21 de mayo

El patio sigue revuelto, cada vez más revuelto. Y entre tanta revoltura se nos ha planteado una dicotomía entre salud y derechos individuales que realmente me ha llamado la atención. Uno de los que han destacado este asunto ha sido el propio presidente, en un momento del último debate de prórroga del estado de alarma. Es significativo como mucha gente en las redes sociales asume esa dialéctica y entra al trapo con todo lo que tiene en su sesera para defender posturas maximalistas, bien a favor de la salud por encima de todo, o la postura contraria, derechos individuales aunque signifique la muerte. Podría ser hasta gracioso si no fuera por la deriva que va tomando el asunto, y lo que puede llegar a representar desde una perspectiva política. En cualquier caso, el meollo de la cuestión es ver cómo hemos tragado con esa falsa polémica, una falsa contraposición que ha servido de excusa para hacer muchas cosas y como argumento innecesario para la defensa de medidas urgentes. Porque no es verdad que haya que elegir: primero salud y luego derechos, como llegó a afirmar el presidente. No tendría por qué ser así, máxime si tenemos presente que la propia salud ya es un derecho en sí mismo. Una cosa es que de forma excepcional se tenga que restringir el libre ejercicio de algunos derechos, como el de libertad de movimiento, para poder encauzar medidas sanitarias, y una bien distinta es llegar a hacer creer que la medida sanitaria es esa propia restricción. Un disparate, que al final hace que se mezclen churras con merinas y se generen conflictos evitables.

No hay conflicto entre derechos. En determinadas circunstancias el ejercicio de algunos puede generar problemas, como en el caso de la pandemia y la libertad de circulación, pero jamás podemos afirmar que no sean compatibles. Nuestra salud y la libertad de circular es perfectamente compatible. De hecho, mira como ahora con otras medidas de prevención sanitaria sí que se acabarán compatibilizando: distanciamiento social y mascarillas. Hay solución para todo, como diría aquel. Es más, nuestra legislación ya contemplaba la prevalencia de derechos en caso de conflicto entre el ejercicio de los mismos, que no entre los propios derechos como digo, porque todos son posibles en un estado democrático donde impera el principio de legalidad, esto es, la subordinación de todos al imperio de la ley. Por cierto, y cuando la legislación no contempla de forma directa dicha supremacía de derechos en caso de conflicto, ha sido la jurisprudencia la que ha resuelto, como en el caso del derecho a la intimidad y la información en no pocas ocasiones, por ejemplo.

Pero volviendo al asunto del conflicto entre derechos que se nos expone, cabe recordar que el propio estado de alarma, así como toda nuestra legislación, está concebida precisamente para evitar que el gobernante de turno pueda utilizarla para coartar derechos y libertades fundamentales. De ahí tantas limitaciones y procedimientos legales para que la Administración pueda tomar decisiones complicadas con amparo legal. No es un engorro, ni un impedimento para la eficacia del Ejecutivo, al contrario, es una garantía para todos los ciudadanos. Pero la improvisación y las prisas son malas consejeras, y pueden llevar a cometer errores de bulto o intentar atajos que acarrearán más problemas que soluciones. Cuando las cosas se hacen con transparencia se puede comprobar que no hay conflictos. Los conflictos vienen cuando se ocultan verdades u otras intenciones. Entonces es cuando se entra en ese pernicioso juego de a ver qué derecho anteponemos. Por eso, al final esta dicotomía interesada pero falsa lleva a muchos a hablar de recuperar los derechos. Cuando acabe esta situación, cuando termine el estado de alarma podremos recuperar nuestros derechos… ¡pero cómo vamos a recuperar algo que nunca hemos perdido! No se puede, ni se debe aceptar esa contraposición de ideas, porque sería aceptar que en determinadas circunstancias en España se pueden perder derechos fundamentales. Y no es verdad, jamás se pueden perder lo que le pertenece a toda la ciudadanía, lo que ampara nuestra Constitución y lo que ningún gobierno en ninguna circunstancia se puede apropiar.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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