3 de junio

Última renovación del estado de alarma. Si a la legalidad vigente nos atenemos, ya se ve la luz al final del túnel. Aunque entre medias ha sido triste escuchar el debate parlamentario. Una vez más, tras alegar que ha sido y es una medida imprescindible para la lucha contra la pandemia, nada se debate realmente sobre el tema de fondo. Incluso algunos tildan al estado de alarma de la mejor medida sanitaria; craso error, pues no deja de ser una herramienta legal con la que amparar la toma de las medidas recomendadas por los expertos sanitarios. Pero no hay que confundir las cosas. El estado de alarma es un tema legal, y las medidas sanitarias han estado ausentes en el debate. Hemos podido escuchar de todo, críticas fundamentalmente, pero sobre la lucha contra la pandemia, nada. Esa parece que se haya acabado.

Lo malo es que no. La perspectiva legal de las cosas puede ser muy útil para el ánimo si se quiere, pero lo que realmente importa en esta coyuntura es la realidad sanitaria. Y ahí tenemos un problema serio, porque con el lío de los datos a saber cómo interpretar el tema. Por una parte, tenemos el follón con la cifra de fallecidos: entre los 27.000 con la que cierra la pandemia el Gobierno de forma oficial y los 44.000 que arroja al INE, hay una gran diferencia. Es cierto que muchos alegan que esos del INE no serán todos del Covid-19. Probablemente no, pero también lo es que si se superpone una línea gráfica de lo sucedido en 2019 y otra de 2020 para el mismo período, vemos que el aumento de fallecimientos que delata el INE se produce precisamente durante los dos meses duros de pandemia. El resto de la línea en este año es simétrica a la de 2019. La comparativa estadística, con gráfica incluida, no es prueba absoluta para determinar que todos los fallecidos son por la pandemia, pero sí es significativa la anomalía estadística. Suficientemente llamativa como para poner en duda la veracidad de la cifra oficial de 27.000.

Aun con todo, el otro dato que también trae de cabeza son los nuevos contagios. Y este es muy importante ahora, porque para guiarnos de cómo vamos en la desescalada, el dato significativo no puede ser la cifra de fallecidos. Por supuesto no quita que sea el dato más importante de la pandemia, pero cuando ha pasado lo peor, no es útil como guía. A mi entender, los datos relevantes son los de contagios, ahora que según el Gobierno se está haciendo un seguimiento exhaustivo y bastante certero, así como de hospitalizados. Lo de nuevos contagios es un poco de coña, porque no es de recibo que las Comunidades Autónomas den unas cifras y el Gobierno otras. En cambio, los datos oficiales de hospitalizados también son buenos y las organizaciones sanitarias no discrepan de ellos. Incluso muchos centros hospitalarios han estado celebrando estos días las salidas de los últimos pacientes con coronavirus. Por tanto, podemos estar más o menos tranquilos. Sólo hay que preocuparse de los rebrotes ante la desescalada y la falta de conciencia de algunos ciudadanos que acaban provocando nuevos focos de contagio. Pero lo dicho, de momento, parece que todo controlado.

¿Será que esto se acaba? Esperemos.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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