26 de mayo

Menuda tiene liada el Gobierno hoy. El cese fulminante ayer del jefe de la Guardia Civil en Madrid, ha desatado un terremoto político y mediático. Según apuntan los medios, estuvo motivada porque el Guardia Civil se negó a facilitar información de una investigación judicial en curso. Investigación motivada por la denuncia contra el Gobierno por permitir manifestaciones y congregaciones antes de decretar el estado de alarma. Al revuelo que esto ha provocado se le suma el follón con las estadísticas de la pandemia. Podríamos decir que Fernando Simón y las estadísticas de la pandemia ya son un clásico. He perdido la cuenta de las polémicas generadas por este tema. Para un profano como yo, es difícil entender cómo puede ser tan difícil llevar las cuentas, especialmente las de fallecidos, y cómo es posible que existan diferentes criterios a la hora de contarlos. Pero bueno, todo es factible en esta vida. Lo que sí entra en la órbita de lo inexplicable es que se esté cambiando de criterio cada equis tiempo. No se entiende por qué lo que fue válido ayer no lo es hoy. No es que estemos hablando de que han pasado meses o que nos encontremos en coyunturas radicalmente opuestas; es que en dos meses, dentro de un mismo contexto, se ha variado la forma de contabilizar tantas veces que Simón tiene despistado a todo el mundo. Y no solo a los profanos, también a los expertos, porque la polémica por este asunto no viene por las quejas de medios de comunicación, sino por la de profesionales médicos, que tampoco entienden a qué viene tanta confusión. Ya no parecen cuentas, sino cuentos.

Pero bueno, aquí no han acabado los quebraderos de cabeza ni para el Gobierno, ni para los ciudadanos. Porque al final somos nosotros, los ciudadanos, los verdaderos perjudicados por todos estos embrollos. De una manera u otra, los platos rotos los pagaremos los españoles.

Volviendo al Gobierno, el cese del Guardia Civil es respondido por la dimisión del segundo máximo responsable del cuerpo, es decir, el que está por debajo de la directora del instituto armado y máximo cargo uniformado, pues la directora no pertenecía al cuerpo. Casi nada. Motivo: que no acepta las razones para el cese de su subordinado, una injerencia del ministro Grande-Marlaska. Lejos de ser el cierre de un nefasto capítulo para el Ministerio del Interior, me temo que es el principio.

Pero como decían los dibujos animados: no se vayan todavía, que aún hay más. La publicación de los informes de la comisión de expertos que evaluaba los territorios para pasar de fase, también trae polémica. En realidad la polémica venía de antes, precisamente porque no se publicaban dichos informes. Además, se exigía conocer quiénes estaban detrás de los mismos, pero Simón callaba. Una muestra más de falta de transparencia. Pero cuando van y los publican, resulta que estos no siguen criterios homogéneos y solo están firmados por la directora general de Salud Pública, Pilar Aparicio Azcárraga, o lo que es lo mismo, sigue sin conocerse quienes han participado en su elaboración. Total, que en vez de apaciguarse los ánimos y cerrar bocas por las críticas de algunas Comunidades Autónomas al proceso de desescalada, incluidas las de Comunidades amigas como Valencia o Castilla La Mancha, resulta que la cosa empeora. ¡Estamos apañaos!

Menudo embrollo tiene este semana entre manos el Consejo de Ministros. Yo la verdad es que hace tiempo que dejé de entender los movimientos del Gobierno y toda la gestión de la pandemia. Porque a una medida razonable le acompaña un despropósito; porque a un despropósito le acompaña una medida razonada; y porque a una medida razonada le acompaña un salida de tono. Y así todo, desde el principio, cuando ante el avance del Covid-19 en Italia, en España esto era el descojone general: que si aquí apenas habrá contagios, que vaya tontería lo de usar mascarillas en el tren, que si esto es una gripe un poco más fuerte…  Con el desastre que al final se nos vino encima, todos los argumentos fueron variando con el tiempo, y ahora que estamos entrando en la denominada nueva realidad, el descojone general lo hemos cambiado por la bronca y la fiesta de la confusión.

Si fuera Simón, intentaría espaciar las noticias, más que nada para que no se le acumulen los follones.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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