1 de mayo

Por un comentario que me han hecho hoy sobre la gripe en España, me ha dado por recordar los intentos de muchos medios por hacer comparativas respecto a la pandemia de coronavirus. Justo cuando la cosa se empezó a poner muy dura en todo el país, algunos medios afines a los partidos de Gobierno, en lo que me parece un intento torticero por diluir la gravedad de lo que estaba ocurriendo, se lanzaron con comparativas entre la mortalidad de la gripe y la del coronavirus. Obviamente, por aquel entonces no se sabía la que se nos venía encima, pero por el volumen de contagios y lo que estaba pasando en países como Italia, sí que lo podíamos intuir. O, al menos, hubiera estado bien morderse la lengua por aquello del principio de prudencia. Pero claro, cuando te mueven intereses ajenos a los meramente informativos, se hacen cosas como la que publicó el Diario16 (un periódico que actualmente no tiene nada que ver con lo que en su día fue): ¿Por qué los 6.500 muertos por gripe en España duelen menos que los fallecidos por coronavirus?

La verdad que este artículo de ejemplo me parece un mero alegato a favor de la gestión del Gobierno, porque por aquellos días ya empezaron a llover las críticas por la falta de previsión. Y el autor utiliza un argumento muy generalizado por aquellos que buscan hacer el paralelismo entre la gravedad de la gripe y el Covid-19. A saber: que la gripe cada año mata muchísimas personas y como no se le da importancia y amplia cobertura informativa, pues no genera alarma social ni miedo. Al respecto, destaco del citado artículo el siguiente párrafo: “antes de que el pánico se generalice es bueno recordar los datos de la epidemia de gripe cada año, con muertos incluidos. Porque lo que no se conoce, también existe. Y el proceso es muy parecido, aunque nunca nos produjera alarma social”.

Que no se habla de la gripe, que no alarma, que no se le da importancia a esas muertes… no tiene desperdicio el comentario, no solo por la falsedad del argumento, sino por el momento en el que se hace, cuando la ola de la pandemia de coronavirus estaba en plena tendencia ascendente. Y lo primero sería aclarar que la gripe siempre ha sido importante informativamente. Nosotros mismos, desde Vive Saludable y Estar Vital le dedicamos muchas páginas al tema todos los años. Como es estacional es fácil programar los contenidos, que incluso en medio de esta pandemia hemos hablado de gripe. Pero no somos una excepción. Por ejemplo, La Razón, un medio que no podemos considerar precisamente afín al Gobierno, publicaba un artículo alarmando sobre la pegada de la gripe este año: España sufre la peor epidemia de gripe de los últimos cuatro años. Y lo publicaba el diez de febrero, cuando ya sabíamos de que iba eso del Covid-19 perfectamente. Como se puede comprobar, el titular es lo suficientemente impactante y alarmante para como para llamar la atención de cualquiera. Y no es lo único, porque acto seguido la entradilla afirma: “Mientras el mundo teme el coronavirus, en nuestro país más de 150.000 personas se han enfrentado a la gripe en la última semana y un 40% de los mayores de 65 años precisa hospitalización”. Muy tranquilizador no parece ¿no? También compara con el coronavirus, aunque la diferencia es que no denota intenciones más allá de las meramente informativas. De hecho, el texto afirmaba que se expandía el miedo al coronavirus y los datos de la gripe pasaban desapercibidos. Yo no diría tanto, el problema es que la gripe la pasamos todos los años y la gente se acostumbra por mucho que se hable de ella.

La razón para que la ciudadanía no se alarme con las epidemias de gripe no está en la falta de información, más bien al contrario, el exceso de la misma puede haber provocado cierta familiaridad con una enfermedad que, entre otras cosas, ha provocado una especie de acomodamiento social al brote anual. Pero el verdadero fundamento para no generar alarma es que tenemos la capacidad de combatir la gripe. Produce muchas muertes sí, pero el período reciente que más daño hizo fue precisamente el anterior a este, con unos 15.000 fallecidos. Y lo hizo entre personas mayores, que supusieron casi el 75% de los fallecidos, y adultos con patologías previas, como problemas cardiovasculares o sistemas inmunodeprimidos. Fue duro, sí, pero no llegó a colapsar el sistema sanitario ni el país. Aún con todo, si hay que comparar, comparemos de verdad, ahora que tenemos más información. No la tenemos toda, porque todavía no ha terminado la pandemia de coronavirus. De la gripe sí que tenemos información histórica de muchas temporadas, con un sistema de vigilancia permanente y todo, pero del Covid-19 es la primera vez. Cuando toda esta pesadilla termine podremos comparar, y a algunos se les debería caer la cara de vergüenza. Porque esto es otra cosa. Tal y como reflejó El País, diario completamente afín al Gobierno, el pasado diez de abril, el coronavirus superaba a la gripe con creces: La epidemia de coronavirus ha provocado ya cinco veces más muertes que la de gripe de 2019. Se veía venir la tragedia, pero algunos preferían distraer la atención de propios y extraños.

Y es que el peor año de gripe, ese en que unas 800.000 personas la padecieron, se hospitalizaron más de 50.000 y fallecieron 15.000, España no tuvo que parar y encerrarse en casa. En cambio, en poco más de un mes, el maldito coronavirus se ha llevado por delante 25.000 personas, hospitalizando a tantos hasta el punto de colapsar el sistema sanitario de Comunidades Autónomas como Madrid; obligando a parar el país, confinarnos en casas, aumentar las plantillas de profesionales sanitarios y de apoyo, importar material médico por toneladas (en sentido literal), aplicar protocolos de emergencia en muchos centros de forma simultánea (esos que tanto escandalizan porque obligan a elegir a qué paciente salvarle la vida), declarar estados de alarma uno tras otro, movilizar a todas las fuerzas policiales y de protección civil, anular todas las citas e intervenciones médicas que no fueran de urgencia, hasta sacar al ejército a la calle y, en definitiva, tomar infinidad de medidas para evitar una masacre mayor. Y todavía, por desgracia, no hemos terminado. Nos quedan meses duros por delante y la incertidumbre de posibles rebrotes. Pero todavía hay gente que tiene los santos c…. de hacer comparaciones con la gripe. O peor, intentar equiparar ambos brotes epidémicos, manteniendo una especie de equidistancia entre ambas enfermedades y su impacto social, por las semejanzas que tienen. Una equidistancia que no me puede parecer más miserable.

Para combatir todos los años la gripe se ponen en marcha un montón de iniciativas. Que por habituales y conocidas no son menos importantes que otras más novedosas o llamativas. Desde las campañas de información y prevención, hasta las vacunaciones masivas, todas estas ayudan a combatir anualmente los períodos epidémicos de la gripe. El resultado es exitoso, ya que se controla sin que la sociedad se paralice. Es más, muchos ni percibimos el problema. ¿Acaso alguien sabía que la temporada 2018/19 había sido la peor de gripe de los últimos años? ¿Quiénes son siquiera conscientes de que la gripe esa temporada tensionó el sistema sanitario? ¿Os faltó algo? ¿Se os dejó de atender por otros problemas?

Si ponemos todas las medidas que han hecho falta para parar el Covid-19 seguidas, la cosa es muy diferente. Independientemente de la medición del éxito de cada una de ellas o su eficacia, lo cierto es que el conjunto es suficientemente significativo e impactante como para discernir con claridad la diferencia entre gripe y coronavirus. Eso sin entrar en la envergadura de cada una de esas medidas de forma individualizada. Lo que hemos tenido que hacer en España, al igual que en muchos países del mundo, es acojonante (con todas las letras) para poder parar la pandemia. No digo vencer, sino parar, matiz importante, porque todavía no hemos ganado. Para eso está por ver qué más nos queda por hacer.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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