3 de mayo

Mañana iniciamos oficialmente el proceso de desescalada. Es la fase cero, esa especie de anticipo de apertura de comercios y salidas a la calle, si bien ayer ya comenzamos con el precalentamiento, al permitirse los paseos, hacer deporte, etc. Y con este comienzo, también tenemos expectativas para todos los gustos, desde los más agoreros hasta los más optimistas. Por la cuenta que nos trae, mejor que acierten los segundos. En cualquier caso, es un inicio que abre muchas expectativas. No solo en España, porque parece que medio mundo se haya lanzado a ello, si bien con situaciones muy desiguales y con medidas de lo más variopinto. Un inicio, al fin y al cabo.

Inicio que para muchos, incluido el Gobierno, supone algo nuevo. Que toda esta retahíla de situaciones es nueva para todos es una obviedad, pero que este proceso suponga un camino hacia algo nuevo, no acabo verlo, y mucho menos de entender muy bien por qué debemos si quiera pretenderlo. Se supone que tenemos que recuperar nuestra normalidad, la que teníamos antes. Con todas las precauciones, eso sí, pero recuperar nuestras vidas, no construir un nuevo mundo. En cambio, se está gestando un aura de descubrimiento que no representa, desde luego, los anhelos de la ciudadanía. Al menos, no nos han consultado el asunto. Aun así, desde el Gobierno y muchos ámbitos mediáticos se habla de nuevo comienzo, reconstruyendo una sociedad más justa y solidaria, y no sé cuántas cosas más.

Cuanto más pienso en ello, ya que nos es la primera vez que este tema me ronda la cabeza, me pregunto si de verdad vivimos en una sociedad tan mala. Que hay problemas es lógico, igual que existen muchas cosas que mejorar, pero también ha sido la sociedad que, ante la escasez de medios sanitarios, por ejemplo, la gente empezó a fabricarlos desde sus casas. Sí, es esa misma sociedad que cuando sus líderes fallaron ante el peligro que se avecinaba, que cuando las instituciones encargadas de avisarnos de los peligros y de protegernos de los mismos reaccionó organizándose para arrimar el hombro y fortalecer las instituciones del sistema sanitario. Además, obedeció las normas (y para los españoles ya tiene mérito) y recomendaciones para combatir la pandemia. Es verdad que nos han bombardeado con imágenes de los que no cumplen, que siempre los hay. Pero es que siempre hay gente que no cumple. Nada nuevo bajo el sol ¿Hay alguna sociedad perfecta? Siempre hay ovejas negras en todas las familias. Pero el grueso, la mayoría de los ciudadanos, cumplimos. Y por eso el país funciona. ¿Si no de qué iba a funcionar? ¿Gracias a políticos? Venga, si acaso el país funciona a pesar de ellos.

De esta manera, no podemos olvidar que millones de españoles nos encerramos en nuestras casas para no contagiar a los más vulnerables ¿eso no es solidaridad? Que todos estamos expuestos al virus es verdad, pero no nos engañemos, no hay conciencia de ello. Realmente, la gente cumplió por proteger a los demás, no por miedo al contagio, Porque, para bien o para mal, no existe ese miedo. En general pensamos que es un problema de viejos y personas vulnerables por patologías previas. Creemos estar a salvo, aunque no sea cierto, al menos, no del todo. Quizás la culpa de esa idea sea del papel que jugaron los medios de comunicación, al transmitir información parcial o errónea al comienzo de la pandemia. Cuando nos decían eso de que el coronavirus era como una gripe muy fuerte, o que solo afectaba a las personas mayores. Desde luego, la idea arraigó con fuerza.

Ahora que sabemos que no, que esto nos afecta a todos de una manera u otra, reaccionamos, pero el miedo generalizado no existe. Inconsciencia, irresponsabilidad… podemos llamarlo como queramos, pero al final, la reacción de la sociedad viene de una fuerte conciencia de protección general, de espíritu de colaboración para superar un problema común. ¿Es esta la sociedad que hay que cambiar? ¿la que debemos reconstruir? Sigo pensando que no hay que reconstruir la sociedad, porque esta no se ha roto. Lo que se ha roto es la economía, esa sí que tenemos que recomponerla. La sociedad puede mejorar; qué duda cabe, siempre hay espacios de mejora en todo. Pero esta sociedad es como para enorgullecerse de ella. Y lo que habría que hacer es celebrarla, cuando se pueda, no cambiarla.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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