23 de abril

El Confidencial revela hoy una noticia muy interesante porque pone en valor el papel que ha jugado la iniciativa privada en la lucha contra la pandemia. Sobre todo, porque hemos asistido, y seguimos asistiendo, a toda una suerte de proclamas, más o menos camufladas, en defensa de lo público. Se ha hecho desde el comienzo del estado de alarma, como si lo público fuera un amuleto que nos defiende de todo peligro. En cierta medida me recuerda al de “párate bala” de los requetés de Navarra, un escapulario que llevaban colgado al pecho en toda batalla con la fanática creencia de que evitarían caer en combate. Pero no, caían y morían como todo hijo de vecino. Las balas no las paraba el escapulario.

Y es que una idea no te defiende de nada, salvo de otra idea claro. Así, el concepto de lo público solo establece un método de organización de recursos. Pero, los intereses políticos e ideológicos se anteponen, y hemos tenido que vivir un proselitismo constante por parte de quienes hacen de la defensa del mismo una sacrosanta lucha. Desde los aplausos a las 8 nada más comenzar el confinamiento, que se dedicaron al personal de la sanidad pública. Cosa que luego hubo que ampliar por razones obvias, ya que no eran los únicos que estaban dando la batalla. Ahí había que sumar al personal de los supermercados o policías, por ejemplo. Pero no solo es este detalle, siempre desde el Gobierno y muchos ámbitos mediáticos y políticos, sindicales o asociativos, se destaca el valor de lo público, el papel del Estado. Pero no una puesta en valor por su importancia en la organización de nuestras vidas, no. Sino como anteposición a lo privado. Como si el ámbito privado fuera un asco, o no contribuyera tanto o más que el ámbito de lo público. Una forma estúpida de ver las cosas, pero para gustos colores. Lo malo es que esa perspectiva se está usando como arma ideológica y de confrontación.

Personalmente creo que es un error confrontar el papel jugado por ambos, porque el país lo forman todos, los que están en el sector público y los que están en el sector privado, y tanto unos como otros son necesarios para subsistir, por mucho que le cueste entenderlo a algunos. Es como intentar poner en valor el corazón frente al cerebro, como si lo uno pudiera subsistir sin lo otro. Absurdo. Por eso, a los que se les llena la boca durante esta crisis en hablar de lo público, porque sin ello no podríamos haber podido hacer nada, deberían repasar lo indispensable que ha sido la iniciativa privada. Desde las más grandes compañías, como el caso de Inditex, hasta los más pequeños: todos esos ciudadanos anónimos cuya iniciativa particular ha facilitado en no pocos casos mascarillas y otros materiales sanitarios, precisamente, para la sanidad pública ante la falta de recursos por imprevisión e incompetencia del Gobierno, tanto el nacional como el de la mayoría de Comunidades Autónomas.

Pero hay más, por todas partes. La logística ha estado ahí desde el principio. Gracias a todas las plataformas logísticas, incluyendo los transportistas, haciendo posible que el país no se parara, en sentido literal. También los supermercados han destacado por su labor esencial o las farmacias. Estas, incluso ahora que se les pide que sigan vendiendo el material de protección básico a pérdidas. Increíble pero cierto. ¿Han dejado de vender? No, se enfadan, como es lógico, pero ahí siguen.

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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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