29 de mayo

En medio de la locura con las cifras que arroja la pandemia en nuestro país, la desescalada continúa y, al igual que comentaba ayer, cada vez más rápido. El lunes media España cambiará de fase, seguirá avanzando, muchos a la fase dos y unas pocas islas entrarán en la fase tres. Todo parece muy halagüeño, más de lo que debería, porque el peligro sigue estando ahí. Y es muy real. Tanto, como que el número de contagiados diarios ha rozado una cifra peligrosa. En cambio, tal y como explicó el ministro Illa hoy, la cosa está controlada porque estamos siendo capaces de identificar los contagios y hacer un exhaustivo seguimiento de todos los implicados. Es decir, la clave está en la trazabilidad de los nuevos contagios, para evitar así la propagación descontrolada de la pandemia, como pasó en el mes de marzo en todo el país.

Y es que como también recordaba el ministro estamos lejos de ganar esta batalla. Eso sin contar que el peligro de rebrote existe. Los epidemiólogos creen que podría ser en otoño. No porque tengan evidencias científicas de ello, sino porque este virus tiene un comportamiento similar a otros virus, como el de la gripe, que actúa por temporadas. De ahí la identificación del riesgo potencial en próximas temporadas, similares también a esos otros virus. Una hipótesis plausible, pero hipótesis al fin y al cabo, por lo que tendrá que demostrarse si es así o no. En cualquier caso, no es lo único que debería preocuparnos. Además de la posibilidades de rebrotes futuros, tenemos el problema real ahora mismo, porque el virus sigue activo y contagiando. La cosa es que está controlado porque nos hemos pasado dos meses confinados y con ello hemos logrado contenerlo, parando los contagios a lo bestia. Pero ahora, con este proceso liberalizador, volvemos a estar en peligro constante de contagio. De ahí la necesidad de guardar las medidas de seguridad recomendadas, que mucha gente parece olvidar, cada vez más. Y los que no olvidamos, a veces las relajamos en demasía. Por ejemplo, el hecho de que podamos reencontrarnos con nuestras familias o reunirnos con amigos no es porque no nos vayamos a contagiar ya. Sigue siendo igual de inseguro que antes. Máxime después de conocer los resultados del estudio de seroprevalencia, que ha demostrado que apenas una cuarta parte de los españoles se han inmunizado. Por tanto, lo único que nos mantendrá a salvo son las medidas de seguridad: distanciamiento social, lavado de manos y uso de mascarillas. De lo contrario, seguirán pasando cosas como ese cumpleaños en Cataluña donde todos los asistentes, 20 personas en total, acabaron contagiados. Un ejemplo de los cada vez más numerosos casos de brotes en todas las provincias. ¿Y por qué no preocupa a las autoridades? Precisamente por lo que comentó Illa. El problema no es si te puedes contagiar o no. Esa opción se da por inevitable, el peligro existe y hay que asumirlo. La cuestión es que seamos capaces de controlar la propagación, identificando los casos y aislando los brotes. Esto, acompañado de las capacidades sanitarias suficientes para afrontar los contagios que vayan surgiendo, además de tener recursos reforzados por si hay rebrotes.

Quizás hayan fallado los intentos de inmunización de rebaño desde un principio, pero el camino que están siguiendo todos los países, tras el confinamiento, es ese. O al menos es lo que a mí me parece. La diferencia con el planteamiento inicial de británicos u holandeses, por ejemplo, es que ahora se intenta de una forma muy controlada. Convivir con el virus hasta que este deje de ser un peligro tan grande como para colpasar un sistema sanitario, o tengamos los medios para que así sea.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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