A partir de los 50 se acelera la pérdida de masa muscular

Con el avance de la edad se produce una pérdida gradual de masa muscular, fuerza y funcionalidad. El máximo de nuestra capacidad muscular se produce hacia los 30 años y a partir de ese momento, va disminuyendo progresivamente. Es a la edad de los 40-50 años donde comienza a acelerarse esta pérdida y se calcula que a los 65 años puede llegar a afectar aproximadamente al 70,7% de los hombres y al 41,9% de las mujeres. Este proceso continúa y se observa un declive constante, sobre todo cuando nos acercamos a edades mayores como son los 80 años, donde se produce hasta el 35-40% de pérdida de la masa muscular total y el 20-40% de la fuerza.

Este proceso de pérdida de masa muscular y funcionalidad se agrava en personas mayores debido a situaciones de inactividad, una alimentación inadecuada o la pérdida de apetito. La masa muscular está directamente relacionada con la movilidad y el equilibrio, así que puede ser un factor de riego de caídas o fracturas. Por tanto, para lograr un envejecimiento saludable y activo es esencial cuidar el estado de los músculos.

Para mantener la función muscular es recomendable la realización de ejercicio de manera regular y una alimentación saludable con un adecuado aporte de proteínas. Sin embargo, en casos de inactividad, como por ejemplo reposo en cama a causa de alguna convalecencia, se puede acelerar esta pérdida de masa muscular.

Por otro lado, una alimentación inadecuada y la pérdida del apetito también pueden ser factores que favorezcan una disminución de la función muscular. Además, especialmente en el caso de los adultos mayores, el consumo de alimentos fuente de proteínas suele disminuir debido a que pueden sufrir inapetencia, o problemas de masticación y no llegan a cubrir las necesidades diarias de este nutriente. Según publicaciones recientes, los datos existentes muestran que las personas de edad avanzada no consumen suficientes alimentos de origen proteico y cerca del 92% tiene niveles bajos de vitamina D.

En estos casos, la toma de un complemento alimenticio puede ser de utilidad para asegurar la ingesta de proteínas cuando no se alcanzan los niveles adecuados a través de la alimentación o en aquellas situaciones que requieren un aporte extra.

Situaciones como la pérdida de masa y debilidad musculares, procesos de recuperación o convalecencia, pérdida de apetito, pérdida de peso involuntaria o la baja ingesta de alimentos proteicos a través de la alimentación tradicional suelen requerir de un aporte nutricional extra de proteínas.

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