20 de abril

Ayer se abrió un melón importante con la metida de pata del general de la Guardia Civil que está ejerciendo de portavoz del cuerpo ante la baja temporal de su superior. Y es que el tema de los bulos trae mucha cola. El Gobierno lleva casi toda la pandemia alimentando el debate sobre este asunto para conseguir rebajar el tono a las críticas contra su gestión, cuando no directamente desacreditar dichas críticas, y ahora se ve que el asunto se le puede venir en contra.

El caso es que el general, después de afirmar que trabajaban “con el objetivo de evitar el estrés social que producen todas estas series de bulos”, remata que lo hacen para desmentirlos y rebajar la tensión y las críticas a la gestión gubernamental. Y claro, la indignación política no se ha hecho esperar. Política y social, porque me incluyo entre los indignados, como muchos ciudadanos que no quieren ver a ningún cuerpo de seguridad alineado con planteamientos ideológicos de ninguna clase.

Y tras desatar la tormenta, la Guardia Civil intentó calmar el asunto con escaso éxito si nos atenemos a los comentarios en Twitter al comunicado oficial aclaratorio. Según dicho comunicado, lo que trataba de decir el general es que están trabajando para “detectar aquellos bulos y desinformaciones que generan un gran nivel de estrés y alarma social, especialmente en temas de salud. Se hace siempre con escrupuloso respeto al derecho a la libertad de expresión y a la crítica. Se monitorizan bulos que pretenden crear alarma social, nunca la libertad de expresión”. Esto, sumado a las aclaraciones de algunos ministros.

Ya me indigné ayer bastante como para seguir, pero en su intervención diaria, el general ha excusado hoy sus palabras de ayer con carita de cordero degollado, afirmando que no hay ideologías sino personas. Todo arropado con aplausos de sus compañeros de rueda de prensa. Qué bonito, qué emotivo. Pero qué falso queda cuando el secretario de estado de Comunicación, a la sazón maestro de ceremonias de la rueda de prensa, evita las preguntas dirigidas al general, según ha revelado Antena 3 en su informativo de las tres. Poca transparencia hay aquí, como en el resto de la gestión que genera esos bulos tan preocupantes.

Pero no dudo de que haya bulos. Los hay, y en las dos direcciones. Es decir, a favor y en contra del Gobierno, aunque parece que solo son peligrosos los que mienten en contra. Pero sí, hay bulos antigubernamentales, y tan burros como burdos. Razón de más por la que me extraña que se tengan que tomar en serio de ninguna forma. Es más, nunca he visto un bulo de esos que requieran tanto esfuerzo. Un bulo que se esté extendiendo con tanta fuerza como para generar gran alarma social o esté poniendo en riesgo la seguridad del estado en cualquiera de sus formas. La verdad que no veo bulos de estos. Tampoco recuerdo haberlos visto en el pasado, ni cuando los disturbios por el referéndum de independencia en Cataluña, con la que se montó en Cataluña, con aquellas imágenes de policías dando palos a diestro y siniestro. Después se demostró que muchas fotos eran de todas partes y épocas menos de lo que estaba sucediendo por aquellos días. Se descubrieron muchos montajes y falsas informaciones que ayudaron a caldear el ambiente, pero ni siquiera entonces representaron un verdadero problema para la seguridad del estado. O, al menos, no debió de considerarse como tal, porque ni Gobierno ni oposición hicieron y/o promovieron nada que se le parezca a lo que se quiere ahora. En estos momentos, en medio de una pandemia, donde corren más Whatsapps de coñas que nunca, parece que los bulos son un peligro extremo.

Tampoco parece que sean muy peligrosos los bulos directamente relacionados con aspectos sanitarios, no políticos ni de gestión. Me refiero a todos esos que van circulando por ahí de cómo evitar contagios o, incluso, curar el Covid-19, con toda suerte de productos milagros o caseros. Esas cosas sí que pueden hacer daño, pero de estos bulos no se habla. Los bulos que sí hacen peligrar la salud de los más crédulos, esos sí que deberían requerir la persecución de la policía.

En cambio, las imágenes que estos días se han puesto de ejemplo como bulos por muchos medios voceros del Gobierno, como la difundida por Vox de la Gran Vía madrileña llena de ataúdes cubiertos con la bandera de España, que incluso la Fiscalía General del Estado ha incluido en la demanda interpuesta contra ese partido, parece muy difícil que sea constitutiva de ningún delito, al menos de los existentes en nuestro Código Penal. Otra cosa es que el Gobierno quiera sacarse de la manga nuevos tipos penales que se ajusten mejor a sus deseos e intenciones en su lucha contra los bulos. Pero esta foto ejemplarizante no es bulo, ya que salta a la legua que no pretende colarse como verdadera, sino como una crítica por la excesiva mortalidad de la pandemia. Crítica que se hace mediante una realización gráfica. Estas cosas han existido siempre, y a nada que se tire de hemeroteca la defensa lo tiene fácil para justificarse, entre otras cosas, porque, al menos en los mensajes originales de Vox, esa imagen no se intentaba pasar como una foto real, acompañaba un texto de crítica. Lo único que se le debiera achacar a Vox es el mal gusto, bajeza moral o uso inapropiado, poco más (que ya es bastante, dicho sea de paso).

Desde un punto de vista legal, como mucho reclamarle los derechos de autor por el uso ilegítimo que ha hecho de una imagen propiedad de un señor. Al parecer, el propietario de la imagen de fondo (la de la Gran Vía madrileña) sobre la que se hizo el montaje con los ataúdes, nunca cedió sus derechos ni permitió la realización del susodicho montaje.

Ahora extrapolemos este hecho concreto, que ha sido uno de los más publicitados, al resto de situaciones que estamos viviendo estos días y podremos poner en valor la verdadera dimensión del problema, que desde una perspectiva de efectos de seguridad ciudadana es ninguna. Aquí no está pasando como en Estados Unidos, donde hay gente revelándose de forma organizada a las órdenes del Gobierno. No, aquí solo hay críticas, cada vez más, a su gestión. Con mayor o menor acierto, pero solo el uso de la libertad de expresión.

A mí lo que realmente me preocupa ahora es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) no sabe con certeza cuánto dura del dichoso virus en la ropa, en los materiales, ni en ninguna parte. La obsesión por la limpieza ya se torna insoportable. Me paso el día desinfectándolo todo y esto sí que es un suplicio. Cuando ya tenía unos estándares de desinfección y sus correspondientes protocolos de aplicación doméstica, va la OMS y se descuelga con que realmente no tienen ni puñetera idea de cuánto duran los bichos estos por ahí, que si hay que estudiar más, que si hay dudas que sí…. Pues estamos apañados. Me toca revisión de protocolos. Esto puede acabar en un trastorno obsesivo compulsivo, con tanta histeria desinfectante que llevo encima. Y me pregunto, si ahora la OMS reconoce que no saben bien como va eso de la vida del virus en los materiales, de qué hablaban antes entonces. Qué fundamento tenían los consejos que difundían antes. Vaya, vaya, la OMS parece que se esté comportando más como un promotor de bulos, que como el garante que debería ser del rigor científico para combatir esta pandemia.  

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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