27 de abril

Tenía en mente reflexionar sobre la polémica sobre la salida de los niños, que continúa resonando todavía hoy, y el proceso de desescalada que, si todo sigue su curso, empezará el fin de semana que viene. Pero la actualidad me ha entrado por los ojos de forma arrolladora al ver el titular de El Confidencial de las nueve menos diez de la noche en su portada: Sanidad usa un dato inflado para decir que España es el octavo país que más test realiza. Tremendo. El Gobierno que nos martillea diariamente con el peligro de los bulos y la desinformación durante esta pandemia nos sale ahora con estas. El Gobierno que quiere perseguir a los mentirosos. En fin, yo todavía estoy por ver un bulo tan peligroso durante esta pandemia que ponga en riesgo la vida de las personas o la seguridad del estado. Pero según el ministro del Interior, haberlos haylos, por ello se dedican recursos a perseguirlos.

No pongo en duda que existan numerosas estupideces por las redes sobre curar cualquier enfermedad con cáscara de limón y dando vueltas a una silla, o productos milagrosos de origen natural. Pero los primeros son bulos que siempre han existido y afortunadamente no suelen tener gran trascendencia. Más peligrosos son los segundos, que suelen esconder una estrategia comercial detrás y acaban convenciendo a los más incautos o desesperados. Pero esos, no son bulos. Son estafas que, por rozar la línea de la ilegalidad, muchas veces escapan a la Justicia. Estos sí que merece la pena poner recursos para perseguirlos.

Tampoco podría calificar de bulo lo que ha hecho el Gobierno, pero desde luego me parece más preocupante. Porque el protagonista es el Gobierno, nada más y nada menos. Y por la manipulación informativa. Que dicho sea de paso, no me queda nada claro el fin de la misma, salvo quedar bien ante la opinión pública o intentar mejorar la imagen de desastre que se extiende por la ciudadanía como una mancha de aceite.

Pero para ser justos. Y por deformación profesional, he corroborado que la información sea cierta. En este caso tan sencillo como revisar el BOE, perdón El País, y verificar que la noticia es tal: Sanidad presume de estar en el octavo puesto de la OCDE en test de coronavirus con una cifra incorrecta. Es verdad que han sido más benévolos, pues lo achacan a una cifra errónea. Claro, como si el ministro Illa o su jefe de vanguardia, Simón, no supieran diferenciar entre un test PCR y los rápidos. Infumable. Y sigo comprobando otros medios que también dan la noticia desde sus respectivos sesgos, como El Mundo o La Vanguardia. El diario catalán me gusta especialmente cómo le da una vuelta de tuerca al tema: ¿Es realmente España el octavo país en test de coronavirus? Plantea una pregunta que responde en los sumarios iniciales, al aclarar que “Edouard Mathieu, responsable de la web de la que salen los datos, aclara que solo registran las PCR, por lo que España bajaría de la octava a la decimoséptima posición”.

Corroborada la manipulación informativa, lo más grave de todo es comprobar cuáles son las prioridades de quienes tienen que encabezar y dirigir la lucha contra la pandemia. Se me van acabando los calificativos para este tipo de actuaciones, pero estoy seguro que el tema traerá cola y mañana viviremos un nuevo episodio de bronca política, polémica en las redes y más crispación social. Porque esto, señores ministros, sí que genera crispación social. Cuando tu Gobierno, en medio de una catástrofe de semejantes dimensiones te intenta tomar el pelo, cabrea mucho.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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