse en cuenta que las cantidades semanales recomendadas de alcohol deben distribuirse a lo largo de varios días y no incluir episodios de consumo excesivo o “atracones”.

Cerveza en la dieta mediterránea
En el artículo se afirma que los datos disponibles sugieren que el consumo moderado de cerveza se asocia con un menor riesgo cardiovascular. Para otros efectos sobre la salud, como los de la obesidad general o abdominal, un estudio reciente sugiere que el consumo moderado de cerveza tradicional o sin alcohol no aumenta el peso corporal en individuos obesos. Además, el consumo moderado de cerveza se ha asociado con una disminución del riesgo de diabetes en hombres  y con un aumento de la densidad de la masa ósea, lo que reduce el riesgo de fractura en los ancianos.

Los beneficios para la salud asociados al consumo moderado de cerveza pueden estar condicionados por características socioeconómicas y/o de dieta y estilo de vida en general. La denominada dieta mediterránea, históricamente asociada con una alta esperanza de vida y bajas tasas de enfermedades cardiovasculares, es un buen ejemplo de ello, ya que se caracteriza por el alto consumo de alimentos frescos, bajo consumo de grasas animales y de bajo a moderado consumo de vino o cerveza, generalmente con comidas.

De hecho, la pirámide alimentaria de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria refleja la dieta mediterránea e incluye el consumo opcional, ocasional y moderado de bebidas fermentadas (vino, cerveza y sidra), siempre vinculado a su consumo moderado durante las comidas. 

“En conclusión, consideramos que una ingesta aproximada de una cerveza al día para las mujeres (sobre 400 ml) y una o dos para los hombres (aproximadamente 700 ml) podría definirse como un consumo moderado de cerveza, siempre que dicho consumo se distribuya a lo largo de la semana, sin atracones y en el contexto de la hora de las comidas, como es costumbre en los países mediterráneos”, explica la doctora Ascensión Marcos, directora del grupo de Inmunonutrición del Departamento de Metabolismo y Nutrición del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN) del CSIC, y una de las responsables de esta revisión. “El consumo moderado de cerveza reduce el riesgo cardiovascular y la mortalidad general. Además, disminuye el riesgo de diabetes en los hombres, aumenta la densidad de la masa ósea, disminuye el riesgo de fractura en los ancianos y no parece estar asociado con la obesidad general o abdominal”.

Es importante tener en cuenta que los posibles efectos beneficiosos de la cerveza se observan únicamente cuando el consumo es moderado y responsable, por parte de adultos sanos, en el marco de una alimentación sana y equilibrada. Además, si se están tomando medicamentos, si se va a conducir, y en el caso de las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, se debe optar por una cerveza sin alcohol.

Diez smoothies saludables

Diez smoothies saludables a base de zumo, frutas y verduras, para mantenerse hidratado este verano. La Asociación Española de Fabricantes de Zumos, Asozumos, nos propone diez sencillas recetas con base de zumo para combatir las altas temperaturas del verano y como complemento alimenticio para mantener una correcta hidratación gracias a su alto contenido en agua y vitaminas.
En esta época del año “los zumos de frutas juegan un papel fundamental ya que están compuestos de agua entre un 85 y 89%, lo que les permite contribuir a una correcta hidratación como complemento al consumo de fruta entera y la ingesta de agua”, señala Javier Valle, secretario general de Asozumos. Una recomendación que también figura en la pirámide de Hidratación saludable la Asociación Española de Nutrición Comunitaria (SENC).
Los zumos de frutas, además de ser una fuente natural de hidratación por su alto contenido en agua, ayudan a alcanzar la ingesta diaria recomendada de frutas y verduras. De hecho, “la naturalidad del producto es tal que la ley no autoriza la adición de azúcares ni conservantes ni aromas a los zumos de fruta encontrándonos un producto final prácticamente idéntico al exprimido en casa”, añade Valle.

Alimentación e hidratación saludable en un solo vaso
Durante el verano, el consumo de un vaso de zumo de 150-200 ml puede llegar a ser un excelente aliado – dentro de una alimentación saludable y variada – para mantener una correcta hidratación del organismo, al igual que evitar la exposición al sol en las horas centrales del día, utilizar ropa clara y fina o cubrirse la cabeza con un sombrero.
Por este motivo, Asozumos ha creado un recetario compuesto por diez propuestas en las que destaca el zumo de frutas como base principal y necesaria para mantener una correcta hidratación y contribuir a alcanzar el consumo diario de 3 frutas, siendo como mínimo dos de estas raciones piezas de fruta enteras.
Las recetas cuentan con un protagonismo especial de zumo de melocotón, uva, manzana, naranja y piña para dar respuesta a la demanda de la sociedad, “son algunos de los sabores más consumidos en España”, comenta Valle. Sin embargo, Asozumos también propone alternativas innovadoras como el zumo de granada en combinación con plátano y leche de coco o un smoothie de frutos rojos.
Todas ellas propuestas de fácil preparación y listas en 5 minutos, “con el objetivo de ofrecer una alternativa sana y nutritiva, basada en frutas y verduras, para combatir el calor y refrescarse durante lo que resta del verano”, concluye Javier.

Evitar intoxicaciones en verano

El verano es una estación que conlleva una serie de problemas de salud muy característicos de estas fechas. En concreto, uno de los más frecuentes es la intoxicación alimentaria, ya que, debido a las altas temperaturas, a que se rompa la cadena de frío o la falta de higiene, surgen bacterias, virus, toxinas y parásitos en los alimentos y en el agua.

Para evitar que un problema como este interrumpa tu verano, hay una serie de pasos que debes seguir:

  • Conocer algunos de los alimentos con tendencia a estropearse durante estas fechas:
    • Carnes y aves (cocidas o crudas), cuya cocción debe alcanzar una temperatura mínima de 70º para evitar la trasmisión de E. coli, salmonella, listeria o parásitos.
    • Productos lácteos, ya que, si no están pasteurizados, pueden contaminarse fácilmente con bacterias como la Brusella.
    • Mariscos, en concreto moluscos con concha, que son los más propensos a la concentración de bacterias, por lo que, para evitar un riesgo elevado, debe haber garantías higiénicas.
    • Huevos, que deben consumirse en un espacio breve de tiempo y manipularse con cuidado para evitar que se contamine el interior a través de una cáscara sucia.
    • Frutas y verduras mal lavadas o sometidas a altas temperaturas durante más de 3 días, ya que aumenta el riesgo de contaminación por listeria
  • Identificar los posibles síntomas para poder tratar el problema lo antes posible:
    • Náuseas
    • Dolor y calambres abdominales
    • Fiebre
    • Vómitos
    • Diarrea
  • Ponerse en contacto con el servicio médico más cerano.

Las infusiones más saludables para tomar este verano

¿Estás familiarizado con los tés florales? Puede que hayas oído hablar acerca de ellos como “tisanas”. Son unas relajantes y aromáticas infusiones compuestas a partir de flores secas, que se pueden tomar tanto solas como acompañadas por un té negro, blanco o verde.

La gama de tisanas florales puede ser muy amplia. En esta ocasión, hemos escogido algunas de las más populares, para desgranar sus beneficios y consejos para disfrutarlas mejor.

Lavanda, con propiedades calmantes
Los griegos y romanos fueron de los primeros en aprovechar esta planta autóctona del Mediterráneo occidental altamente aromática. Es apreciada por su actividad relajante que ayuda a reducir los niveles de estrés. Si tomas un té floral de lavanda reforzarás tu poder antioxidante, que puede sr de gran ayuda para el sistema intestinal, combatiendo las bacterias malignas que habitan en el intestino.4

Puedes disfrutar del té de lavanda solo o acompañado por una deliciosa mezcla con rosa orgánica y/o manzanilla. Además, puedes apoyar la relajación, disminuir el estrés y fomentar un sueño placentero con las perlas de lavanda. Se trata de un complemento nutricional seguro y eficaz que conserva los beneficios y las propiedades de la planta.

Manzanilla, antiinflamatorio natural
La manzanilla es una hierba que se puede encontrar fácilmente preparada para su consumo en forma de infusión. No importa la época del año, es un componente recurrente que no suele faltar en ninguna casa. Su sabor es delicado, pero has de saber que antiguamente, los egipcios y los antiguos romanos, la usaban para crear ungüentos, cremas y otras bebidas.

Las flores de manzanilla tienen propiedades antiinflamatorias, astringentes y antioxidantes.2 Además, contienen adaptógenos como apigenina y crisina, que pueden ayudar a calmar los nervios y promover un sueño saludable.

Caléndula, para el dolor de garganta
Los herbolarios disponen de este producto desde hace muchos años, tanto para usos culinarios, como para fines medicinales. Las flores de caléndula son una deliciosa infusión terapéutica, ligeramente amarga, que contiene numerosos compuestos que pueden combatir el estrés oxidativo y la inflamación en el cuerpo.1

Puedes probar el té de caléndula con un poco de miel. Esta mezcla aliviará el dolor de garganta y sirve como un pequeño estímulo en cualquier momento.

Hibisco, rico en antioxidantes
Es una infusión picante de tonos rubí, con un sabor ligeramente ácido similar al de los arándanos. Su origen se encuentra el norte de África y el sudeste asiático. Las flores de hibisco también son ricas en antioxidantes protectores, tal y como recogen algunos estudios realizados en los últimos años.3

Es una infusión que puedes tomarla sola, pero, si lo prefieres, cabe la posibilidad de combinarla con escaramujos secos, así obtendrás un exuberante elixir rico en vitamina C. Ideal para el verano si lo mantienes frío en el frigorífico, puede convertirse en tu aperitivo preferido y saludable estos meses.

Linden, la tila de toda la vida
La tisana de moda en Francia. El té de tilo se ha utilizado desde la Edad Media para promover la transpiración y la desintoxicación. Además, aporta propiedades sedantes naturales, confirmadas en un estudio reciente revisado por pares.5 Se trata de una bebida sutilmente dulce, con un toque cítrico. Debes saber que la tila posee poder antioxidante, por su contenido rico en flavonoides y quercetina.

Ahora que nos hemos adentrado en el verano y las temperaturas empiezan a subir, es el momento de conocer bebidas que siempre hemos tenido a mano, pero desconocíamos su poder refrescante. Las infusiones son saludables y puedes encontrar en tiendas y herbolarios una amplia oferta de mezclas florales que pueden hacer que tu verano sea más agradable.


Referencias

  1. Sytar O, Hemmerich I, Zivcak M, Rauh C, Brestic M. Comparative analysis of bioactive phenolic compounds composition from 26 medicinal plants. Saudi J Biol Sci. 2018 May;25(4):631-641.
  2. Khan SS, Najam R, Anser H, Riaz B, Alam N. Chamomile tea: herbal hypoglycemic alternative for conventional medicine. Pak J Pharm Sci. 2014 Sep;27(5 Spec no):1509-14.
  3. Ajiboye TO, Salawu NA, Yakubu MT, Oladiji AT, Akanji MA, Okogun JI. Antioxidant and drug detoxification potentials of Hibiscus sabdariffa anthocyanin extract. Drug Chem Toxicol. 2011 Apr;34(2):109-15.
  4. Jin JS, Touyama M, Hisada T, Benno Y. Effects of green tea consumption on human fecal microbiota with special reference to Bifidobacterium species. Microbiol Immunol. 2012 Nov;56(11):729-39.
  5. Allio A, Calorio C, Franchino C, Gavello D, Carbone E, Marcantoni A. Bud extracts from Tilia tomentosa Moench inhibit hippocampal neuronal firing through GABAA and benzodiazepine receptors activation. J Ethnopharmacol. 2015 Aug 22;172:288-96.

Cómo prevenir los trastornos digestivos típicos del verano

En verano, muchos españoles cambian sus hábitos. Llegan las vacaciones, los viajes, las comidas fuera de casa, los tupperware en la playa y, en general, muchos excesos que no se producen en otras épocas del año. La temperatura y la humedad aumentan durante los meses de verano, lo que incentiva que crezcan gérmenes y toxinas en los alimentos. Por eso, hay que extremar las precauciones a la hora de cocinar y conservar la comida, ya que todos estos cambios pueden afectar a nuestra salud digestiva.

Según explican los expertos de DosFarma las intoxicaciones alimentarias provocadas por patógenos (bacterias, virus…) son los problemas intestinales más comunes durante el verano en España. Especialmente los causados por las bacterias Campylobacter, responsable del 67 % de los casos, la Salmonella (un 27 %), la Escherichia coli (un 3 %) y la Listeria monocyogenes, responsable de aproximadamente un 1 %. Aunque las intoxicaciones alimentarias son los trastornos digestivos más habituales y peligrosos en verano, no son los únicos. El estreñimiento, los empachos provocados por las comidas copiosas, los gases o la acidez también pueden afectar a la salud digestiva. Por ello, DosFarma ha recopilado las principales enfermedades o molestias que suelen aparecer en verano para saber cómo prevenirlas:

  1. Intoxicaciones alimentarias
    Las toxiinfecciones alimentarias, o intoxicaciones, son enfermedades que se producen por ingerir un alimento contaminado. La mayoría son enfermedades leves que se curan a los pocos días, con reposo y tomando muchos líquidos. No obstante, sí que llegan a ser peligrosas para personas inmunodeprimidas. Hay muchos gérmenes que las causan, principalmente bacterias. Estas son las que más suelen contaminar la comida durante el verano.

Campylobacter
La enfermedad que produce, la campilobacteriosis, es la principal causa de gastroenteritis en el mundo. Esta bacteria vive en los intestinos de los animales y puede pasar a los humanos. Lo más habitual es que este patógeno se transmita por las heces, que contaminan la carne del animal mientras aún está vivo. Los alimentos en los que crece son, principalmente, carnes: pollo, ternera y cerdo. También puede contaminar otros productos derivados de los animales, como la leche (sin hervir), o incluso el agua. Sus síntomas más frecuentes son diarrea, dolor abdominal, fiebre, dolor de cabeza y náuseas y vómitos. Aparecen entre 1 y 10 días después de ingerir la bacteria y duran de 3 a 6 días.

Salmonella
Estas bacterias están presentes en muchos animales y son las causantes de la salmonelosis. Estos patógenos pueden contaminar alimentos de origen animal como los huevos, la mayonesa, la carne de ave o la leche, aunque también puede aparecer en otros productos como hortalizas que se hayan podido contaminar con el estiércol. Además, hay que tener cuidado, porque se puede transmitir entre personas por medio de las heces (por ejemplo, después de ir al baño). La salmonelosis produce fiebre repentina, náuseas, dolor abdominal, diarrea y, a veces, vómitos. La enfermedad dura de 2 a 7 días, y sus síntomas se inician entre 6 y 72 horas después de haber ingerido el patógeno.

Escherichia coli
Esta bacteria, más conocida como E.coli, vive en el intestino de muchos animales, incluidos los humanos. Sin embargo, algunas de sus cepas provocan intoxicaciones alimentarias. Por ejemplo, es una de las principales causas de la llamada «diarrea del viajero», un problema frecuente entre personas que viajan a otros países con unas condiciones higiénico-sanitarias inferiores a las del suyo. Las intoxicaciones por E.coli se producen por alimentos crudos o poco hechos, como la carne picada, la leche y sus derivados, y las hortalizas y semillas germinadas. También pueden deberse a agua contaminada por heces de animales infectados. Una enfermedad causada por esta bacteria provoca calambres abdominales, diarrea, fiebre y vómitos. Los síntomas suelen aparecer 3 o 4 días después de exponerse al patógeno y dura hasta 10 días.

L. monocytogenes
Esta bacteria produce la listeriosis, una enfermedad grave, aunque relativamente poco frecuente. Es especialmente peligrosa en embarazadas y en personas mayores o inmunodeprimidas. Este microorganismo se encuentra en la naturaleza, en el suelo y el agua, o en el tubo digestivo de algunos animales. Por eso, puede pasar a los humanos al consumir hortalizas, carne (o cualquier producto de origen animal) o agua contaminados. En los casos leves, supone diarrea, fiebre, dolor de cabeza y dolores musculares. Pueden aparecer entre 1 y 4 semanas después de comer el alimento contaminado y su duración es muy variable: desde un día hasta más de dos meses.

Staphylococcus
Las enfermedades que generan los estafilococos causan distintos tipos de infecciones en la piel, en las vías urinarias o una intoxicación alimentaria, la opción más probable durante el verano. Esta intoxicación puede aparecer por una escasa higiene con la comida o por dejarla expuesta a la temperatura ambiente. Afecta a productos lácteos y de pastelería, como la leche, la nata o las natillas, a las carnes y a los pescados. Sus síntomas incluyen náuseas, vómitos, diarrea y dolor abdominal. En algunos casos más graves, provoca deshidratación y dolor de cabeza. Lo más habitual es que duren unos 2 o 3 días.

Anisakis
El anisakis es un parásito que se encuentra en pescados y cefalópodos (calamares, pulpo, sepia…). En verano, los destinos de playa son los más populares para las vacaciones y se incrementa el consumo de estos alimentos, por lo que hay que extremar las precauciones. Este parásito puede producir anisakiasis, que afecta al aparato digestivo y causa náuseas, vómitos y dolor abdominal unas horas después de comer.

  1. Gases
    Las vacaciones son el periodo ideal para salir a comer fuera. Eso suele implicar grandes comilonas acompañadas con una buena conversación. No obstante, eso es un cóctel perfecto para los gases. Los gases estomacales se producen durante la digestión y es normal eliminar el exceso mediante eructos o flatulencias. Sin embargo, a veces hay dolor abdominal y malestar y no se pueden expulsar. Un aumento del gas en el estómago suele deberse a tragar una gran cantidad de aire. Eso puede ocurrir si comemos muy deprisa, sin masticar bien, o si hablamos, reímos o gritamos mientras comemos.
  2. Acidez
    En cuanto a la acidez, es un problema que sufren, de forma intermitente, más del 40 % de los españoles. Es una sensación de ardor que aparece en el pecho o la garganta. Sucede cuando la abertura que separa el estómago del esófago no se cierra totalmente y permite que los ácidos del estómago pasen. Si se come demasiado rápido o en grandes cantidades, se desequilibran los niveles de ácido del estómago, que harán presión y se escaparán hacia el esófago.
  3. Estreñimiento
    La rutina puede cambiar drásticamente durante el verano; eso se nota en nuestro tracto digestivo y puede aparecer estreñimiento ocasional. Puede deberse a un cambio en la dieta (por ejemplo, porque no consumimos la suficiente fibra) o al sedentarismo. Uno de los motivos más habituales en los meses de calor es la deshidratación producida por las altas temperaturas. Si el cuerpo está deshidratado, extraerá los líquidos de donde pueda, como de las heces, que se resecarán y serán más difíciles de expulsar.
  4. Digestiones pesadas
    Las comilonas y los cambios de dieta típicos de las vacaciones pueden desembocar en pesadez estomacal, dolor abdominal y sensación de saciedad precoz. Todo ello irá acompañado de gases y acidez.
  5. El «corte de digestión»
    Curiosamente, lo que llamamos corte de digestión poco tiene que ver con la digestión. En realidad, es el síncope de hidrocución y surge cuando hay un cambio muy brusco de temperatura; por ejemplo, si nos metemos al agua fría después de haber estado al sol. El cuerpo intenta adaptarse a la nueva temperatura y, para garantizar el flujo sanguíneo al cerebro, deja de enviar sangre a otras zonas y el corazón va más lento. Si el cambio de temperatura es muy brusco, podemos llegar a perder el conocimiento. Estar haciendo la digestión es un factor de riesgo, pero no está directamente relacionado. Durante la digestión, se dirige gran parte del flujo sanguíneo hacia el aparato digestivo y hay menos sangre en el cerebro, por lo que el síncope es más probable si hay cambio de temperatura.

Cómo prevenir los trastornos digestivos durante el verano
La prevención es la clave por lo que, desde DosFarma nos dan algunas claves para ayudarnos a mantener una buena salud digestiva durante los meses de calor.

Lavarse bien las manos
Hay que lavarse bien las manos después de ir al baño, sonarse la nariz, sacar la basura, tocar a un animal o cambiar pañales. Las intoxicaciones se producen cuando los microorganismos llegan a la comida, muchas veces desde las heces. Si vamos al baño y no nos lavamos bien las manos, podemos pasar esos microorganismos a otra persona al tocarla o dejarlos en la comida que estemos cocinando.

Lavar bien las frutas y verduras, especialmente si se van a consumir crudas
Cocinar los alimentos es una forma segura de eliminar cualquier patógeno. Pero si algo se va a consumir crudo (por ejemplo, una fruta), es muy importante lavarlo bien antes. Igualmente, es necesario limpiar los utensilios de cocina que hayan entrado en contacto con la comida cruda.

Cocinar bien los alimentos
Para eliminar completamente los patógenos, hay que asegurarse de que la carne y el pescado queden bien hechos y los huevos tengan la yema totalmente cuajada. Para evitar el anisakis, en concreto, hay que cocinar adecuadamente el pescado durante al menos 2 minutos a más de 60ºC, es decir, que dicha temperatura llegue hasta el centro del producto.

No romper la cadena de frío
Para conservar los alimentos en buenas condiciones, muchos de ellos requieren estar refrigerados o congelados. En verano, es muy importante revisar la temperatura de la nevera y mantenerla por debajo de los 4,4 grados. El congelador, para conservar la mayoría de los alimentos, mejor por debajo de los -18 grados. Por ejemplo, el anisakis requiere congelar el pescado a -20 grados y mantenerlo durante cinco días.

Si la cadena de frío se rompe (por ejemplo, si un producto refrigerado se ha dejado fuera de la nevera), corremos el riesgo de sufrir una intoxicación. Al romper la cadena de frío, comienzan a crecer microorganismos. Hay que tener en cuenta que un producto que ya esté contaminado no tiene por qué sufrir cambios en el olor, el aspecto o el sabor; si se ha roto la cadena de frío, es mejor descartarlo directamente.

No beber agua de ríos, fuentes o arroyos
Las intoxicaciones también pueden deberse a la contaminación del agua. Lo más recomendable es beber siempre agua embotellada y evitar cualquier fuente natural, si no estamos seguros de que sea agua potable. Igualmente, es mejor no echar cubitos de hielo en las bebidas, a no ser que haya total seguridad de que están hechos de agua potable.

Evitar la leche sin pasteurizar
La pasteurización es un proceso térmico que elimina los patógenos de los alimentos. La leche es el producto más conocido que sufre este proceso, aunque hay muchos otros, como la cerveza o los zumos. Si no tenemos la certeza de que un lácteo está pasteurizado, es mejor no consumirlo.

Hacer comidas ligeras y sin prisa
Los atracones y las comidas rápidas son los aliados de los gases y la acidez. Hay que disfrutar de la comida y tomarnos nuestro tiempo, sin prisas y masticando bien. Para evitar la aerofagia, es decir, tragar demasiado aire, no hay que hablar rápido ni gritar durante la comida. Después de una comida copiosa o de ingerir algún alimento que nos haga generar gases (alubias, garbanzos, col…), ayuda tomar cápsulas o infusiones de hinojo, manzanilla o menta.

Llevar una dieta saludable y beber suficientes líquidos
También hay que comer sano en vacaciones. Para evitar el estreñimiento, es importante llevar una dieta rica en fibra (frutas, verduras, cereales…), reducir los alimentos procesados y hacer ejercicio. Asimismo, hay que mantener unos buenos niveles de hidratación y beber agua sin esperar a tener sed.

No beber alcohol
Las bebidas alcohólicas empeoran los síntomas de ciertas enfermedades digestivas, como el síndrome de reflujo gastroesofágico, un problema que sufren 7 de cada 10 personas que suelen tener acidez. Además, el alcohol incrementa la deshidratación, un factor que motiva el estreñimiento.

Amanda Dutruc, farmacéutica de DosFarma explica: «Olvidarnos algo fuera de la nevera, con el calor y la humedad de estas fechas, supone un riesgo muy alto de contaminación. Por lo general, las intoxicaciones son enfermedades leves que duran unos pocos días. No obstante, sí que hay infecciones muy graves, sobre todo para personas inmunodeprimidas, niños o ancianos. Por eso, en DosFarma queremos recordar la importancia de proteger los alimentos de las altas temperaturas. Y no hay que olvidar que las vacaciones también pueden pasar factura a nuestro aparato digestivo de una forma menos peligrosa, pero muy molesta, como los gases o la acidez de estómago; siempre hay que comer sin prisas y masticar bien, incluso cuando comemos fuera y con más gente».

Consejos para mantener una dieta equilibrada para los más pequeños en verano

Con la llegada del verano, las rutinas se pierden y con ella los horarios de comidas y cenas de forma ordenada. En esta época del año nos relajamos en cuanto a la alimentación de nuestros hijos y la nuestra propia. Desde Onegen Lab facilitan unas pautas para mantener una dieta equilibrada en esta época del año para los más pequeños y también para la familia:

  • HIDRATACIÓN: a pesar que pueda parecer una obviedad, en muchas ocasiones, se nos olvida la importancia de mantener una hidratación correcta. Para los más pequeños desde Onegen Lab recomiendan mínimo beber 4-5 vasos de agua en caso de niños de 1 a 3 años al día y para los padres 1.5 litro diario. Desde la marca señalan que no hay una ley universal sobre la cantidad exacta de agua pero sí es importante vigilar que no haya deshidratación.
  • ALIMENTACIÓN CROMÁTICA: desde Onegen Lab recomiendan apostar por platos de frutas y verduras que combinen distintos colores ya que estos pigmentos contienen vitaminas, minerales y fitoquímicos muy interesantes para nuestros para el organismo ya que de esta forma nos aseguramos que no haya ningún tipo de carencia nutricional.
  • RECETAS LIGERAS Y REFRESCANTES: una de las mejores formas de combatir las altas temperaturas desde la alimentación es con platos refrescantes como sopas frías, ensaladas, cremas. Estos platos son un gran aliado para mantener una dieta equilibrada y además combatir el calor.
  • COMER CON LOS NIÑOS: el verano es un buen momento para aprovechar las vacaciones y la flexibilidad horaria para incorporar el hábito de comer con los más pequeños de casa y así potenciar cualidades como el respeto, el agradecimiento, el compartir, entre otros. Estos hábitos ayudan a que el momento de las comidas se convierta en una experiencia a vivir en familia. El verano puede ser un buen punto de partida para establecer esta experiencia en rutina y ayudar a los más pequeños a disfrutar de estos de momentos.

Consejos para reconocer el azúcar añadido a los alimentos

Dña. Pilar Puértolas Barrado, nutricionista Grupo Virtus.

En estos momentos, se habla mucho de la importancia de llevar una alimentación saludable y evitar los azúcares innecesarios de los alimentos. Para entender mejor estas recomendaciones es necesario saber identificarlo bien.

Los carbohidratos son fundamentales en nuestra alimentación ya que son una de las fuentes principales de energía. En este sentido, se pueden encontrar dos tipos de hidratos de carbono en la dieta: los naturales y los añadidos. ¿En qué consiste cada tipo?

Los naturales o intrínsecos son los que forman parte del alimento junto con otros nutrientes y no han sido incorporados de manera voluntaria. Alimentos como las frutas, cereales, verduras, legumbres y lácteos los contienen. Es importante tener en cuenta que a estos también se les denomina carbohidratos, sin embargo, no deben desaparecer de nuestra alimentación.

Los que se añaden a los alimentos voluntariamente son a los que comúnmente se los denomina azúcares. Son estos “azúcares añadidos” los que se deben evitar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una ingesta reducida de azúcares a lo largo de toda la vida con un consumo inferior al 10% de la ingesta calórica diaria, aunque reducirla hasta el 5% produciría beneficios adicionales para la salud. Lo que equivale a unos 25 gramos al día para los adultos con un índice de masa corporal normal o unas 6 cucharadas de postre, para uno consumo de unas 2000 Kcal. Esto se aplica a todos los monosacáridos (como glucosa y fructosa) y disacáridos (como sacarosa o azúcar de mesa) que son añadidos a los alimentos por los fabricantes, cocineros o consumidores, así como a los azúcares presentes de forma natural en la miel, los jarabes, los jugos de fruta y los concentrados de fruta. Las directrices no se refieren a los azúcares de las frutas frescas y verduras o los azúcares presentes de forma natural en la leche.

Si consumimos alimentos con muchos azúcares consumimos calorías, pero con escaso valor nutritivo lo que puede derivar en una desnutrición unida a sobrepeso u obesidad, aumento de los triglicéridos (grasa) lo que hace aumentar el riesgo cardiovascular, alteraciones hepáticas, desórdenes del comportamiento, diabetes, hiperlipidemia y la presencia de caries.

Por ejemplo, cuando añadimos azúcar a un café, a un yogur o a un postre casero somos conscientes de la cantidad que ponemos. El problema aparece cuando se consumen alimentos procesados ya que, al tener diferentes denominaciones, es muy difícil identificar estos azúcares.

Los azúcares se suelen incorporar para obtener un determinado color (como es el “caramelizado o tostado”), como conservante, para modificar la textura ya que proporciona volumen, necesarios en el proceso de fermentación y, por supuesto, para aportar sabor. Por ello, los azúcares añadidos se encuentran, aparte de en los dulces, en muchísimos otros productos como el pan, el tomate en conserva, los purés de verduras, bebidas vegetales, salsas y aliños como la de soja o el de módena, pizzas, sándwiches envasados, bebidas energéticas, agua con sabor, bebidas con té ya preparadas y envasadas, en los sazonadores para fajitas, jamón york o el queso. Pero eso no es todo, por ejemplo, bebidas que comúnmente asociamos a “saludable” como el Aloe vera también pueden llevar azúcar, e incluso en la cerveza y vino podemos encontrarlo.

Consejos para identificar el azúcar
Para reconocer el azúcar en los alimentos procesados es necesario fijarse en la tabla de información nutricional, en concreto en la parte de hidratos de carbono donde pone azúcares, así como en la lista de ingredientes. Pero hay que prestar especial atención ya que el azúcar añadido puede encontrase oculto bajo otras denominaciones.

Los siguientes términos son azúcares:

  • Ingredientes que terminan en –osa: glucosa, maltosa, sacarosa…
  • Siropes y jarabes: ágave, arce o maple, maíz, caña, ceratonia siliqua, panqueque…
  • Dextrinas y maltodextrinas.
  • Azúcar de: caña, invertido, malta, coco, glass.
  • Edulcorante de fructosa, fructosa líquida.
  • Dextrosa anhidra y cristalina.
  • Melaza.
  • Miel.
  • Panela.
  • Almidón de: maíz, hidrolizado.
  • Jugos concentrados y néctares de frutas.
  • Caramelo.
  • Cristales de: jugo de caña y florida.
  • Malta de cebada.

Por todo ello, es necesario reducir el consumo de azúcares en la dieta. Para ello, desde el equipo de nutrición de Grupo Virtus recomendamos:

  • Beber agua o bebidas aromatizadas con trozos de fruta natural en lugar de refrescos o bebidas energéticas.
  • Comer la fruta entera en lugar de zumos.
  • Evitar los cereales azucarados y glaseados en el desayuno. La alternativa más saludable es elegir aquellos sin azúcar añadido.
  • Elegir fruta para el postre
  • Consumir alimentos frescos y naturales en lugar de procesados.

Comer chocolate negro en verano es bueno para la salud

Aunque el consumo de chocolate está más asociado a los meses fríos, también es recomendable consumir este producto en los meses de más calor. De hecho, tomar chocolate negro de cacao puro en verano conlleva numerosos beneficios para la salud. Los expertos chocolateros inciden en que es imprescindible escoger bien qué chocolate consumir. Se recomienda que éste haya sido elaborado con un alto porcentaje de cacao, ya que así contendrá menos leche y azúcares y, como consecuencia, menos calorías. Si además puede tratarse de chocolate orgánico y biodinámico, libre de fertilizantes sintéticos, herbicidas o pesticidas y sostenible, los beneficios aumentarán exponencialmente. “Cuanto más oscuro sea el chocolate, mayor concentración de cacao va a tener. El cacao al 100% aporta muchos beneficios. Es un alimento completo que contiene proteínas, carbohidratos y grasas saludables. Es rico en magnesio, que es importante para la trasmisión de impulsos nerviosos, la formación de huesos y, además, tiene antioxidantes como los flavonoides que ayudan a la presión arterial”, explica Santiago Peralta, fundador de chocolates Pacari y considerado uno de los mejores chocolateros del mundo.
Los antioxidantes que contiene el chocolate negro, como los polifenoles, los flavonoides y las catequinas, ayudan a tener una piel más suave y la protege de los rayos del sol, además de retrasar el envejecimiento celular y prevenir enfermedades cardiovasculares. Su alto contenido en magnesio también fortalece la musculatura, imprescindible para aquellas personas que realizan actividad física regular en verano.
Además de estos beneficios, el chocolate negro también genera sensación de bienestar y mejora el estado de ánimo, ya que estimula la segregación de serotonina, que ayudará a disfrutar más aún si cabe esta época de sol y buen tiempo. Además, gracias a la teobromina que contiene – un alcaloide similar a la cafeína –, estimula el sistema nervioso central y protege la memoria para mantener la mente a tono antes de volver a la rutina.
Pese a la sensibilidad de este producto a las altas temperaturas, existen diversas formas de consumirlo para que sea refrescante y nutritivo, como los postres veraniegos, mousses, helados, los smoothies o las brochetas de fruta de temporada y chocolate, siempre teniendo en cuenta que el chocolate utilizado tenga un alto porcentaje de cacao y sea de calidad. “Para conservar el chocolate en los meses de más calor, basta con guardarlo en un sitio fresco y seco, a temperatura de 10-18 grados. En caso de que haga demasiado calor, se puede meter en la nevera, pero nunca en el congelador, ya que el chocolate se estropea con las temperaturas extremas tanto de frío como de calor”, concluye Peralta.

Nutrientes para tus ojos

Mantener una correcta alimentación, sana y equilibrada, es fundamental para disfrutar de un buen estado de salud general. Pero también lo es para zonas específicas de nuestro cuerpo, tal y como nos explica el Dr. Llovet de Clínica Babiera, y menos para la vista: “Llevar una alimentación equilibrada, seguir hábitos de vida saludable y hacer ejercicio con frecuencia ayuda a prevenir patologías que pueden desencadenar enfermedades oculares. Con frecuencia, la adopción de estos hábitos saludables de vida no los asociamos al cuidado de la visión”, explica el Dr. Llovet.

Y para ayudarnos a mantener una correcta salud ocular y evitar posibles pérdidas o problemas de visión, los expertos de Clínica Baviera detallan los alimentos y nutrientes que debemos priorizar:

  • Vitamina A
    Se pude encontrar en frutas y vegetales como la zanahoria, el brócoli, las espinacas, la calabaza, los pimientos rojos, los tomates, los arándanos, las fresas, así como la leche, el queso y la mantequilla. Se caracteriza por sus propiedades antioxidantes y su capacidad de proteger a las células del organismo de los radicales libres, los principales causantes del envejecimiento prematuro.
    La fatiga visual, la sequedad en los ojos y la ceguera nocturna pueden producirse por un déficit de estas vitaminas. No dudes en incluir frutas y verduras en tu dieta para evitarlo.
  • Vitaminas del grupo B
    Los alimentos que aportan cantidades elevadas de este grupo de vitaminas son la carne, el pescado, el marisco, los huevos, algunos cereales y algunas verduras de hoja verde.
    Este grupo de nutrientes tiene un papel fundamental en la prevención de enfermedades degenerativas de los ojos, así como en la aparición de casos de fotofobia, inflamación ocular y problemas en el correcto funcionamiento de los músculos oculares.
  • Omega-3
    Esta grasa saludable que se encuentra fundamentalmente en pescados azules y frutos secos, se encarga de proteger la salud arterial y es esencial a la hora de evitar procesos inflamatorios. En el caso de los ojos actúa previniendo la DMAE y la sequedad ocular, al mismo tiempo que actúa sobre la retina fortaleciéndola.
  • Selenio
    El selenio es un mineral presente en pescados, mariscos, semillas y frutos secos que favorece el sistema inmunológico y protege de los radicales libres. Su consumo es fundamental para mantener la agudeza visual y prevenir la aparición de cataratas. Al tratarse de un micronutriente la cantidad necesaria es muy pequeña y se hace mucho más eficaz si se combina con Zinc ya que juntos logran incrementar la absorción de vitamina A.

Dieta Mediterránea en tiempos de pandemia

La Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD), ha elegido la Dieta Mediterránea como eje principal del Día Nacional de la Nutrición, celebrado el pasado 28 mayo,  con el lema “Dieta Mediterránea (DM) en tiempos de pandemia, ahora más que nunca”. El motivo es que en tiempos de pandemia, en los que debemos fortalecer nuestro sistema inmunitario, disminuir la inflamación y los factores de riesgo como la obesidad y otras enfermedades degenerativas del adulto, se manifiesta aún más si cabe, como la mejor herramienta individual y colectiva para tener unos estilos de vida saludables. Sus propiedades nutricionales, su contribución a tener un sistema inmunitario y antioxidante robustos, y un mejor control del peso corporal, la convierten en el ejemplo a seguir.

Por eso, “consciente de que los hábitos de vida de la población española parece que se han modificado por la pandemia, hemos querido realizar la encuesta Actitud y Adherencia a la dieta y estilo de vida mediterráneo con el fin de conocer cómo han cambiado nuestras costumbres, y en qué puntos debemos poner el foco para que cada vez sean más próximas a la Dieta Mediterránea”, explica el presidente de la FESNAD y catedrático de nutrición y bromatología Gregorio Varela-Moreiras. Según los resultados de dicha encuesta, tan solo el 30% de la población considera su adhesión a la Dieta Mediterránea como muy buena y, si bien el 40% de los encuestados considera que ha modificado sus hábitos, tan solo el 30% de éstos asegura que ahora sus hábitos son más próximos a la Dieta Mediterránea. También cabe destacar que el 34% de los encuestados afirma haber incrementado su peso desde que comenzó la pandemia.

Parar a comer y hacerlo de una manera tranquila y relajada, cuidando los aspectos sociales,  también es importante en la Dieta Mediterránea.  Sin embargo, un 42% de los encuestados afirma que desayuna de pie o viendo la tele o consultando el móvil o el ordenador, hecho que hace que no se le preste la atención adecuada a esta comida. Cuando hablamos del almuerzo o la cena, aunque los números bajan, todavía hay un 27% y 31% respectivamente que lo hace de pie o viendo alguna pantalla.

En cuanto a las habilidades culinarias, el 19% de los encuestados afirma haber aprendido a cocinar durante la pandemia, el 59% afirma no haber aprendido y el 22% asegura que se defiende mejor.

Y cuando hablamos de adhesión a la Dieta Mediterránea, la encuesta arroja un aumento de consumo de frutos secos, aceitunas, hortalizas y verduras después de la pandemia. También se observa una mayor ingesta de agua, elección de productos integrales o de granos enteros o la limitación de azúcar en las bebidas. Y en lo que respecta al ejercicio diario, el 70% de los encuestados afirma que realizan actividad física diaria, aunque tan solo el 22% practica más de dos horas a la semana de deportes de equipo.

Modelo a seguir
Rosaura Leis, vicepresidenta de la FESNAD y profesora titular de pediatría de la Universidad de Santiago de Compostela y coordinadora de la Unidad de Nutrición Pediátrica del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela comenta que “la Dieta Mediterránea es un estilo de vida, con efectos positivos para la salud a lo largo de todo el ciclo vital. La adherencia a ella en la mujer gestante, durante la lactancia y a lo largo de la niñez y adolescencia va a condicionar un menor riesgo de enfermedad a corto, medio y largo plazo, incrementando la calidad y esperanza de vida en la edad adulta. Y no sólo es un concepto, sino una realidad cultural, social, territorial y medioambiental que hemos heredado a través de las generaciones y que tenemos la obligación de transmitir”.

De hecho, la Dieta Mediterránea está reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, definido como “un conjunto de competencias, conocimientos, prácticas y tradiciones relacionadas con la alimentación humana, que van desde la tierra a la mesa, abarcando los cultivos, las cosechas y la pesca, así como la conservación, transformación y preparación de los alimentos y, en particular el consumo de estos”.

La importancia de la Dieta Mediterránea en 10 puntos

•             Utilizar el aceite de oliva preferiblemente “virgen extra” como principal grasa de adición.

•             Consumir alimentos de origen vegetal en abundancia: frutas, verduras, legumbres y frutos secos. También especias y hierbas aromáticas.

•             El pan y los alimentos procedentes de cereales, pasta y arroz (especialmente sus productos integrales) deberían formar parte de la alimentación diaria.

•             Los alimentos poco procesados, frescos y de temporada son los más adecuados y garantía de una mayor sostenibilidad.

•             Consumir diariamente productos lácteos: principalmente leche y derivados como el yogur y queso.

•             Elegir carnes magras (pavo, pollo, etc.), y la carne roja y las procesadas hamburguesas, embutidos…), se tendrían que consumir con moderación.

•             Consumir pescados y mariscos frecuentemente y huevos.

•             La fruta fresca tendría que ser el postre habitual. Los dulces, pasteles y helados, deberían consumirse ocasionalmente.

•             El agua es la bebida por excelencia en el Mediterráneo.

•             El estilo de vida mediterráneo es tan importante como comer adecuadamente.