30 de mayo

Como si hubieran escuchado mis pensamientos. Tras varios días comentando someramente que se pasa de puntillas sobre los rebrotes en el panorama informativo, hoy los medios se han quedado a gusto. En Antena 3, al medio día, por ejemplo, han recopilado todos los de esta semana y la verdad, asusta. Es tan fácil el contagio, como que alguien en una comida de amigos te pase el salero. Así es la cosa. Ese puñetero salero ha sido el culpable de que ahora varias personas de ese grupo hayan dado positivo por coronavirus. En TVE han hecho lo propio también, recordando que los rebrotes son cada vez más numerosos, a medida que avanzamos en la desescalada, y que se producen en la concentración de grupos de personas. Casi siempre, según el informativo de esa cadena, en reuniones de amigos. Todos los medios igual, ahora mismo El Confidencial nos alerta del último rebrote descubierto hoy, una residencia de mayores en Gijón.

Estoy convencido de que la actual coyuntura solo busca recuperar la normalidad, sobre todo para paliar la crisis económica en la que nos estamos sumergiendo, pero las cosas están yendo demasiado rápido. Por un lado, todos seguimos progresando en la desescalada y anunciando medidas suavizadoras del confinamiento cada dos por tres. Hoy, más medidas que afectan a las provincias que están en la primera fase, como Madrid. Al tiempo que las primeras islas, las aventajadas de esta pandemia, se adelantan a la fase tres, el preámbulo a la denominada nueva normalidad. Pero habría que inculcar más cordura en todo este proceso. El Gobierno parece muy confiando en nuestras capacidades, especialmente porque detectamos los rebrotes, identificamos a los potenciales infectados y las autoridades locales actúan. Esto debería tranquilizarnos a todos, pero lo cierto es que a mí no. Después de lo vivido: la experiencia de un Gobierno, tanto nacional como autonómico, al que les cogió por sorpresa todo esto, reaccionando tarde y sin aprovisionar los recursos adecuados para combatirla, pues no me hace sentir que estamos en las mejores manos. Además, la Administración, en general, no solo la sanitaria, se colapsó, por muchos porcentajes que pongan sobre la mesa al hablar del tema; en Madrid o Cataluña, por ejemplo, se vivió un colapso. No total, pero sí lo suficientemente grave como para acojonar a cualquiera que tenga dos dedos de frente.

Pero he de reconocer que la gente no siente ese temor. O al menos en la calle no lo parece. Con la gente que hablo, pocos son los que sí aprecien los riesgos, porque la mayoría prefieren pasar página o el hastío de la situación les lleva a menospreciarlos. Y reflexionando sobre el tema, gran parte de la culpa se la podemos achacar a los propios medios de comunicación. Porque de cualquier guerra o, incluso, otro tipo de tragedias, como hambrunas, desastres naturales, etc. hemos podido hasta saborear el drama humano. Siempre nos hemos podido hartar de estas cosas desagradables, ya que las cadenas de televisión no han escatimado recursos para ofrecernos hasta el más mínimo detalle de todo lo malo que ha acontecido en el mundo. Hemos visto de todo. Ahora mismo se me vienen a la cabeza las imágenes de los niños de Biafra. Fue hace mucho, pero me parece un símbolo de lo que siempre han hecho los medios generalistas explotando las desgracias del mundo, informativamente hablando. Pero ahora, que la desgracia la tenemos en casa, con el mayor drama desde la Guerra Civil, apenas hemos visto nada. Miles de muertos, muchos comentarios, muchos cabreos de la ciudadanía, pero ni fallecidos, ni ataúdes de ni nada de nada. Hemos pasado por la muerte casi de puntillas, como obviando el dolor que esto ha supuesto. Y creo que esa sobreprotección de los medios la vamos a pagar con la falta de conciencia del peligro que supone el Covid-19.

Solo toca apelar a la cordura y al sentido común, pero yo mejor tomo todas las precauciones posibles. Aunque no estoy en los grupos de riesgo, no me apetece lo más mínimo pasar por la experiencia ni tentar la suerte.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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