24 de abril

En muchos sitios se está repasando estos días como ha sido el tratamiento de la pandemia en diferentes países. Por aquello de las comparaciones. Qué feo es eso de comparar ¿verdad? Sobre todo porque le sacan a uno los colores, genera envidias… no está bien no, pero siempre es necesario para poder mejorar a partir de la experiencia de los demás. Y en estas, aparece en el radar mediático Grecia, un país que lo tenía todo en contra y se han convertido en ejemplo a estudiar, no solo para Europa, sino para el mundo. Con una economía devastada por la crisis y un sistema sanitario machacado por el mismo motivo (fundamentalmente con escasez de camas de urgencia, falta de recursos y mucho personal sanitario que emigró a otros países), el Covid-19 le está haciendo muy poquito daño. Al menos desde el punto de vista de la salud, el económico es ya otro cantar. Ahí les dará duro, porque ahora que Grecia empezaba a ver la luz, va y tienen que parar todo. Pasarán otro calvario económico (no será nada nuevo para ellos), pero el principal objetivo, que es preservar la salud de los ciudadanos, lo están consiguiendo. Y espero que sigan en el buen camino, porque al final esto nos afecta a todos, ya que el virus no entiende de fronteras.

En cualquier caso, la gran pregunta es cómo lo han logrado, si tan mal lo tenían para combatir la pandemia. En cambio, países como España, que siempre hemos hecho gala de tener el mejor sistema sanitario del mundo (soy de los que así lo pensaba), el Covid-19 nos ha dado un guantazo que casi nos tumba. Y no dudo que tuviéramos un gran sistema, pero no todo lo bueno que creíamos, al menos no para someterlo al estrés al que se ha visto sometido.

Pero volviendo a Grecia, parece que todo apunta a la anticipación. Concienciados de su falta de capacidad para luchar contra la pandemia, los griegos anticiparon toda suerte de medidas de contención y prevención para evitar los daños que causó el virus en China y otros países asiáticos, así como los que empezaba a causar con dureza en la vecina Italia. Una buena lección, que en nuestra tierra no gusta, porque aquí estábamos preocupados por salvar congresos profesionales, partidos de fútbol y manifestaciones, y no por la pandemia. Nadie hubiera dado un duro por la gestión griega, y ahí están: lección de humildad como nunca.

Lección que me ha hecho pensar en situaciones similares y no tenemos que irnos muy lejos para hacer estas comparaciones tan odiosas. Entre las propias Comunidades Autónomas de nuestro país podemos extraer lecciones similares. Entre estas tenemos el ejemplo de Canarias, por la que tampoco hubiera dado un duro ante la gestión de una crisis de tal envergadura. Pero recibió el primer caso confirmado, aquel alemán que se contagió en su país y sin saberlo se trajo el bicho de vacaciones a Canarias. Nada pasó. Se le trató y todo salió bien.

Más adelante, cuando en muchas provincias el Covid-19 era un problemón, y al Gobierno le entra el tembleque de piernas, se decreta el estado de alarma, y Canarias apenas tenía casos. Era de las regiones, junto con Murcia y alguna más, en que menos impacto tenía el virus. Tenerife se llevó la peor parte, pero nunca se llegó a tensionar el sistema sanitario canario. Uno de los peores sistemas de España que conozco. Donde las quejas, sobre todo por las eternas listas de espera, eran una constante precisamente este último año. Tanto era así que la consejera de sanidad estuvo en el punto de mira, hasta que la cesaron en medio de la pandemia. Y con ella se llevaron por delante a los dos máximos responsables de la sanidad canaria. Pero me desvío del tema, que esto no es lo importante.

La clave de que Canarias, con un sistema sanitario mejorable y de las que menos capacidad financiera y recursos tenía para afrontar esta crisis, acabe siendo una de las que mejor situación tiene, si no la mejor, está en la anticipación. El confinamiento cogió a Canarias con muy pocos contagiados y menos hospitalizados por Covid-19. El resultado, en comparación con el resto de España, es que el confinamiento general les ha permitido llevar mejor la extensión del virus. Situación similar a la de Grecia, si bien por causas diferentes, aun siendo el nexo de ambos casos la anticipación al daño.

En este punto, algunos expertos están poniendo de relieve que la situación o capacidad d los sistemas sanitarios poco o nada tienen que ver con la extensión de la pandemia. Con el tiempo los estudios al respecto nos irán ilustrando sobre la materia, pero, de momento, todo apunta a que la toma de medidas anticipadas es la mejor defensa. Algo que el Gobierno no tuvo en cuenta. Curioso, porque muchas empresas sí.

Todavía recuerdo la semana en que todo se torció en Madrid, cuando el gobierno regional entra en pánico y comienza la suspensión de actividades. Cómo nos reíamos días atrás de empresas que por un contagio habían mandado a todos a su casa. Fue el caso de la consultora internacional EY, casi nada. Pero no fue la única. Incluso mi empresa, que dista de ser una multinacional, decidimos teletrabajar por miedo, sí por miedo, días antes de que el Gobierno central decretara el estado de alarma. La razón no es otra que, aún ignorantes del daño que podía hacer el virus, sabíamos que era muy contagioso. Y el miedo a mermar la empresa nos motivó a ser precavidos. Así actúan las empresas, porque como dijo el director de El Confidencial en una tribuna, las empresas no se pueden permitir “maquinarias ineficientes bien engrasadas”. No, las empresas tienen que ser eficientes o mueren. El Estado, en cambio, parece que sí puede permitirse ser ineficaz. Pero se equivocan, la ineficacia de la Administración la acaban pagando los mismos de siempre, los ciudadanos, esta vez, en vidas.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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