7 de junio

El gran notición de hoy ha sido el anuncio de las condiciones de la nueva realidad que nos ha explicado el presidente en persona. En un discurso bastante soso y monótono, con toda la solemnidad que le ha sido posible a Sánchez mientras soltaba una diatriba propagandística en su mayor parte, nos anuncia que, con el fin próximo del estado de alarma y la entrada de la nueva normalidad, hay normas que tendremos que cumplir. En realidad no detalló las normas, fundamentalmente lo que vino a decir es que las habrá o tendrán que ponerlas según las circunstancias. La única que si nos adelantó es el uso de las mascarillas, que al igual que ahora, será de obligado cumplimiento en todos los lugares públicos y aquellos donde no se pueda guardar la distancia interpersonal, cuando estemos junto a personas que no son de nuestra unidad familiar.

Lo cierto es que al anuncio sobre las mascarillas no sorprende, era de esperar, a pesar de todas los mensajes contrarios al respecto durante la pandemia. Al final se cumplió aquello que decían muchos críticos de que el Gobierno no recomendaba aquello que no había, pero que cambiaba de opinión en cuanto la oferta estaba garantizada. Ese es el caso ahora de las mascarillas, que podemos encontrarlas por todas partes y ya con precios más que razonables. De hecho, incluso algunas más baratas que antes, como las de filtrado FFP1. Estas son las típicas que usamos todos los que tenemos rinitis alérgica por estas fechas. Pero hasta las de mayor capacidad de filtrado, las 2 y 3, también se encuentran en multitud de establecimientos y bastante asequibles. Y por mucho que no recomienden el uso de estas mascarillas, que quieren que os diga, son las que realmente me protegen a mí.

Las autoridades piden que se usen mascarillas, incluso la OMS ahora también pide que se utilicen de forma generalizada. Qué cosas ¿no? Hace apenas unas semanas todavía afirmaba al OMS que estas se dejaran solo para el personal que lo necesitase o en determinadas circunstancias. Cambio de criterio ante alguna evidencia científica, por las circunstancias o porque han llegado tarde una vez más. En el fondo no importa, porque ahora sí las recomiendan si queremos conseguir hacer una vida, más o menos, normal. Y mire usted por donde, por mucho que todo el mundo ahora diga que hay que utilizar mascarillas, siempre te cruzas con gente que pasa. Los que creen que las normas no van con ellos o que llevan la insolidaridad marcada a fuego. Porque lo de las mascarillas no es para protegerse uno, sino para proteger a los demás. De ahí que la mascarillas recomendadas sean las sanitarias o quirúrgicas. Pero como hay irresponsables que pasan, y no son pocos, pues toca tomar medidas. Por mi parte, utilizar las que también me protegen a mí. Pero realmente quien debería esforzarse porque la gente cumpla es la Administración. En esta línea Sánchez también anunció multas para los pasotas, pero lo que realmente hace falta es conciencia cívica. Mucha conciencia, que se tendría que fomentar haciendo entender a la gente la necesidad real de usar mascarillas cuando nos juntemos unos con otros, así como el peligro que representa la enfermedad. Por ejemplo, informando de la secuelas que deja. Pero nada de esto se hizo y ahora vete a convencer a los descreídos.

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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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