15 de abril

Hoy hemos vuelto a tener un incremento en las estadísticas de la pandemia. Porque se están haciendo más tests han dicho, y están contando como contagiados todo el que da positivo, incluidos los asintomáticos. Ojalá sea eso, más que nada porque demostraría que se están haciendo más pruebas de verdad. Parte de la solución es precisamente hacer tests de forma masiva, con el fin de detectar a todo aquel que esté infectado y poder tomar las medidas adecuadas. Bienvenidos sean pues, cuántas más pruebas, más eficaz será la lucha.

Por otro lado la tendencia de los fallecimientos se mantiene a la baja. No es un dato para alegrarse, porque las estadísticas en este sentido me parecen dantescas, y el ritmo sigue siendo demasiado alto como para echar las campanas al vuelo: casi 600 personas. Si nada lo impide, esta semana la terminaremos con otro triste hito: 20.000 fallecidos.

En este contexto, España ya se plantea la vuelta, cómo nos tendremos que desenvolver en las semanas posconfinamiento y cómo debe ser el proceso. Muy apresurado me parece. No porque sea un experto ni nada que se le parezca, sino porque viendo el proceder de países que lo están haciendo mejor que nosotros, no parece lo más conveniente abrir la mano, al menos de esta forma. Con nuestros datos nadie intenta desconfinar nada, todo lo contrario, toman más medidas. Pero, tal y como se pudo ver en el artículo de Forbes que comenté ayer, algunos incluso con mejor situación que nosotros se vuelven más restrictivos. Es verdad que su confinamiento no es como el nuestro o, incluso, no tienen confinamiento como tal. Pero es que tampoco fueron de los que decían que esto era como un resfriado o que sus riesgos no eran peores que los de una gripe común. Todavía recuerdo al Gobierno en pleno pidiendo que se celebrara la World Mobile Congress de Barcelona. Ayudados de autoridades locales, periodistas y contertulios de todo pelaje. Y al otro lado de la balanza empresas de todo el mundo rajándose (el tiempo les ha dado la razón) y países como Alemania recomendando a todo hijo de vecino que acudir a ferias o celebrar eventos multitudinarios era una temeridad.

Estas actitudes explican mucho cuando se comparan datos ahora: en Alemania han fallecido casi 3.600 personas, y en España casi 18.600. Recordemos que Alemania casi dobla en población a España y tuvieron contagios antes que nosotros. Es verdad que los criterios estadísticos no son los mismos, y se dice que los alemanes no cuentan, por ejemplo, a los ancianos fallecidos a los que no se les hace la prueba, etc. ¿Acaso en España sí? Hacerse trampas en el solitario es de género tonto. Los datos alemanes no serán muy fiables, pero es que los españoles tampoco, así que seamos honestos y reconozcamos lo evidente. Ellos, y muchos otros, lo han hecho mejor porque se tomaron la amenaza en serio desde el principio. Cuando nosotros nos reíamos de los chinos, algunos países tomaron medidas restrictivas, evitando no solo la crudeza de la pandemia, sino incluso tener un impacto económico tan negativo.

Si bien ya no podemos hacer nada para evitar el pasado, sí que deberíamos hacerlo en el presente para enderezar nuestro futuro. La revista Forbes nos citaba una pequeña lista de países que lo hicieron y siguen haciendo bien. Pero más importante, explicaban qué estaban haciendo para obtener esos buenos resultados. El caso de Finlandia es paradigmático, que no ha cerrado ni las escuelas. No es temeridad o inconsciencia, es que no han tenido la necesidad de llegar a ello.

Lamentablemente nosotros seguimos a nuestro rollo. Ahora toca hablar de desconfinamiento y el gran pacto de recuperación social y económica. Todo adornado, por supuesto, con la infame retórica política. Lo de infame no es per sé, sino porque sus protagonistas lo son.

Hoy tocaba sesión de control parlamentaria al Gobierno. Mientras la oposición le daba cera al presidente, éste replica siguiendo la línea argumental de los últimos días: todas las medidas han sido correctas y todo lo hecho ha sido lo recomendado por los técnicos. Pero me quedo con la réplica al líder del Partido Popular, al que le explica que hasta que no se encuentre una vacuna nos vamos a encontrar con una nueva realidad y desea que haya una nueva política para esa nueva realidad. Una nueva política basada en “el interés general, antes que el interés particular”, literal. Y lo dice quien primero toma decisiones y hace anuncios de medidas sin que se enteren los afectados. Ya lo decía el lehendakari Urkullu, cuando explicó en rueda de prensa que llevaba cinco domingos enterándose por los medios de las medidas que aplicaría el Gobierno.

Estos son los mimbres para ese gran pacto que busca el presidente. Jodidos estamos si no hay un giro importante en las formas y el fondo. Un poquito más si cabe, que todo siempre es susceptible de empeorar.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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