21 de abril

Otro día extraño, para variar. Tanto por el tiempo, que está que ni invierno ni primavera, como por la información, que ni buena ni mala ni todo lo contrario. Mientras los datos sobre la enfermedad siguen la tendencia de mejora, aumenta la tendencia de indignación política, continúan las justificaciones extrañas ante algunas actuaciones gubernamentales y se acercan las medidas hacia el proceso de vuelta a la normalidad. De todo me quedo con esto último, porque ha sido lo que ha atraído a mis hijos. Curioso, pero los niños viven esta pandemia como si la cosa no fuera con ellos. Qué envidia de su capacidad de abstracción de la realidad. Estoy convencido de que así se vive mejor, pero me es imposible hacerlo. En cambio, ellos sufren el confinamiento más que nadie, pero apenas se interesan por la realidad que están viviendo, salvo cuando les atañe directamente. Y hoy ha sido uno de esos días que les toca de lleno. La última, cuando aclararon cómo sería el fin de curso. Ahora, la salida progresiva de casa. Aquí indignación para la adolescente, que no entiende por qué ella no puede salir acompañada como su hermano menor. ¡Menudo cabreo!

– ¿Qué pasa con los adolescentes? ¿No existimos? Si no existimos, pues salgo a la calle y no me pueden decir nada ¿no?
– Tranquila hija, que tú puedes salir sola, que lo acaba de ratificar la ministra.
– Ya, pero tú al súper no me dejas y la panadería está en frente. ¡Menuda m…!
– Bueno, es que el súper queda un poco lejos y sin gente por la calle no sé, ya veremos…

Hemos capeado el temporal, menos mal que tiene temple y no suele exaltarse. Cómo será la cosa con otros adolescentes, compadezco a los padres.

Para el pequeño la historia ha sido agridulce. Tras la alegría inicial porque su rango de edad es el beneficiado por la noticia del Gobierno, se torna en pesadumbre cuando entiende que el regalo está envenenado: tiene limitaciones como los adultos.
¿Pero esto qué es? ¿Si lo sé no vengo? O algo así estaría pasando por su cabecita mientras escuchábamos las aclaraciones de la ministra tras el Consejo de Ministros. Con lo poco que le gusta ir a comprar, va y es la única forma de salir de casa.

– ¿Y el parque? ¿y el fútbol? ¿esto…?
– Alégrate que puedes acompañarme y no te quejes. Iremos andando y así te da el aire campeón.
– Pues vaya m….
– ¡Esa boca!

Es verdad que nunca llueve a gusto de todos, pero reflexionando el tema de los enanos, ¿cómo se explica que puedas llevarlos a espacios cerrados y no pasear por zonas abiertas? ¿No sería más seguro un paseo por la calle, guardando la denominada distancia social, antes de ir a cualquier establecimiento cerrado? No hay duda de que no soy un experto de nada, pero apelando al sentido común al que hoy mismo apeló la ministra portavoz en una de sus intervenciones ante la prensa, se me antoja que este no es el mejor camino. Y mira que tenían opciones, ya que hay tantos modelos como países. Sólo había que copiar uno que se adapte mejor a nuestros usos y costumbres.

Y ya que estamos, también podrían molestarse en hacer perfiles falsos de Facebook que se adapten mejor al público español, más que nada por disimular, porque vamos, los que había en el Ministerio de Sanidad cantaban un poco. Dice el Ministerio en su perfil que alguien ha manipulado la cuenta y lo van a investigar. Mira que hay que tener poca vergüenza. En cualquier caso conviene aclarar que esa práctica es muy habitual entre políticos y todo tipo de cuentas, no sólo en las gubernamentales. Personalmente me parece ridículo, pero oye, doctores tiene la Iglesia. Ahora bien, ya podrían molestarse cuando dan esa excusa absurda e irrespetuosa con todos los ciudadanos que no somos gilipollas, en quitar todos los perfiles falsos de otras cuentas institucionales, porque hoy, en posts publicados hoy mismo, puedes encontrar un montón de perfiles falsos que muestran su apoyo reaccionando con el pulgar hacia arriba a cualquier noticia.

Igual deberían pedirle a esos aduladores ficticios que sean los que colaboren económicamente cuando haya que pagar los platos rotos de la pandemia, que no van a ser pocos.


Vaya, tras las noticias de las nueve nos enteramos que el Gobierno ha rectificado. Alegría para el peque, que podrá salir a la calle sin necesidad de hacer recados. El regocijo del enano está justificado ante la mejora del panorama. También el del padre, que ve cómo el sentido común del que hablaba la ministra se ha impuesto. Aunque sea para una cosa tan sencilla, merece la pena reconocerlo.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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