5 de junio

A partir del lunes ya no habrá nadie que no esté en fase 2 o 3. Cada vez más cerca del final, porque este proceso de desescalada avanza a ritmo de Fórmula 1. Va casi tan rápido como el crecimiento de las demandas en los juzgados. Y es que este es uno de los temas del día, aunque no sea el más destacado, me parece de los más importantes. Como me comentó un amigo por las fechas más duras de la pandemia, y que seguro habré mencionado en estas páginas, después de colapsar el sistema sanitario colapsaremos el sistema judicial. Estamos en ello a toda máquina, porque según el informativo del mediodía de Antena 3, ya van por 62 las demandas recibidas entre el Supremo y la Audiencia Nacional contra diferentes miembros del Gobierno nacional y de Comunidades Autónomas. Aquí no se salva nadie, ya que las meteduras de pata, negligencias y chapuzas afloraron por todas partes. A esto habría que sumar las demandas que se están presentando en juzgados ordinarios, de las que según el citado informativo todavía no hay cifras. El Consejo General del Poder Judicial estará temblando con el curro que se les viene encima.

Otra cuestión interesante es el estudio de seroprevalencia. Ayer ya comenté la presentación de la segunda ola de este estudio, que viene a ratificar lo desvelado en la primera ola, y la resaca informativa continua. Se desgranan los resultados como si se fuera a descubrir alguna noticia de impacto, pero lo cierto es que poco han sacado los expertos del mismo. Es más, realmente el foco informativo debería estar en las  críticas a la gestión de la pandemia que están creciendo como setas a nivel internacional a cuenta de las cuentas, valga la redundancia. Porque lo de las estadísticas sigue sin resolverse a día de hoy, y el triunfalismo del presidente ante la inminente llegada de la nueva normalidad no solo recibe palos en casa, también fuera, tal y como recoge un artículo publicado hoy en El Español. Y lo de los palos en el fondo es lo de menos, lo grave para mí es mostrar un triunfalismo indecente con la que nos está cayendo. Ni que hubiéramos salido de la pandemia sin víctimas. Independientemente de cualquier consideración política que se quiera hacer, lo que está claro es que no se puede salir uno como si hubiéramos ganado algo. Porque no hemos ganado nada, hemos perdido todos. Como mucho, satisfacción por dejar atrás la pesadilla. Eso cuando salgamos.

Porque en el fondo no hemos salido. Nadie la ha dado por terminada, ni aquí ni en ninguna parte. En el panorama internacional, por mucha desescalada que haya, las cosas no son como para tirar cohetes. Tenemos a Estados Unidos, Reino Unido y Brasil con cifras desbocadas. Y si miramos al continente africano, bueno, lo peor no es lo que sabemos, que es poco, sino precisamente que apenas sabemos nada. Es más, parece que a los occidentales ni nos importe lo que ocurra por esos lares. Mientras no nos llegue, que les den. Lo malo es que esto del Covid-19 llega. Que parece que no hemos aprendido nada.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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