Sandra Kogut: “Una buena película puede hacernos ver el mundo de otra manera”

En agosto aterriza en los cines españoles la película Tres veranos, que nos acerca a la realidad brasileña, con una mirada crítica e irónica que promete no dejar indiferente. Precedida de numerosos galardones: Premio de la Crítica y Mejor Interpretación Femenina en el Festival de Málaga, Mejor Montaje en el Habana Film Festival y Mejor Actriz en el Antalya Golden Orange Film Festival y en el Río de Janeiro Film Festival; Tres veranos es una perspectiva diferente del país del carnaval, el fútbol, la samba o las playas. Un Brasil desconocido para el gran público español, pero cuya realidad es más universal de lo que parece a simple vista, tal y como nos cuenta su directora, la también brasileña Sandra Kogut.

Con una dilatada carrera artística que le ha llevado a conocer diferentes países del mundo, Kogut huye de los clichés y busca poner voz a aquellos que pasan desapercibidos. Quizás por eso afirma que muchas personas, de diferentes lugares, identifican la película como si describiera una realidad cercana.

Ahora le toca el turno a España, donde rara vez llegan a la cartelera películas brasileñas. Es el momento de comprobar si la crítica y el humor que se entremezclan en el film consiguen atraer también al público español.

Tres veranos llega a España avalada con diferentes reconocimientos ¿es premonitorio del éxito?
¡Espero que sí! La película se estrenó en varios países muy diferentes, además de haber sido exhibida y premiada en muchos festivales. Al viajar con la película por el mundo he podido ver cómo personas de las culturas más variadas se identifican con ella, reconocen a los personajes, empatizan. En Turquía me dijeron que era una película turca. En Cuba decían que era una película cubana. Creo que cuando los personajes son realmente humanos (y no clichés), los dramas se vuelven universales. Además, los temas que trata la película (diferencias de clase, corrupción) también son universales, muy característicos de la época en la que vivimos.

La crítica parece coincidir en que Tres veranos es una mirada crítica al Brasil actual ¿qué le pasa a la sociedad brasileña?
Tres veranos es un retrato de Brasil justo antes de la llegada de la extrema derecha al poder. La película acaba con la llegada del año 2018, que fue el año en que ganó la extrema derecha. Cuando vemos la película nos damos cuenta de que las señales de lo que estaba por llegar estaban todas ahí, pero nadie lo vio venir. ¿Y qué señales son esas? De una sociedad individualista, donde reina el sálvese quien pueda. Donde solo se piensa en dinero. Un proyecto de país neoliberal donde se perdió lo colectivo, el Estado falló. Donde todos quieren ser jefes.

En la película mostramos en primer plano personajes que generalmente están en planos secundarios o que ni aparecen: los empleados. ¿Qué ocurre cuando los jefes desaparecen y los empleados cogen este lugar?


Desde una perspectiva muy particular, la película expone las diferencias sociales de dos mundos que parecen irreconciliables, ¿no ha cerrado Brasil la brecha entre ricos y pobres?
Brasil es un país donde hay muchísima desigualdad. Y en los últimos años esa brecha no ha hecho más que crecer. Los ricos son más ricos y los pobres más pobres. El gobierno actual favorece eso. Es muy triste.

¿No cree que Brasil vive una polarización social similar en cierta medida a lo mismo que sucede en muchos otros países? Como España, por ejemplo.
Sin lugar a dudas. No sigo muy de cerca lo que está ocurriendo en España, pero me imagino que habrá varios puntos en común. Como ocurre en varios otros países. Los gobiernos de extrema derecha se alimentan de odio, y en Brasil fue así como consiguieron llegar al poder. Apoyados por muchísima desinformación y por el calor de las redes sociales, que se alimentan de indignación, rabia, etc. La historia de Tres veranos es una historia que podría ocurrir en muchos lugares. 


Con Un pasaporte húngaro tocó los problemas burocráticos para conseguir la nacionalidad, algo muy actual con los problemas de los movimientos migratorios tanto en América como en Europa. Y con Mutum y Campo Grande tiene a la infancia como grandes protagonistas, pero los niños más desfavorecidos. Parece que su obra esté marcada por un fuerte componente social ¿Qué busca en su obra cinematográfica?

Creo que el punto en común que comparten todas mis películas es que siempre me intereso por personas que están al margen. Que de alguna forma están fuera de los patrones, fuera de la norma. Ya sea porque son extranjeros, o niños, o viejos, o pobres… Miran al mundo desde un lugar diferente, con una mirada aguda y por eso me interesan y me conmueven. Las cuestiones sociales son importantes, pero no son solamente sociales, sino también existenciales.

¿Cómo le surgió la idea para rodar Tres veranos, cuál fue el embrión de este proyecto?
Brasil estaba viviendo un periodo muy intenso, marcado por muchas crisis políticas y sociales. A través de los medios, todo el país seguía los escándalos de corrupción, los encarcelamientos, como si fuera una telenovela. Se decía que si hasta entonces los brasileños se sabían de memoria los nombres de los 11 jugadores de la selección de fútbol, en ese momento todo el mundo se sabía los nombres de los 11 jueces de la Corte Suprema. Tenía muchas ganas de hablar de hablar de esto. Dejé de lado otro proyecto para hacer Tres veranos. Quería hablar sobre ese momento que estábamos viviendo.

¿Cree que el público apuesta por el cine de fuerte componente social o prefiere el cine de evasión, el que le cuenta historias sólo para entretener y no le haga reflexionar?
Tres veranos es una película que habla de cuestiones serias e importantes, pero al mismo tiempo es divertida. Saca buenas carcajadas. No creo que sea necesario tener que elegir entre una cosa o la otra. El humor es una herramienta muy poderosa para invitar al público a ver una película. Como en la vida real, en la película podemos pasar de reír a llorar de un momento a otro. Y cuando empatizamos y creemos en los personajes, cuando son humanos y no simples clichés, una buena película puede hacernos ver el mundo de otra manera. La risa también es una forma de resistencia.

Tres veranos parece retratar las diferencias sociales con humor e ironía, ¿cree que es la mejor forma de llegar a todos los públicos? ¿Puede el humor hacer calar mejor los mensajes y ayudar a romper barreras sociales, o es sólo una forma mejor de conectar con el público?
Como he dicho, el humor puede ser una herramienta poderosa para incitar al público a ver una película. No hablo de cualquier tipo de humor, más bien de un humor humanista. En la película no nos reímos de los personajes, nos reímos con ellos. O de nosotros mismos. O de nervios. Eso acerca el público a la historia de la película. Es alegre y triste, divertida y melancólica.

Para mí, en este caso, esta fue la mejor manera que encontré para contar esta historia. Pero no hay una fórmula mágica.

La promoción de la película hace hincapié en la participación de Regina Casé, coincidiendo en un momento muy reivindicativo del papel de la mujer en todos los ámbitos, ¿tienen cada vez más relevancia los personajes femeninos en el cine? ¿Cree que ha llegado el momento de un cine protagonizado por mujeres?
Siempre han existido personajes femeninos importantes, pero es más difícil encontrar a una mujer protagonista que sea de la edad y la clase social de Madá (personaje interpretado por Regina Casé en Tres veranos). En general estos personajes son figurantes, están en el fondo del cuadro. En una película convencional la protagonista sería Marta, la jefa, y la historia sería la pareja de jefes. Yo quise invertir estos puntos de vista. La historia que de alguna manera todos conocemos, del sujeto rico y poderoso, con una mujer joven y guapa, envuelto en algún escándalo, es la que ocurre entre los veranos, esos momentos que no vemos. Creo que es importante ofrecer un lugar destacado a estos personajes que generalmente están al margen, y Madá es uno de ellos. Ella me conmueve mucho, es una guerrera, una luchadora. Conozco muchas mujeres como ella en todo el país, que siguen siendo anónimas.

¿Quién o quiénes inspiran su obra? ¿De qué fuentes bebe?
A mí me encanta ir al cine, ver películas, pero cuando hago películas me inspiro siempre de la vida. Me gustan las personas, los dramas humanos. No hago películas que dialogan con otras, aunque está claro que inevitablemente tengo influencias de todas las que vi.

¿Cómo acaba una pionera del videoarte haciendo cine, es una evolución natural de esa naturaleza creativa?
Mi sueño cuando empecé era hacer cine. En aquellos tiempos en Brasil hacer cine era solo para algunos privilegiados. Poca gente tenía acceso a ese mundo. Era necesario conocer gente y había pocas escuelas. Casi de casualidad descubrí el vídeo, que en ese momento era una herramienta todavía reciente, sin mucha historia. Desde el principio supe que yo iba a estar ligada al mundo del sonido y la imagen, y que de cada proyecto surgiría naturalmente una película, un vídeo, una instalación o un libro… Siempre han sido elecciones artísticas más que profesionales. Hoy en día hago cine pero también puedo hacer otras cosas si veo que el proyecto se traduce mejor a través de otro soporte. 

En alguna ocasión ha comentado que la gente en Brasil vive bajo la permanente sensación de cambio, que falta arraigo social por ese motivo. ¿Acaso no estamos siempre viviendo en permanente movimiento? ¿No están las sociedades en permanente cambio?
Sin duda. Vivimos en tiempos de grandes cambios, cada vez más rápidos. En Brasil todo puede cambiar de un momento a otro, por eso estamos acostumbrados a vivir sin tener estabilidad y sin prever. Cuando viví en Europa me impresionaba que los cambios fueran más lentos, porque todo era más sólido. Veo lados buenos y malos en los dos casos.

La salud suele estar conectada al progreso social en sentido amplio. Las sociedades con cierto estándar de salud personal coinciden con un estándar de desarrollo. ¿Cómo es esa relación actualmente en Brasil? ¿Es la salud pública un problema social?
En Brasil tenemos el SUS, uno de los mayores sistema de salud pública del mundo. Hace tiempo que los gobiernos de derecha y de extrema derecha intentan atacarlo, pero sigue siendo patrimonio del país. Sin el SUS habría sido mucho más difícil atravesar la pandemia, por ejemplo. No creo que pueda existir democracia sin bienestar social.

Y a título personal, ¿se cuida, lleva un estilo de vida saludable?
Sí, dentro de mis posibilidades. Como mucha verdura, frutas, hago yoga. Intento tener un mínimo de equilibro pero, ¡no siempre lo consigo!

Volviendo al cine, el brasileño no es muy conocido en España, ¿goza de buena “salud”?
El cine brasileño ha sido muy productivo en los últimos 20 años, gracias a políticas públicas de apoyo a las artes y la cultura. Hace dos años que estamos perdiendo esto. El cine está paralizado. Para este gobierno el arte solo interesa como medio de propaganda. Es un momento muy difícil, pero sobreviviremos a ello.

¿Qué nuevos proyectos le esperan?
Cuando empecé a viajar con Tres veranos mucha gente me dijo: “¡yo quiero más veranos, inviernos, otoños! Quiero saber qué pasó con ellos después.” Fue entonces cuando me di cuenta de la buena mirada que estos personajes recibían del mundo y de Brasil.

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