22 de abril

Más de 21.700 fallecidos ya. La tragedia continúa, pero la tendencia se mantiene estable y el sistema sanitario ya no está tensionado. Parece que vamos a mejor, al menos en lo que concierne a la pandemia. Porque por lo demás, no sé yo. Viendo el Congreso de los Diputados, más bien parece que vayamos directamente a una hecatombe. Muchas tortas y pocas soluciones, y los problemas no son pocos. Todavía en el ámbito sanitario, en el proceso de desescalada y, sobre todo, la tormenta económica en la que nos estamos adentrando. Casi nada. Aún con todo, el Congreso va camino de circo romano y el Gobierno hace malabares, pero sin tener ni puñetera idea y, claro, así las cosas no salen como cabría esperar de quien maneja los designios de todo el país. Todo son bandazos. El último, con el tema del comienzo de la desescalada y los niños. Al final rectificaron, menos mal, y Pedro Sánchez en sede parlamentaria dice que impera el sentido común. Bueno, eso de que impera lo dirá usted, porque el cambio estuvo motivado por la crítica de todo ser vivo conocido en este país. Es decir, el sentido común lo tuvo todo el mundo de izquierda a derecha y de arriba abajo, porque lo que es el Gobierno… no parece que lo aplique mucho.

Y qué dice nuestro presidente, pues que él hace lo que dicen los técnicos. Siempre con esta muletilla en la boca. Pero hombre de Dios, ¿quién gobierna España, usted o los técnicos? Es como si quisiera cubrirse las espaldas en todo momento por si el día de mañana tuviera que rendir cuentas de forma oficial, con luz y taquígrafos. Pero se equivoca. Si eso ocurriera (cosa que dudo mucho) de nada le servirá esa excusa de los técnicos. Porque el responsable es usted, el presidente, no los subordinados. Usted no es un guardia civil que pueda alegar obediencia debida ante una orden errónea del superior. Y mucho menos ante una ilegal, eso ni siquiera lo podría alegar el guardia. Usted es quien debe dar las órdenes, y donde reside la responsabilidad última de toda la gestión del Gobierno. Así que no escurra el bulto, asuma sus funciones con todas las consecuencias y, por favor, tenga los redaños de decir la verdad y no escudarse en los técnicos, que empiezan a parecerse al Espíritu Santo, está en todas partes pero nadie lo ve ni sabe de dónde ha salido, ni qué hace exactamente.

Ya puestos puede empezar por poner orden con la última nefasta gestión: la de las mascarillas. Después de dejar que se descalabrara todo, viene a poner un precio fijo, así, por decreto, con la intención de facilitar el acceso a todos. La intención es buena, por supuesto, pero la ejecución, un desastre. Si no que se lo digan a los farmacéuticos, los primeros afectados, que ahora se verán vendiendo por debajo del precio de coste. ¿Cómo vas a fijar el precio de un producto de importación? Igual se cree Sánchez que los mercados internacionales, tensionados con una demanda descomunal, se van a plegar a sus deseos.

– En España tenemos que vender las mascarillas a un precio asequible.

– Si señor presidente, díganos a qué precio las quiere y nos ponemos a ello.

Sólo tendrías dos opciones, o el Gobierno controla directamente el precio de importación o subvenciona el precio para compensar la diferencia y evitar las pérdidas.

 Una tercera vía hubiera sido facilitar fabricación nacional que garantizase el suministro al precio requerido o, incluso, que fuera el propio Estado quien fabricase las mascarillas. Alternativas tendría varias, unas más viables que otras.  En cambio, “los técnicos” parecen haber optado por una genialidad: pongo el precio que me parece correcto, por decreto, y ahí os apañáis para cumplir con lo que mando. En fin, ¿qué decía usted señor presidente del sentido común?

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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