4 de junio

La actualidad informativa se sigue centrando en la política y esta entrada en la nueva realidad, cada vez se va pareciendo más a la antigua realidad. Al menos en lo que a la pugna política se refiere. En cualquier caso, si dejamos política a un lado, lo más llamativo de esta pandemia lo tenemos hoy en los resultados de la segunda oleada del estudio nacional de seroprevalencia. Y eso que no arroja ninguna novedad respecto a la primera oleada. Más de lo mismo: solo un 5% de los españoles se han inmunizado, porque, entre otras cosas, la epidemia parece que contagió a menos gente de lo que pensábamos. Otra opción a la que apuntan algunos expertos es que, a pesar de la capacidad de propagación, la enfermedad no ha generado suficientes anticuerpos en los infectados. Un problemón vamos, porque a falta de vacunas y tratamientos eficaces sólo nos quedan las medidas preventivas si queremos retornar a nuestras vidas. A esa nueva realidad que dicen.

Y con esta información, todavía se felicitaban en algunos medios del éxito conseguido por el confinamiento. Maravilloso, un país en crisis social y económica, para felicitarnos. Una cosa es que no nos hayan quedado más narices que atajar a lo bestia la pandemia, y otra bien distinta felicitarnos por ello. Porque este buenismo que desprenden algunos es como para recordarles que no ha sido ningún éxito. No ha sido ninguna estrategia maravillosa, más bien ni siquiera ha sido una estrategia, ni una medida sesuda en la terrible lucha esta. Fue una decisión desesperada, porque no nos quedaba otra. Porque el confinamiento es tan acertado como prohibir la circulación de vehículos para evitar los accidentes de tráfico. Pues claro que los evitas, pero nadie en su sano juicio diría que es una medida exitosa ni se alegraría por ello, sobre todo por las pésimas consecuencias que podría tener la cosa en muchas actividades. Lo mismo con el Covid-19. Se tuvo que hacer ante la falta de una alternativa viable. No había nadie en el mundo que supiera como parar la escalada, así que hubo que tirar por la más dura. Afortunadamente, tras parar el primer golpe, el más duro, ahora al menos hay una estrategia. Básicamente se trata de convivir con el virus hasta que la ciencia encuentre un remedio.

Tampoco es que la estrategia esté muy clara. Porque cuando nos metemos en los detalles, aparecen dudas por todas partes. Desde si tendremos movilidad total con turistas y todo en verano, hasta si los test masivos que hacen algunos ayuntamientos son de utilidad, o hacen más mal que bien.

Pero lo mejor de todo: los datos. Todavía seguimos sin saber si son buenos o no, porque menudo lío tiene montado el Simón. Hoy le han salido críticos desde el lado de la ciencia. Los tenía de antes, pero se cortaban un poco, pero es que ya la cosa huele. De ahí que se hayan hecho eco del follón hasta medios extranjeros. Veremos como acaba el culebrón, si es que algún día consiguen aclararse con las cifras.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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