2 de mayo

Los datos de la pandemia en el mundo siguen siendo preocupantes. En España pasamos de los 25.000 fallecidos, Italia casi 29.000, Francia casi 25.000, Reino Unido supera los 28.000 y Estados Unidos por encima de los 66.000. Esto si nos fijamos en los primeros del ránking, que seguimos siendo los mismos, algunos con tendencia a la baja, como Italia y nosotros, pero otros, como Reino Unido, están descontrolados. A pesar de ello, la tendencia mundial es hacia la desescalada, como si la pandemia estuviera bajo control. ¡Ojalá! Pero yo no veo ese control por ninguna parte. Más al contrario, quitando algunas excepciones como Alemania, los demás países parece que estemos jugando a la ruleta, en plan: ¡a ver si hay suerte! Y si tenemos suerte, la cosa irá bien. Podremos ir recuperando nuestras vidas y controlar la pandemia. Pero, ¿y si la cosa va mal? ¿volvemos a encerrarnos?

Esto está lejos de haber terminado, pero daba gusto ver las calles hoy, como si los datos no importaran para nada. Oficialmente ha dado comienzo la llamada fase cero. Un poco locura todo, pero en el fondo pienso que ojalá la gente pase un poco de las normas, haga más vida normal y en 51 días veremos el resultado. Podríamos tener una recaída brutal, retomar el drama en toda su crudeza y volver a la casilla de salida. Pero ¿y si no? Si somos capaces de contener la pandemia y mantenerla bajo control a partir de ahora, podríamos darle la vuelta a las negras expectativas que tenemos por delante. Eso solo lo sabremos pasados los fatídicos 15 días, el tiempo de incubación del virus (al menos es lo que se sabe hasta la fecha). Podremos saber si el comienzo de la apertura conlleva nuevos contagios y medir cuán grande son los estragos para el sistema sanitario.

Sería un experimento. Una irresponsabilidad social, e institucional si se permitiera. Algo arriesgado e irresponsable, pero es que estoy tan aburrido de la situación que igual pasar de todo y lanzarnos a por todas podría ser lo mejor. Lo que viene siendo cortar por lo sano y ver qué pasa. Una locura, lo sé. Pero es lo que tiene el confinamiento, que con el tiempo tampoco da muchas opciones a la cordura. Ya solo deseo recuperar nuestras vidas y hacer lo mismo que ha hecho mucha gente hoy en las calles, vivir con despreocupación. Sólo ha sido un rato, corto, pero suficiente para recordar que sobrevivir no puede ser el objetivo. Tal y como sucede en las películas apocalípticas. Esas en las que dentro de una realidad distópica las personas llegan hasta los extremos de lo inimaginable para seguir viviendo. Pero al final, alguien, un don nadie que se erige en un nuevo líder, abre los ojos y las mentes de sus semejantes al plantear que la vida no puede resumirse en una mera lucha por la supervivencia de la especie. Así no merece la pena vivir. Vivir es algo más que existir, y eso hay que recuperarlo.

Lo que hemos vivido en estos dos meses se asemeja mucho al guion de una de esas pelis. Lo que no consigo encontrar es a ese líder que al final nos marca el camino hacia la vida, y no hacia la mera subsistencia.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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