5 de mayo

Hace unos días, recordaba un estudio norteamericano que apuntaba al liderazgo mundial de Estados Unidos en este triste ránking de afectados por el Covid-19. Y detrás de los yanquis, los británicos, como campeones de Europa. El caso americano ya estaba liderando las estadísticas de fallecidos esos días, y el Reino Unido apuntaba maneras. Pero hoy, tras repasar las estadísticas globales de la pandemia, podemos confirmar el estudio como una realidad. Pasó de una predicción basada en proyecciones matemáticas a una triste realidad que delata la crudeza de la pandemia. Estados Unidos supera los 70.000 fallecidos y un informe gubernamental revelado hoy por la prensa americana afirma que el Gobierno calcula que tendrán 3.000 fallecimientos diarios. ¡Menuda burrada! Es como si tuvieran un 11S cada día. Y mientras, su presidente inicia la desescalada y critica a todos los estados federados que quieren continuar con políticas proteccionistas. Eso, cuando no se entretiene incitando a la gente a rebelarse directamente contra las medidas de confinamiento. Ver para creer.

No debería preocuparme excesivamente lo que quieran hacer los americanos, pero soy plenamente consciente de que este virus o lo paramos en todo el mundo, o nadie estará a salvo. Porque a diferencia de otras epidemias, esta se expande con tal facilidad y rapidez que no lograremos evitar rebrotes si hay otros países contagiados. Especialmente, un país como Estados Unidos, principal exportador mundial de turistas, que se convertirían en un gran vector de contagio para el planeta.

Dándole vueltas al asunto, podríamos pensar que bueno, a los que no hagan sus deberes los aislamos y listo. ¿Podríamos aislar a Estados Unidos? Impensable, al igual que muchos otros grandes países, o más pequeños pero de gran poder económico. Por ejemplo, el Reino Unido, otro que parece seguir los designios de sus primos del otro lado del Atlántico.

Los británicos, por muy poquito, lideran ya las fatídicas estadísticas europeas de fallecidos por Covid-19. Han pasado a Italia, pero eso no es lo peor. Lo malo es que su tendencia no es a la baja, como la de los países del sur, que hemos sido duramente golpeados. Los ingleses tienen sus cifras en alza, de hecho, no está nada claro si han llegado al pico de la pandemia, pero ahí están, al igual que los americanos (y el resto del mundo) planificando la desescalada. No lo entiendo. No sé si es que el problemón económico que se le avecina al mundo es más grave que la propia pandemia, o que simplemente la preocupación económica influye más que la sanitaria. Ya no sé qué pensar, porque el mundo no está como para desescaladas, pero es de lo único que se habla. No sólo en España, es en todas partes, y eso que las señales de los alumnos más aventajados nos deberían hacer pensar que hay que ser más prudentes (Alemania ha tenido pequeños incrementos que les preocupan). Y esto no significa seguir encerrados hasta que pase la tormenta del todo, significa que hay que esforzarse mucho más para tener medidas realmente eficientes. Medidas que faciliten la continuidad de la vida, aunque sea limitada o al ralentí, pero vida suficiente como para no morir de inanición en el futuro, en vez de que nos mate el Covid-19.

Llegados a este punto, y viendo lo que se debate en España, me quedo sin esperanzas de que al menos aquí vayamos en esa línea. Nosotros estamos centraditos en el maniqueísmo político, no en el planteamiento de medidas que pivoten entorno a la eficiencia y la eficacia. Mañana tendremos una buena ración de incapacidad y estupidez a cuenta del debate para la renovación del estado de alarma. Hoy hemos tenido los previos, donde no se ha escuchado ni una medida sanitaria, todo mediocridades políticas. Especialmente aquellas cuya argumentación es la descalificación del contrario. Veremos lo que sale de ahí, pero con los antecedentes, mejor que nos ampare algún bendito en nuestro proceso de desescalada, porque esto parece de locos. Me recuerda a una película infantil de carreras de coches, no recuerdo el título, donde los protagonistas iban a toda castaña, piloto y copiloto, discutiendo como locos y descuidando la carretera. En la peli la cosa terminó bien, accidentada, pero bien. Igual corremos la misma suerte. Si bien esto no debería ser cuestión de suerte, sino de gestión.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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