16 de abril

Menuda la ha liado Tezanos con sus preguntitas del CIS y los bulos. Y que dice el buen director que de intencionalidad política nada, que es una pregunta muy normal y no hay nada detrás. Claro, lo normal. Desde el Gobierno, los partidos que lo sostienen y los voceros que les apoyan llevan dos semanas con la matraca de los bulos, que si son peores que la propia pandemia (ya hay que tener valor para siquiera sugerir semejante disparate), que si hay tramas criminales detrás o que si están confundiendo a la gente, y, de repente, el CIS se descuelga con una pregunta sobre el tema. Que podría ser normal preguntar por algo que está en candelero, pero claro, la preguntita que ha puesto en la encuesta, además de enrevesada, es tan larga que cuando termina de preguntarte el entrevistador ya se te ha olvidado de que va la historia.

Pero a lo que vamos. La pregunta en cuestión podría ser legítima si la plantea como Dios manda. Aun así, lo peor no es eso, hay más. Mucho más. Lo primero que destacaría es poner al mismo nivel bulo e información (engañosas y poco fundamentadas dice). Bulo es una noticia falsa y una información poco fundamentada no es una noticia falsa. Es una información a la que le falta fundamento, es decir, en nuestro gremio se traduce porque le faltan fuentes que la corroboren, y no necesariamente tiene que ser falsa. Lo de engañosa es otra cosa. Engañosa es un adjetivo y, por tanto, cualifica el tipo de noticia. Por lo que se abre un interrogante a la propia pregunta: ¿qué es una información engañosa? ¿Quién debe calificarla como tal? Por definición, sería cualquier información que se preste a engaño, es decir, como las muchas de las afirmaciones del propio Gobierno en sus ruedas de prensa sobre el Covid-19. La última sin ir más lejos la tenemos de esta misma tarde, cuando la ministra Celaá ha tenido que salir a la palestra a aclarar la decisión del ministerio sobre el final de curso escolar. La información inicial podría calificarse de “engañosa”, porque se prestó a engaño: muchos presidentes de Comunidades Autónomas han creído que es un aprobado general, y la ministra afirma que no es tal.

A todas estas, ¿no sabe el CIS que difundir mentiras (= bulos) ya es algo que nuestra legislación persigue? Si es así, ¿por qué plantear entonces la posibilidad de restringir algo que actualmente no está permitido? Y en relación a informaciones poco contrastadas, ¿tampoco sabe que la Constitución ya establece que las informaciones a difundir deben ser veraces? ¿Y que el concepto de veraz (= que dice la verdad) tiene definición jurídica y jurisprudencia del Tribunal Supremo que establece cómo debe ser (= contrastada por fuentes solventes)?

Pero seguimos. La alternativa que platea la pregunta es limitar la libertad de información a favor de una sola fuente oficial. Casi nada lo que encierra esto. Para empezar, ¿desconocen en el CIS que vivimos en una democracia y que la libertad de prensa está garantizada constitucionalmente? Yo no lo creo, lo que igual sí desconocen es que, en un estado de alarma como el actual, no se pude restringir ese derecho. Esto solo se podría hacer bajo estados de excepción o sitio, y en ningún caso se permite la censura previa, que es realmente lo que propone la pregunta.

Y por terminar, porque el tema tiene miga y se puede desmenuzar más, la pregunta plantea literalmente como alternativa remitir “toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales”. Vaya, esto abre nuevos interrogantes ¿cuáles son las fuentes oficiales? Igual creen tenerlo claro: el Gobierno, el ministerio de Sanidad, el comité técnico famoso… ¿y los comités científicos ajenos al Gobierno, también son fuentes oficiales? ¿Y las sociedades científicas de virología? ¿La Organización Mundial de la Salud? ¿Las entidades sanitarias extranjeras, por ejemplo, como las que nos critican?

Lo que ha dado de sí esta preguntita, y el guirigay que ha montado el señor Tezanos con el tema de marras. Pero no es baladí, ya que está un contexto donde están restringiendo libertades en medio de una crisis descomunal. Así que no es para tomárselo a broma. En vez de perseguir bulos, las autoridades harían bien en copiar una de esas claves comentadas días atrás: transparencia. Esta nunca sobra y es la mejor receta contra los bulos, las informaciones no contrastadas, la estupidez y, sobre todo, los intentos de restringir la libertad.

Hoy también, en sede parlamentaria, el ministro Illa ha afirmado con rotundidad que da información precisa. Lo que equivaldría a decir que es transparente. Pero la oposición, como que no ha estado muy de acuerdo. Alguna lo llamó mentiroso. Yo no puedo afirmar lo mismo, lo que sí le puedo decir al señor Illa es que información precisa no es decir lo que a uno le da la gana con precisión. Eso no es transparencia ministro.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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