4 de mayo

Hoy arrancó oficialmente la fase cero de desescalada. El inicio de un complejo proceso de desconfinamiento y reactivación de la actividad social y profesional, no exento de contradicciones y polémicas. Similar a lo que está pasando en casi el resto del mundo. Una especie de travesía hacia lo desconocido donde no faltan las teorías e hipótesis de todo tipo, también las ocurrencias al estilo Trump, que siempre aportan una nota de color a todo este tinglado. La cosa es que, como realmente nadie tiene ni idea (o al menos poca idea) de cuál es la forma correcta de proceder para recuperar nuestras vidas, sin que las estadísticas de la tragedia vuelvan a dispararse, pues se plantean alternativas para todos los gustos. Desde la ampliación de los espacios en las oficinas (que bien le vendría esta alternativa al sector inmobiliario) para cumplir a rajatabla con el distanciamiento social, hasta el teletrabajo obligatorio en todas aquellas actividades donde es posible. Pasando por el uso de mascarillas en todas partes, la accesibilidad a dispensadores de desinfectantes de manos casi en cada esquina o el control digital de todas las personas para monitorizar los posibles contagios. En fin, muchas medidas orientadas a evitar los contagios o, al menos, en disminuir las posibilidades de los mismos, basadas todas ellas en la literatura científica existente. A todas luces insuficiente para tener la certeza absoluta del éxito de cualquiera de ellas. En cualquier caso, ahí están. Y algunas se aplicarán en España.

Pero de las que he encontrado por ahí, la que más me ha llamado la atención es la denominada estrategia 4/10. ¿Qué de que va? Pues de reorganizar los días laborables del personal con el fin de evitar la expansión del coronavirus en caso de producirse contagios los días en que se trabaja. Una estrategia que, de llevarse a la práctica, podría hacer realidad el sueño de muchos españoles de bien (entre los que humildemente me encuentro). A saber, librarnos del lunes. Sí, sí, adiós lunes, como suena. Y suena bien ¿eh? Pero veamos. La aplicación del tema este del 4/10 se basa en que los trabajadores acudan al tajo cuatro días seguidos y descansen diez. De esta manera, si alguno se contagia en esos cuatro días, pasaría los días en que el contagiado tiene capacidad de propagar el virus a otros confinado en su casa. La base de este modelo epidemiológico de propagación se basa en que durante los primeros cuatro días el sujeto positivo no puede contagiar el virus, pero sí los días siguientes, esos en que ya no estaría en el trabajo, sino en la cuarentena, evitando así la propagación. A la vuelta al trabajo, parece ser que dicho sujeto ya no sería peligroso para los demás.

El padre de este modelo es un biólogo israelí llamado Uri Alon, del Instituto Weizmann de Ciencias de Tel Aviv (Israel). Si bien ha reconocido que esto es un modelo teórico, que además podría sufrir variaciones según el método de prueba y error, el buen hombre está convencido de que funcionaría. Igual no evitando el total de los contagios, pero sí reduciendo mucho el virus, ayudando con ello a controlar la pandemia y sus posibles rebrotes. Vamos, que cuenta con todo mi apoyo si sirve de algo. Eso de irnos a casa cada cuatro días de trabajo me convence completamente. Otra cosa es el resultado científico del tema, pero así, de entrada, me encanta la estrategia.

Bueno, para hacer honor a la verdad, no se trata de irte a casa a tocarte el ombligo, que también podrías seguir currando gracias al teletrabajo. Lo de cuatro días trabajando sí, lo de diez días de vacaciones es mi humilde contribución al modelo del científico. Él en realidad hablaba de diez de confinamiento, a secas. Pero puestos a experimentar, que coño, cualquiera puede aportar su granito de arena. ¿Acaso no es todo experimental ahora mismo? Todo inventos de cara a un nuevo escenario al que no hay gobernante que se precie que se resista a ponerle nombre. Y si repasamos la prensa extranjera es divertido ver los nombrecitos que se van dando por ahí. No se vayan ustedes a creer que España tiene el monopolio de la invención de ese nuevo escenario que nos regala la era Covid-19.

Personalmente, el que más me gusta es el invento portugués y su estado de calamidad. No porque me guste vivir una situación calamitosa, ¡líbreme Dios!, sino porque es el que mejor refleja esa nueva realidad que todos se apresuran a bautizar, sin querer responsabilizarse de la criatura.  Y no es para menos, habida cuenta de que hay muchas teorías y pocas certezas.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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