28 de mayo

Hoy ha tocado análisis del proceso de desescalada y todo parece que vaya más acelerado que antes. Primero tuvimos una etapa donde todo eran miedos y precauciones, y ahora estamos como en una carrera por ver quién acaba antes las fases. ¿Será buena señal? Quizás los datos, a pesar del despiporre que tiene el Gobierno con este tema, nos acompañen. De hecho, se les ve bastante relajados en las ruedas de prensa. Y eso que está el patio político como para andar relajados. No obstante, sí que en la calle se nota que el miedo va quedando atrás y la gente va retomando su vida. Por una parte me alegra, porque estoy como loco por recuperar mi vida como la tenía hace dos meses, si eso fuera posible, o, al menos, todo lo que se parezca a la misma; pero por otro, creo que hay un exceso de confianza en la población. Confianza propiciada desde el Gobierno, que ha abandonado las precauciones iniciales por un aperturismo acelerado. Y esa confianza en que “todo va ir bien” permea, y los ciudadanos acaban sintiéndose a gusto, como no podía ser de otra manera, con esa realidad. A todos nos gusta lo bueno, y los sacrificios que han supuesto esta pandemia son un coñazo.

La prueba más evidente de esa actitud positivista desde la Administración es la campaña de publicidad que ha hecho esta semana en toda la prensa nacional, comprando portadas a cascoporro con el mensaje de que salimos más fuertes. Independientemente de la idoneidad de la campaña en estas fechas, el eslogan publicitario me parece muy desafortunado. Con miles de muertos y una economía arruinada parece una frase más propia del payaso de la película Joker que de un Gobierno occidental serio. Algo así como entre psicópata y jeta irresponsable. Pero como dice un amigo, para gustos, colores. Puede que me equivoque y sea el mensaje que España necesita en estos momentos, para impulsar la recuperación sacando fuerzas de flaqueza; o una especie de antidepresivo sintético para anestesiar a la población y hacerle más llevadera las penurias y el proceso de la dichosa nueva normalidad. Quién sabe. A mí no me gusta. A los medios que la pusieron seguro que sí, ellos desde luego han sido los grandes beneficiados, en estos momentos donde la publicidad de la prensa se ha hundido.

Pero como digo, lo que no se hunde es el ánimo de la gente. Igual es el buen tiempo que nos trae esta calurosa primavera la que acelera el optimismo social. No sé, esperemos que de verdad salgan bien las cosas, porque no estamos valorando los riesgos. Al menos eso creo. De hecho, las noticias sobre rebrotes pasan casi desapercibidas. Los titulares informativos solo se centran en el rifirrafe político o en las penurias económicas. La salud ha pasado a un segundo plano, pero eso en la prensa, porque la realidad tiene sus prioridades. Y si tiene que llegar el temido rebrote, llegará. Aunque la gente no parezca ser muy consciente de ello, a pesar de que lo hemos visto en China o, peor aún, en países que se defendieron muy bien contra la pandemia como Corea del Sur.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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