“Al echar la vista atrás, me siento satisfecho con mis logros y fracasos”

Entrevistamos al polifacético Boris Izaguirre

Venezolano de nacimiento, el escritor y presentador de televisión Boris Izaguirre alcanzó gran popularidad como presentador y colaborador en la televisión española gracias a programas como Crónicas marcianas, La tribu, Channel Número Cuatro, ¡Mira quién baila!, Prodigios y muchos otros. Como guionista, ha pertenecido al equipo creador de culebrones como Rubí, Señora y La dama de rosa, así como de exitosos programas de la televisión española. Publica desde el 2011 una columna en El País titulada La Paradoja el estilo. Y ha colaborado como columnista para Harper´s Bazaar, Vanity Fair España, Vogue, ¡Hola!, El País Semanal, Fotogramas o Marie Claire.

Además, es autor de una docena de obras que logran diseccionar con éxito la sociedad, la cultura y la época en que se desarrollan. Prueba de ese trabajo bien hecho es su novela Villa Diamante, que consiguió ser finalista del Premio Planeta en 2007. Su última novela, Tiempo de Tormentas, la publicó Planeta en 2018.

¿Con qué adjetivos te definirías?
Con que abuso de ellos. Mi padre siempre me lo recuerda, que un día regresé del colegio y nos habían enseñado el adjetivo y le dije: Papá, adoro el adjetivo. Y la verdad, sigo adorándolo. No me conformo con dos o tres por oración. Siempre quiero poner al menos tres o cinco. Seis, siete. Una oración entera de adjetivos.

¿Por qué dejaste tu país de origen para emprender otra nueva vida en España? ¿Qué recuerdas del espíritu de ese niño venezolano que dejaste allí? ¿Cuál es tu mejor recuerdo de entonces?
En 1991 estaba en Argentina, en Buenos Aires, escribiendo una telenovela para Raúl Lecouna, un importante productor de telenovelas en ese país. Y él me presentó a otros productores que buscaban un escritor para un proyecto para la Televisión de Galicia en España. A principios de 1992, volvieron a contactarme y me ofrecieron viajar a Santiago de Compostela en marzo de ese año. Tomé el avión y aterricé en Santiago un domingo de lluvia. Pasaron semanas, lloviendo y escribiendo. Y en junio, todavía lloviendo, conocí a Rubén Nogueira, mi marido. Y así me quedé. No tengo especiales recuerdos de “ese niño venezolano que dejé allí”. En verdad, nunca quise ser niño, estaba muy interesado en ser adulto cuanto antes, me parecía una vida muchísimo más interesante y arriesgada que la de ser niño. Y tampoco me encontré jamás a gusto en Caracas. Me parecía, me sigue pareciendo, una ciudad encerrada en sí misma, provinciana, pequeña. Sin embargo, mi mejor recuerdo de esa niñez son mis padres, la casa que construyeron para nosotros, sus hijos y todas las cosas maravillosas que nos enseñaron a disfrutar.

¿Y el peor?
La homofobia y el machismo.

¿Qué es lo que más te gusta de España y de su cultura de valores? ¿Y lo que menos?
Nunca sé que responder a esta pregunta. En mi opinión, España y yo nos hemos entendido a las mil maravillas. Nos encanta el sentido del humor. Y lo entendemos como una señal de inteligencia. Es cierto que es machista, que ha sido homófoba, pero en los últimos años, desde que vivo aquí, he visto avanzar a su sociedad leguas y leguas de prosperidad y desarrollo, en ese sentido y en muchos otros. Así que yo a España la veo siempre a más. Jamás a menos.

Periodista, presentador de televisión, showman, guionista, escritor… ¿Qué tiempo te queda para ti, tu familia y amigos?
Yo prefiero simplificar todas esas disciplinas que me infiere en una sola: escritor. Escribir me ha permitido expresarme, encontrarme, definirme, adaptarme, mejorarme y perfilarme. No sería el mismo tipo de presentador ni de guionista, ni muchísimo menos de columnista, si no le dedicara todo mi pensamiento a escribir. Y el tiempo libre, que lo tengo y lo divido bastante bien y tengo mis prioridades. Rubén es el más importante siempre, nuestra casa y nuestros amigos. Y en ese sentido, el teléfono ha sido siempre un gran aliado.

¿Fue la televisión la que eligió a Boris Izaguirre o fue Boris el que eligió a la televisión?
Es una buena pregunta. En mi entorno más íntimo, familiares y amigos, que yo decidiera escribir telenovelas fue muy polémico. Pero José Ignacio Cabrujas, quien me hizo esa primera oferta decisiva de acompañarle en su equipo de La Dama de Rosa, me dio la clave: “Voy a enseñarte un oficio con el que podrás vivir en cualquier parte del mundo y escribir lo que quieras”. Y eso me conquistó. Luego vino el contrato, que me pagaban por escribir. Volví a decirle a mi padre una frase reveladora: papá, voy a ganar dinero escribiendo y me podré comprar todo lo que quiera. Con los años, entendí otra cosa: la televisión y yo nos elegimos. Yo le venía bien porque era un hijo de intelectuales, que generalmente denuestan a la televisión. Y luego, la televisión me convirtió en un nuevo tipo de intelectual, un hombre que utiliza su pantalla y su exposición para comunicar varios mensajes. Ha sido una relación extraordinaria.

Comenzaste en televisión hace más de dos décadas con Crónicas marcianas. ¿Cómo era el Boris de entonces y qué queda de él en el Boris de hoy en día tan experimentado?
Amor, amor por el medio. Y por el mensaje y la disciplina. La televisión me ha dado mucha disciplina, algo que jamás he tenido de forma natural. Todos los días, cualquiera que sea el programa, pienso mucho en lo que he aprendido. Y entonces, aprendo algo más.

En la actualidad, vives un gran momento profesional dentro del mundo de la televisión con el programa que presentas, Lazos de sangre, en La 1 de TVE. Háblanos de esta experiencia.
Digamos que yo me he subido a tres grandes trenes. El primero fue la telenovela venezolana de los ochenta-noventa, que tuvo un éxito internacional y del que yo formé parte como guionista. El segundo, Crónicas marcianas, un programa que cambio la forma de hacer televisión, entretenimiento e información en España. Y los terceros, MasterChef Celebrity, Prodigios y Lazos de Sangre, tres programas diferentes, pero con mucho deseo de darle un giro al entretenimiento y la información. Y esta vez, en la televisión pública, que es algo que me llama mucho la atención.

¿Has buceado siempre en el éxito, pero ha habido también lugar para el fracaso? ¿Cómo lo has encajado en este caso?
No todo lo bien que habría deseado. En alguna ocasión, el fracaso sirvió para empujarme hacia más éxitos. Pero otras veces me noqueó. Habría preferido tener más fuerza para que no me noqueara. Quizá en otra vida. Pero al final, una vida toda de éxitos, estoy convencido, es agotadora. Al echar la vista atrás, me siento satisfecho con mis logros y fracasos

Quedaste finalista de la 56 edición del Premio Planeta con la novela Villa Diamante, una trilogía centrada en tu país de origen que se inició con el Vuelo de los avestruces y Azul petróleo. Háblanos de esta trilogía y por qué surgió llevar esta historia al papel.
Bueno, es verdad que es una trilogía, pero no ha sido escrita como tal. Es decir, no ha sido cronológica. Entre un título y otro puede haber hasta casi veinte años. Son mis novelas sobre Venezuela, un país que para mí envuelve demasiadas cosas. Tristes, próximas, demasiado reales, demasiado vitales y de las que no conseguiré nunca liberarme, pero al menos sí me han permitido expresarme a través de esas tres novelas. Ser finalista del Planeta con Villa Diamante fue un paso de gigante en mi escritura. A partir de esa novela, y de ese premio, empecé a escribir lo que realmente quería escribir, novelas muy personales, con un estilo muy propio sobre eventos históricos que, a mi modo de ver, son importantes en la historia de América Latina.

¿Qué acogida han tenido tus novelas entre el público?
Magnífica. Y también mis dos ensayos: Morir de Glamour y El Armario Secreto de Hitchcock. Villa Diamante es una novela en permanente reedición. Y Un Jardín al Norte y Tiempo de Tormentas son las que más firmo cuando acudía a la Feria del Libro y a Sant Jordi.

¿Qué es lo más importante que has aprendido del amor?
Continuar. No parar jamás. Es como ese verso en Romeo y Julieta, cuanto más amor conozco, más amor quiero y solo puedo decir amor, amor, amor…

¿En qué medida crees que has podido ayudar con tu ejemplo de vida a la normalización gay en este país?
Oh, no lo puedo medir. Jamás me he planteado ser ejemplo de nada. Pero, es cierto que el tiempo te lo va, digamos, como poniendo en su sitio. Todos los días, un joven de entre treinta y cuarenta años me para por la calle y me da las gracias. “Porque hiciste que mis padres no se metieran conmigo ni me obligaran a ser lo que no soy”. Me lo dicen, de verdad, con muchísima frecuencia. Y siempre me emociono. Y felicito a los padres, por supuesto.

Te hemos visto participando en MasterChef Celebrity y llegar hasta las semifinales. ¿Cómo es tu relación con la cocina en tu vida real?
Rubén dice que yo solo sé cocinar si hay cámaras delante y estoy en MasterChef. No es verdad, cocino mucho en casa, pero solo lo que él me deja, que los llamamos mis clásicos: quiche Boris, que es una quiche Lorraine de toda la vida, pero con mi masa especial de espelta. Un guiso de pollo. Otro de carne, ambos con un sofrito y una salsa impresionantes. Y mi pastel de polvorosa, un plato venezolano que sale en todas mis novelas porque era el favorito de Simón Bolívar. Claro que sé hacer muchas otras cosas. Aprendí muchísimo en mis dos pasos por MasterChef. Pero lo que más aprendí es a ser una celebrity, que tampoco es fácil.

Te vimos también recientemente con la popular influencer y finalista de MasterChef 5, Miri Pérez-Cabrero, presentando un libro recetario para enseñar a los españoles la receta del bienestar, ¿qué podrías destacar de esta publicación?
Que el bienestar es lo más importante en esta sociedad tan enferma y contaminada en la que estamos todos sobreviviendo. Es muy importante adaptar tu dieta a las necesidades actuales. Tiene que ser más verde, mucho más concienciada, mucho más centrada en alimentos que te aportan oxígeno, información buena… para mí estas son piezas claves del bienestar. Y admiro mucho a Miri, me parece una persona de su tiempo, que está haciendo esfuerzos positivos para entender y guiarnos en lo que comemos.

¿Cómo cuidas tu alimentación?
Un ejemplo de cómo cuidar y cómo cuido mí alimentación son las recetas cardiosaludables del recetario que acabo de lanzar junto a Nueces de California y la Fundación Española del Corazón. Además, en mí día a día intento prescindir de la carne y aproximarme al pescado. Rubén come mucho pescado y lo cocina muy bien. Mis padres se hicieron macrobióticos cuando yo tenía seis años, así que he vivido con mucha familiaridad estilos de alimentación como ese y procuro aplicarlos en mi dieta diaria. Pero también creo que tenemos que desahogarnos un día al mes. Viene bien. Pero para eso hay que tener mucho (se ríe) control. Y también me encantan platos que no siempre son bien vistos, y creo que son muy sanos, como el cocido, por ejemplo. Un buen cocido, con moderación en su ingesta, en mi opinión es un magnifico alimento. Y creo muchísimo en los frutos secos. No me gustan todos, pero si me gustan las nueces, un alimento que, desde siempre, se ha relacionado con un óptimo funcionamiento cerebral.

¿Qué tipo de ejercicios haces para mantener su salud física y/o mental en forma?
Nadar. Es el único deporte que hago bien. Entreno dos veces por semana con Naiara en la piscina del Canoe en Madrid y he recuperado no solo mi estilo sino mejor postura, mejor andar, mejor cabeza. Otro día a la semana entreno en el gimnasio con Alfredo; desde hace casi veinte años. Es muy exigente, casi no hablamos y trabaja mi poca flexibilidad como nadie. .

¿Y cuándo te cuidas el alma?
 (Se ríe) Cuando la pido prestada a quien se la vendí hace muchos, muchos años.

¿Cuándo te miras en el espejo qué ves, qué te gusta y qué no?
La verdad, procuro verme poco en el espejo. No me gusta demasiado. Sí me miro en el del ascensor, para ver si puedo corregir algo, y generalmente es tarde. Quizás por eso nunca he estado en la lista de los mejor vestidos. 

¿Qué proyectos tienes a medio largo plazo?
Terminar esta entrevista. Llevo muchos años dejándome llevar y es esencial para ese fluir jamás hablar de proyectos.

Acerca de Marisa Sardina 263 Articles
Redactora y Responsable de cierre de edición de Vive Saludable.

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