11 de mayo

¡Por mí que no se abran! De esta forma tan categórica se expresaba una señora preocupada por los posibles contagios en las piscinas comunitarias madrileñas. ¡Que no se abran en todo el verano, así mejor! Vaya, la buena señora lo tenía clarísimo. Me dejó algo confuso, ya que algunos científicos del CSIC no han puesto pegas al uso de las piscinas, más allá de mantener el riguroso distanciamiento social. Pero ahí estaba ella, toda ufana, en medio de la acera, a poco menos de un metro de otra señora y sin mascarilla. Total, ¡pa’qué! si luego nos contagiaremos en las piscinas…

Salir a pasear, aunque sea todavía en la fase cero, esta etapa de precalentamiento que Madrid no ha conseguido superar todavía, da mucho de sí. Observar los especímenes que hay por la vía pública es todo un espectáculo. Desde las tropas menudas, que después de haber sobado bien el suelo y cualquier otra cosa que se les ponga a tiro, se recolocan bien las mascarillas (qué difícil es mantenerlas en posición coño) restregándose la mano abierta por los morros; hasta los nuevos runners,  que oye, nadie discute el derecho de todo hijo de vecino por animarse a correr. De hecho, sería buena cosa que esta pandemia ayude a combatir el sedentarismo. Ahora, eso de ponerse el chándal, con la cajetilla de cigarrillos en el bolsillo y en corrillo con los vecinos bloqueando la acera, pues va a ser que no es en lo que estaba pensando el Gobierno cuando dijo que podíamos salir a hacer deporte. Pero es de lo más habitual, ponerse el chándal para salir a charlar. Como otra señora con la que me cruzo en la calle que le sale al paso a otro vecino y le comenta: “es que tengo que hacer algo, porque con tanto confinamiento me voy a poner como una vaca”. No señora, no se va a poner, ya está, así que menos cháchara y más andar. Por cierto, lo de acabar existencias en el súper no es necesario, a ver si hacemos caso a los mensajes que nos lanzan y compramos con moderación, que esto pasará.

Sí ya lo sé, soy algo borde (o mucho, no sé), pero a estas alturas ya lo habréis notado. Que son casi dos meses, y hoy estrenamos nueva fase. Al menos media España. Y si la fase cero deja escenas como las anteriores, la fase uno puede ser maravillosa. Miedito me da ver mañana los informativos.  

Pero volviendo a la experta transeúnte en pandemias de verano, hay que tenerlos bien puestos para temer un rebrote por culpa del posible uso controlado de las piscinas, y pasar olímpicamente de las recomendaciones básicas de seguridad, como mantener la distancia social o el uso de las mascarillas. Esta es de las que gusta de flexibilizar las normas a conveniencia, algo tan español como atrasado, pero desgraciadamente muy generalizado. No en vano lo hemos visto en no pocos representantes públicos, desde todo un expresidente como Rajoy saltándose el confinamiento, hasta un vicepresidente en activo pasándose por el arco del triunfo la cuarentena. Si eso pasa con los notables, que esperamos que pase con el vulgo. Pues eso. Así que no le podemos tampoco exigir coherencia a la señora de las piscinas.

Por cierto, bendito sea el distanciamiento social. Yo lo hacía obligatorio incluso aunque tengamos vacunas a cascoporro contra la pandemia. Es fantástico que todo el mundo tenga que respetar tu espacio vital.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

3 Comments

  1. no sería mejor el uso de mascarillas? no entiendo por que no se usan mas. Deberia ser oglibatorio, porque mantener las distancias no siempre es posible.

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