26 de abril

A este ritmo difícilmente terminaremos el mes con los 25.000 fallecidos que preveía hace una semana. Afortunadamente, el ritmo de la tendencia descendente de fallecidos se ha acelerado estos días, reduciendo el número diario a menos de 300. Sigue siendo un número elevado, pero la situación va mejorando, y se nota. En el fondo nadie tiene ni idea del porqué, lo cual debería preocuparnos. Los expertos de todo el mundo estudian este virus maldito que no ha respetado casi ninguno de los cánones establecidos para los virus. Ni frío, ni calor, ni incubación, ni inmunidad… todo está en estudio, todo es relativo. Si se consulta la documentación pública sobre la pandemia es alucinante como no hay consenso en muchas cosas, y hay abiertas tantas líneas de investigación como epidemiólogos. Exagero sí, pero es que abruma la cantidad de incertidumbres.

Así las cosas, no parece que la situación esté cerca de controlarse, a nivel global digo. En cualquier caso, bienvenida sea la mejoría de la coyuntura, aunque no se tenga ni puñetera idea de las relaciones causales. Lo que nos da menos idea todavía sobre lo que podría ocurrir en un futuro inmediato. Pero da igual, los datos son los que son, y dejan hueco a otras preocupaciones. El debate sobre los mismos se centra principalmente en el ámbito político, y su importancia se circunscribe al área técnica. Discusiones farragosas que los ciudadanos de a pie dejamos de lado. Ahora estamos en cómo abordar las salidas con los críos. Ha sido el tema estrella vecinal este fin de semana, y hoy, probamos la experiencia.

Yo he conseguido que el benjamín de la casa se anime a dar un paseo. Ya me ha costado. Competir con la tele, la play, las Nerf, el sofá o incordiar a su hermana ha sido difícil. Pero siempre he tenido cierta habilidad para convencer a los niños:

– ¡Te vienes conmigo y punto!

Lo del “y punto” es fundamental en cualquier argumentación filio parental. Es el argumento definitivo para convencer bajo las más variopintas circunstancias. Y en esta, no podía ser diferente. Así que hemos podido dar un gran paseo. Al menos para mí, porque la verdad sea dicha, el que realmente tenía ganas de paseo era yo. Estoy convencido que no era el único. Muchos padres estábamos deseosos de que llegara el día de salir a la calle por el mero placer de salir, sin tener obligaciones. Ni súper, ni farmacia, ni basura ni nada. Pasear por el puro placer de pasear. Bueno, lo de puro chirría habida cuenta de cómo estaban las calles. No solo se han adueñado de ellas las malas hierbas o los animalillos. Los dueños de los perros han dejado su impronta por todas partes. Y por lo que he leído en las redes sociales, mi barrio no es el único de España en que los paseantes de canes no han aprendido lo de no dejar huella por donde se pasa.

En fin, aun sorteando los obstáculos del camino, el paseo fue gratificante. Al niño con el patinete se le hizo más llevadera su primera salida. Hasta se divirtió y todo. Vale, que sí, que fueron solo los diez primeros minutos. Luego fue pedir agua, que si me canso, que si la cuesta, que si no hay nadie… Si es que la play ha hecho mucho daño. Así que al final nos volvimos a casa y todos felices. Bueno, todos no. Parece que muchos españoles se están quejando del comportamiento de muchos padres. Y temen que el Gobierno opte por dar marcha atrás a la desescalada que continúa con las salidas de adultos a partir del 2 de mayo. Exagerado me parece. De todas formas, no sé a qué viene montar revuelo con el comportamiento de una minoría. Sobre todo en algunas cadenas de televisión (Tele5 para ser más exactos), donde en un programa de la tarde se mostraron muy indignados ante la falta de respeto a las normas de seguridad para realizar los paseos con niños. ¿Pero qué esperaban? Me parece una falsa sorpresa. Siempre hay gente que no cumple las normas. ¿Acaso todos los españolitos cumplen las normas de confinamiento? Pues claro que no. Así que tampoco se puede esperar que todos cumplieran con las salidas de los niños.

El problema no son los padres, mucho menos los niños, somos los españoles en general. Un país que estira las normas como si fueran chicle. Las leyes han de cumplirse, claro que sí, pero bien sabido es que no somos escandinavos. Los españoles somos egoístas y pensamos que tenemos derecho a hacer lo que queramos, que nuestros actos están justificados aunque critiquemos lo mismo si lo hace un vecino. Esa es la realidad. Somos así. Por eso relativizamos el cumplimiento de muchas normas cotidianas, y esta no podía ser menos que otras como las restricciones horarias sobre el ruido, aparcar en doble fila o evitar las heces de los perros. Sí, los dichosos perros, cuyos restos al final no han podido evitar mi paseo.

Acerca de José 76 Articles
Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

Sé el primero en comentar

Pon un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*