30 de abril

Termina abril y, lamentablemente, lo hace con casi 25.000 fallecidos. El dato oficial a esta hora es de 24.543 personas. Por desgracia, acerté con la proyección matemática que hice la semana pasada. Como comentaba el otro día, pensaba que no lo haría, que mi pronóstico no se cumpliría porque la tendencia a la baja se había incrementado, al reducirse el número de fallecimientos diarios con fuerza. Cosa que hoy ha hecho nuevamente. Pero los palos van y vienen. A pesar de que parece que las cosas mejoran, que de verdad estamos saliendo de este drama, la realidad nos mete un bofetón con la mano abierta y nos recuerda que todavía no ha acabado. La lucha continúa, porque todavía hay mucho por hacer.

Y es que lo de estudiar, analizar y hacer cosas, como las proyecciones matemáticas, pues tienen su utilidad en muchos campos. Sobre todo para predecir, incluso, lo malo que va a pasar. ¿Y para qué? Pues para corregir, anticiparse y evitarlo. De esta manera, hace poco había leído un estudio realizado por una institución de Washington, si no me falla la memoria, que tras realizar unos análisis matemáticos pronosticó que Estados Unidos ostentaría el triste récord de fallecimientos y contagios a nivel mundial. Vamos, que la estrategia sanitaria del señor Trump llevaba al país al top ten de los desastres epidemiológicos. Cuando lo leí, la cosa pintaba mal, pero Trump todavía no decía tantos disparates y los datos, siendo malos, no eran los peores del mundo. Además, ahí no quedaba la cosa del estudio ese. También pronosticaba que el Reino Unido lideraría ese ránking horroroso en Europa. No Italia o España, no, el Reino Unido. Estos también lo llevaban mal, y no era de extrañar con la nefasta estrategia inicial de su premier, Boris Johnson. Aunque sus fallecimientos también estaban muy lejos de equipararse al drama italiano o español.

Pero la realidad es caprichosa y se impone. Y los estudios, cuando están bien hechos, pues también. Así tenemos que el Reino Unido ha llegado hoy a los 26.097 fallecidos. Italia tiene 27.682 fallecidos, si bien su tendencia es descendiente y la británica ascendente. Es decir, de continuar este ritmo, se cumplirá el pronóstico del dichoso estudio. Además, es el segundo país del mundo por casos activos, muy por detrás de Estados Unidos, que con casi 800.000 casos activos y más de 61.000 fallecidos ya lidera todas las estadísticas. Un auténtico drama que por lejos que parezca, no nos protege en absoluto.

Si bien el resto del mundo no está tan mal, el escenario dista mucho de ser el adecuado para cantar victoria. Porque, aunque algunos no parecen darse cuenta, con los virus las fronteras no sirven de nada. Hoy más que nunca, esa manida frase de muchos políticos de que tenemos que salir todos juntos es más cierta que nunca. Para ellos solo es un claim comercial, pero en esta pandemia es una verdad inmutable. La experiencia con lo que estamos pasando y como se extendió desde China así lo atestiguan. O todos colaboramos para salir juntos o prolongaremos el problema.

Y al igual que no rigen las fronteras tampoco sirven las ideologías, otro tema que cuesta entender a muchos. Para vencer una enfermedad, cualquiera, la ideología es completamente inútil. Da igual izquierda o derecha; liberal, progresista o conservador; autonomista o independentista; ni tan siquiera que creas en un modelo de gestión o en otro, ni formas de propiedad, que si público o privado, que si gestión directa o indirecta… En medicina solo hay dos tipos de medidas, las que funcionan y las que no. Tan simple (y tan complejo) como eso. Medidas que son eficaces y medidas que no lo son. Y cuando no se tienen todas las respuestas, como pasa con el Covid-19, no queda otra que probar. Probar medidas y corregir o cambiar según los resultados. Es aplicar el método empírico y analizar, estudiar, y vuelta a analizar y estudiar, y probar otra vez, hasta que se consiga el resultado deseado. Todo lo demás sobra.

Para aplicar la desescalada, las medidas de alivio, desconfinamiento o como lo queramos llamar, se tendría que hacer algo similar. Porque aquí muchos cacarean, todos reclaman los suyo (no solo políticos, también empresarios, autónomos y ciudadanos en general), pero nadie tiene en cuenta que eso no sirve, porque no hay un manual, no existe el conocimiento que nos permita aplicar un protocolo de qué se debe hacer ahora. Y reconozco que soy siempre crítico con el Gobierno (entre otras cosas un periodista siempre debe serlo con todos los gobiernos), pero es absurdo reclamarle al Gobierno peticiones particulares por todos lados, medidas que nos satisfagan a cada uno de nosotros en este proceso hacia la normalidad. Eso no se lo podemos pedir, porque no funciona. Lo que habría que reclamarle es que haga los deberes y que estudie, analice y pruebe, con el permanente consejo de expertos en las diferentes materias, para tomar cada nueva medida. Esto no va de lanzar ocurrencias, ir a ciegas o improvisar según las circunstancias. Porque no habrá un conocimiento específico sobre lo que está pasando, pero sí que existe una base de conocimiento científico que nos permitiría diseñar un plan con ciertas garantías. No para lograr el resultado final, la normalidad, sino para probar qué camino es el mejor para conseguir dicho resultado.

Claro que pedirle a un político eso es bien complicado. Primero, porque muchos carecen de la formación, la experiencia o tan siquiera el mínimo conocimiento para plantearse la forma correcta de actuar. Más al contrario, solo les mueve el interés partidista, cuando no de otra índole, y al final, los resultados son los que son. Así nos va, que diría aquel. Porque eso de que se están haciendo las cosas según lo que dicen los expertos, a estas alturas no se lo cree nadie. O bien habría que preguntarse de qué expertos hablamos, porque claro, igual estamos tratando cosas distintas. Igual hacen como muchos que se fijan en el chino del barrio. El de enfrente de mi casa, por ejemplo, se está preparando para abrir. Adecentando el negocio estaba hoy. Y me han comentado que eso está pasando en más sitios. Los mismos chinos que cerraron de manera preventiva mucho antes que cualquier institución española pensara tan siquiera en tomar la medida más simple. A ver si esto de los chinos es una señal inequívoca de que estamos más cerca de vencer la pandemia y ahí está todo el conocimiento científico, observando lo que hace “Pepe Chan, el chino del barrio”.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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