19 de mayo

Se nota que cada vez tenemos más controlada la pandemia, al menos en apariencia, aunque no podamos echar las campanas al vuelo, porque no hemos acabado con ella. Los expertos no se cansen de repetirlo, pero no parece importar a la gente. El proceso de desescalada sigue su curso y la gente cada vez más va recuperando sus costumbres, despreocupándose del Covid-19 y preocupándose por cuestiones más acuciantes como la crisis que se les viene encima o más mundanas, como la política.

Lo de la política, tampoco es como para tomárselo a broma. El enfado social con el Gobierno ha provocado respuesta contraria, provocándose una polarización social que va en aumento. En este sentido, bien haría el Gobierno en dejar de meterse en camisas de once varas y centrarse en lo importante, que sigue siendo la pandemia y la economía. Anda que no tiene curro como para andar perdiendo el tiempo con otros menesteres. En cambio, con salidas como la del delegado del Gobierno en Madrid, amenazando con perseguir a los organizadores de las protestas, pues no aportan mucho a la estabilidad social que digamos. Y eso que alguien nos tendrá que explicar a los españoles cómo es eso de que ahora la Administración se dedica a amenazar a los administrados. ¿Acaso es ilegal organizar protestas? ¿Desde cuándo se ha suspendido ese derecho constitucional? Lo que debería hacer es mandar a la policía a las protestas y preocuparse de que se cumplan las medidas de protección sanitarias decretadas, así como el respeto al resto de ciudadanos, mobiliario público, etc. Lo normal en cualquier protesta vamos.

En cambio, el derrotero que están tomando los acontecimientos no va en ese sentido, va por el del enfrentamiento directo. Mal camino, sobre todo si tenemos en cuenta que esto es el principio. Como espetó ya una vez a la oposición la presidenta de Madrid, esto irá a más. No fue una amenaza creo yo, sino la constatación de una realidad. Cuanto más avancemos en las fases de desescalada más posibilidades habrá de que la gente salga a protestar, si bien, el verdadero catalizador de las protestas lo vamos a tener en la crisis económica que se está gestando. Ahora mismo está amortiguada y no se notan sus estragos en demasía, esto está iniciándose y los expertos afirman que será peor que la anterior. ¿Se les ha olvidado a los políticos como fue la anterior? ¿Se les olvida que el 15M fue fruto de la indignación social de aquella crisis? Pues veremos que nos depara esta que se avecina, si de verdad acaba siendo peor que la anterior. Dios no lo quiera, pero tiene muy mala pinta.

Por otra parte, otro de los hechos relevantes estos días es el avance hacia una posible vacuna. La posibilidad de que esté antes de lo esperado podría ser la solución, o al menos el alivio, a nuestros males. Por una parte, atajaríamos la maldita pandemia; lo más importante. Además, aportaría certidumbre a nuestro futuro y, con ello, esperanzas y la posibilidad de trazar un rumbo con ciertas garantías. Todo para bienes que tendrían un impacto inmediato en la economía, lo que a su vez aliviaría la cruda realidad que se avecina. Algo que de rebote afectaría positivamente a la gestión del Gobierno y su propia imagen. Todos parabienes. La cuestión es si de verdad llegará esa vacuna antes de terminar el año, como prevén los americanos. Las noticias son alentadoras, si bien forman parte de la guerra chino-americana por el dominio mundial, que se dice pronto. Así que vete tú a saber cuánto hay de verdad en estos avances y cuánto de propaganda. De momento, la cosa promete, tanto como los avances de la desescalada. Esperemos que el proceso no descarrile y acabemos el año como lo empezamos.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

2 Comments

  1. El estado de derecho se lo están pasando por el arco del triunfo. No caben interpretaciones restrictivas de las restricciones de los derechos individuales, un estado de alarma que no ha prohibido, porque no se puede, derechos fundamentales de los ciudadanos. Solo implica restricciones a la movilidad, pero estamos dejando que la Administración y fuerzas de seguridad interpreten y ejecuten las normas como les da la gana en cada momento.

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