Un estudio apunta a la neuroestimulación del dermatoma T6 y a la toma de probióticos específicos como herramientas eficaces contra la obesidad

Un estudio piloto de La Clínica Garcilaso de Madrid desarrolló un estudio con un grupo de 20 adultos obesos a los que se les administró durante 10 semanas Adomelle, un probiótico de IV Generación con capacidad de regenerar la microbiota de estos pacientes. Según sus resultados, la ingesta de estas cepas probióticas específicas asociada a una dieta hipocalórica y a la neuroestimulación del dermatoma T6 pueden reducir el peso, la glucemia y la dislipidemia en personas con obesidad de grado I.

Las cifras oficiales llevan años advirtiéndolo. La obesidad es una pandemia mundial que, en nuestro país, según los datos del 2017 de la OCDE, afecta ya a cerca del 17% de la población adulta. Ante esta situación, la comunidad médica y científica continúa su carrera investigadora con el fin de afinar al máximo las dianas terapéuticas disponibles para ayudar a los pacientes.
Los investigadores madrileños Drs. Óscar Lorenzo, de la Fundación Jiménez Díaz-Universidad Autónoma de Madrid, y Jaime Ruiz-Tovar, de la Clínica Garcilaso, acaban de publicar en la International Journal of Environmental Research and Public Health un estudio piloto con 20 pacientes (14 mujeres y 6 hombres con una edad media de 45 años), que durante 10 semanas fueron tratados con una terapia que combinaba la toma de un probiótico humano de IV Generación, formulado con cepas específicas, y la neuroestimulación del dermatoma T6.
La premisa de la que parte la investigación de Lorenzo y Ruiz-Tovar es una realidad científica ya evidenciada: que la patogenia de la obesidad está relacionada con la alteración de la microbiota de los pacientes, es decir, de la composición de sus microorganismos intestinales. De hecho, la obesidad se ha relacionado con una serie de cambios sustanciales en la composición de la microbiota, afectando a las funciones a nivel metabólico que las bacterias realizan cuando están en equilibrio y generando lo que se ha denominado “microbiota obesa”, que no es más que la caracterizada por una disminución de algunas bacterias beneficiosas (como las familia de Bacteroidetes), frente a una presencia elevada de bacterias patógenas (como las de la familia Firmicutes). Además de estas, otras familias y especies bacterianas juegan un papel importante en el equilibrio microbiano en el tracto intestinal.
En este contexto, algunos probióticos humanos de IV Generación, formulados con cepas probióticas específicas, han demostrado que pueden balancear la composición bacteriana de la microbiota, lo que puede ayudar a reducir el peso y a mejorar la situación metabólica y cardiovascular de los pacientes.
Por su parte, la neuroestimulación del dermatoma T6 permite estimular la pared gástrica del paciente, consiguiendo ralentizar el vaciado del estómago y aumentar la sensación de saciedad. Sin embargo, dado que la pérdida de peso en los pacientes es moderada, los investigadores consideraron que podía ser de utilidad intervenir en la composición y distribución de su microbiota intestinal.

Conclusiones del equipo médico
En las conclusiones del estudio, los investigadores defienden, en base a los resultados obtenidos, que “el suministro de Lactobacillus plantarum LP115, Bifidobacterium breve B3 y Lactobacillus acidophilus LA14”, cepas contenidas en el probiótico Adomelle, “promovieron una influencia positiva en las bacterias antiobesogénicas, incrementando la microbiota muconutritiva e inmunomoduladora”.
Así, el estudio concluye que la combinación de estas tres herramientas terapéuticas de manera contemporánea: la neuroestimulación del dermatoma T6, la administración de Adomelle y una dieta hipocalórica, puede promover efectos contra la obesidad y todas sus comorbilidades asociadas (como las enfermedades cardiovasculares).

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