20 de mayo

Hoy se debate la renovación del estado de alarma. Una extensión de esta situación, desde una perspectiva legal que se debate en el parlamento y en la calle, porque la sanitaria sigue su curso ajena a la gresca política. Y se hace de forma bronca entre los diferentes partidos, tanto o más que en la calle, si bien, entre los ciudadanos las motivaciones difieren. No es una cuestión de si el estado de alarma es mejor o peor para la gobernabilidad del país en esta coyuntura, que al final es lo que discuten los políticos, sino de si las medidas que se están llevando a cabo, amparadas supuestamente en este estado de alarma, siguen estando justificadas. Esto da mucho que hablar, no porque los vericuetos legales del tema sean apasionantes, que pueden serlo, sino porque nos ha llevado a una situación de tensión social que va a más. Y lo que nos queda todavía, espera que notemos la pandemia económica en nuestras carnes.

El caso es que veo los que lo justifican todo en pro de un bien supremo, que es la salud general. Pero en realidad parece más una defensa a ultranza de cualquier iniciativa gubernamental, que una justificación científica o de salud pública en relación al Covid-19. El último ejemplo lo tenemos con el uso de las mascarillas, que se harán obligatorias a partir de mañana, y hasta hace nada se denostaba su uso por los afines al Gobierno. Incluso el Ejecutivo restaba la utilidad pública generalizada pero, ahora cambian las tornas.

Por otro lado, veo a los que culpan de todo al Gobierno. Sánchez e Iglesias parecen encarnar todos los males del país, y una cosa es criticar los errores de la gestión de esta pandemia, así como otras acciones dentro de este contexto, y una muy distinta convertirlos en los destinatarios de todas las iras del personal. Es más, muchos están aprovechando para una especie de revanchismo sociopolítico, amparadas en masas cabreadas.

El principal problema lo veo en que en nombre del estado de alarma se han llevado a cabo multitud de acciones que realmente no tienen el amparo legal del mismo. Excesos, extralimitaciones y limitaciones de derechos que rozan el sinsentido, ahondando más en el descontento general y provocando mayor fricción social. El error del Gobierno en este sentido no sólo ha sido no parar este despropósito o tomar medidas para evitar tal deriva, sino, en algunas ocasiones, darles aire a algunas de ellas. En esta línea me he encontrado cosas curiosísimas, desde un vecino que consulta a la policía municipal porque hay vecinos que se saltan el confinamiento paseando por la comunidad, y la policía responde que les llame cuando eso suceda; o la publicación por parte del administrador de la finca de un decálogo normativo de limitaciones para el uso de las zonas comunes. Decir que ningún decreto ha facultado a la policía para entrar en una propiedad privada a limitarle los derechos individuales a ningún vecino; ni un administrador de fincas tiene capacidad normativa, ni es autoridad competente de ninguna clase. Pero ahí están. Ejemplos como estos se han dado a montones en estos dos meses, tanto, que a muchos no sorprende. Incluso a algunos les parecerá normal, no verán nada raro en ello, todo lo contrario, les parecerá incluso lógico que la policía acuda a la llamada de ese vecino o el administrador pueda ponerte normas que nadie ha votado. Claras extralimitaciones de la libre y errónea interpretación de los diferentes decretos.

Cosas como estas son las que alimentan los extremos. Dan alas a los críticos exacerbados para tirarse a la  yugular del Gobierno y a los acólitos de estos para tacharlos de peligros para la salud pública. La bronca está servida y todo apunta a que tendremos un proceso de desescalada movidito.   

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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