18 de abril

Desgraciadamente hemos llegado a los 20.000  fallecidos. No obstante, era lo previsible al ritmo que llevábamos. A pesar del lío con las cifras, de menos no habrá, así que hemos alcanzado otra cifra significativa, si bien esta ha pasado hoy sin más pena que gloria, quizás superada por las polémicas en relación al propio conteo de fallecidos.

Y es que menuda se está liando a cuenta de las estadísticas desde que el Gobierno reconociera que no son correctas y hay que revisarlas. Personalmente no le doy mayor importancia, porque desde el punto de vista informativo, lo importante es tener unas estadísticas realizadas con los mismos criterios por todos aquellos que aporten los datos y lo suficientemente significativas como para obtener una dimensión real de la pandemia. Se trata de poder analizar si la cosa es grave, cuán grande es el problema y seguir la tendencia del mismo. Hasta ahora, eso lo hemos podido hacer. Otra cosa es que esto no sirva para el análisis médico y científico, ya que estos probablemente necesiten mayor detalle, realismo y segmentación de la información.

Afortunadamente, yo no tengo que analizar los datos desde una perspectiva médica. Pero desde mi punto de vista, lo curioso es que el Gobierno ha estado difundiendo información imprecisa desde el comienzo de la crisis, Es decir, ha estado facilitando información poco contrastada o engañosa. El tema no se puede calificar de bulo, porque eso requiere intencionalidad. Para mentir es condición indispensable facilitar o difundir información engañosa a sabiendas de que lo estás haciendo. Pero volviendo al tema. Si esta información estadística es engañosa, y le aplicamos el propio criterio del Gobierno, el mismo de esa pregunta del CIS tan polémica, se vería en la obligación de autocensurarse. Menuda extraña situación. De manera que, Pedro Sánchez y sus acólitos quieren que la gente que difunde información falsa (si las estadísticas son erróneas, por  definición, son falsas), no pueda hacerlo. Las autoridades tendrían que perseguirles por difundir falsedades. Además, cómo solo puede existir una fuente de información oficial, para que no hayan falsedades circulando por ahí, el Ejecutivo, que debería ser la principal fuente oficial, no podría serlo, que por otro lado se tendría que autoperseguir por falsario.

Madre mía. Esto ya no es surrealismo, estamos pasando a una situación kafkiana. Máxime si analizamos otra situación de lo más curiosa. A saber: ayer la ministra portavoz confirmó que el Ejecutivo renuncia a presentar nuevos Presupuestos Generales del Estado (PGE). La razón, que es absurdo hacerlo, porque el planteamiento inicial de los presupuestos que iban a presentar se basaba en un contexto económico que nada tiene que ver con el actual. Eso es verdad. Muy cierto que unos PGE deben tener presente la realidad económica en la que se tienen que ejecutar. Así pues, se van a esperar, ya si eso, a tener ese gran acuerdo político y proponer los presupuestos de la recuperación social y económica de España. Pero qué bonito queda. Lo malo es que, mientras, seguimos tirando de unos presupuestos, que no es que no contemplaran la realidad económica actual, ¡es que se hicieron en 2018! Sí, sí, son los del ministro Montoro, con el PP. Los PGE más longevos de nuestra historia. Y si no me gustaron cuando el susodicho los hizo, menos me van a gustar ahora, que no cuadran en nuestra realidad ni con calzador. Es una mera chapuza contable.

Los nuevos, los que se plantean ya para 2021 con ese magnífico acuerdo, no sé si me gustarán. De momento lo que me dan es pánico. Viendo el run run antilibertades que promueve el Gobierno y todos sus apoyos, de ese presupuesto pro recuperación solo me puedo esperar que nos frían a impuestos hasta por respirar.

Seguro que muchos pensaran que soy un exagerado, o un insolidario, porque el coste sanitario que la pandemia ha provocado habrá que pagarlo. Qué duda cabe, no me opongo ni lo más mínimo. Pero teniendo en cuenta que este Ejecutivo no se ha molestado ni en bajar el IVA de los productos sanitarios que se volvieron indispensables para preservar nuestra salud. Pues, qué quieren que les diga, desde luego no puedo pensar lo mejor, todo lo contrario.

En cualquier caso ya veremos qué nos depara el futuro inmediato. De momento, estamos con el eterno Montoro. Quién me lo iba a decir, con lo que yo he criticado al buen ministro y sus presupuestos, que estos iban a ser los mejores de la historia, permitiendo funcionar al país tres años desde su creación y a tres gobiernos distintos (dos presididos por Sánchez), incluso ideológicamente opuestos. No me voy a enredar con lo extraño que supone ejecutar una política con unas cuentas que ni reflejan tu realidad ni tu proyecto, es más, que en muchos puntos es diametralmente opuesto. Y para colmo de males, no contemplaban una coyuntura como la actual ni por equivocación.

Lo kafkiano del tema empieza a quedarse corto. Y después de Kafka, ¿qué nos queda? Espero equivocarme, pero sólo veo la locura total.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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