14 de abril

“Nadie se va a ir de este mundo sin una palabra de cariño”, afirmó hoy el general Villaroya durante la rueda de prensa diaria del comité técnico del Gobierno. Pues ya nos podemos morir tranquilos ¿no? Ver y oír para creer. Estas salidas empiezan a darle un estilo Berlanga a las ruedas de prensa de los técnicos. Menudo tropa general.

Desde hace días vengo dándole vueltas a la cabeza al tema de que cualquiera, por muy preparado que esté, meterá, no una, sino muchas veces la pata al enfrentarse a una situación como esta desde un puesto de responsabilidad. Pero madre mía, cosas como estas me parecen inexplicables. Entiendo que la pretensión es dar consuelo a las familias que no pueden despedirse de sus seres queridos en estas dramáticas situaciones, pero ¿no ve que las cosas no se pueden decir como si estuviera en una peli dramática, dando ese mensaje a una población abducida por el dolor y el desánimo?

Cosas como estas son tan absurdas que no entiendo cómo demonios ningún asesor le dice, “mi general, no diga gilipolleces, que además de quedar como un imbécil no hace gracia, y mucho menos consigue el fin último, que es dar consuelo”. Más bien todo lo contrario.

Igual es que me estoy volviendo un viejo cascarrabias, como dice un amigo. No sé, quizás sea eso, o que cada día veo más estupideces en medio de un drama que parece que muchos no quieren enterarse de que es real. Que sí, que lo estamos viviendo: miles de muertos, hospitales saturados, profesionales sanitarios y de seguridad agotados, medidas radicales para contener la enfermedad y una crisis económica sin parangón que se nos viene encima. Que para los que vivimos la crisis económica reciente como la peor de nuestra vida (para la mayoría de las personas, por simple estadística poblacional, ha sido así), esta es mucho mayor, según estiman organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Ambos pronostican que será similar a la posguerra tras las II Guerra Mundial. Ahí es nada.

Pues bien, en medio de una catástrofe de esas dimensiones, los responsables en la lucha contra la pandemia en todos los frentes tienen salidas de lo más surrealistas, cuando no chuscas como las de las organizaciones criminales de bulos; o chulescas, como las de no hemos hecho nada mal. Entre este tipo de salidas, el ministro Illa también nos ha dedicado otra para enmarcar, en relación al cumplimiento de las medidas de seguridad laboral y el mantenimiento del distanciamiento social: “constatamos que se han cumplido de forma ejemplar”. ¿Y cómo lo han constatado? ¿Han realizado inspecciones masivas? No, me temo que no. Más bien ha sido otro argumento vacío, en otro discurso vacío, de otra rueda de prensa vacía. Como mentaba uno hoy en Twitter, podríamos ver cualquiera del mes pasado que no nos daríamos cuenta. Parecen todas iguales. Y eso que hoy, a pesar de que ha repuntado la mortalidad, estamos mejorando la tendencia oficial.

Para rematar la rueda de prensa le han dedicado un buen repaso a la crisis que también están viviendo otros países. Los medios de comunicación, como Atresmedia o RTVE, han destacado los muchos errores (mal de muchos, consuelo de tontos). Me pareció curioso la crítica a Donald Trump: sus medidas no han dado resultados a tenor de la alta mortalidad del país. O sea, que esto lo vemos en el extranjero, pero no en España. Surrealista también el papelón de los medios. Así vamos perdiendo credibilidad, en general, y aumenta el cabreo de los ciudadanos. Sólo había que seguir algunos chats de canales de Youtube durante las ruedas de prensa, dónde los televidentes no hacían más que poner a parir a nuestros representantes. Pocas flores y muchas tortas, oye.

Estaría bien que por alguna vez las comparaciones, siempre odiosas, se hicieran como cuando se hablaba de otros temas, con los mejores, no con los peores. Por ejemplo, como narra un artículo de la revista Forbes sobre los países que lo hacen mejor. La revista destaca la verdad, o lo que es lo mismo, la transparencia de sus gobernantes. Porque cuando se es transparente, la repercusión de una decisión errónea es diferente, se encaja de otra manera. Y las consecuencias son muy distintas. El resultado está claro, sólo hay que comparar España, donde todo se ha hecho bien, con cualquiera de los países mencionados (Alemania, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Nueva Zelanda y Taiwán), donde sólo toman las medidas que creen correctas. El artículo destaca en su titular lo de que sus dirigentes son mujeres. No sé si esa será la clave. De hecho, el texto no se apalanca en su sexo, sino en la transparencia, la tecnología y la empatía. Podríamos copiar esas cosas. Alguno podría pensar que es casualidad, podría ser. Que son países grandes con escasa población (excepto Alemania, que además es el que más fallecimientos tiene de la lista, aunque muchos menos que países equiparables en población); o que son países ricos, relativamente cierto, menos en el caso de Islandia. Todo puede ser. Pero, nuestros dirigentes podrían probar esa triple receta de las mejores. Porque España no hace ninguna de las tres, ¿casualidad? Bueno, nuestro general, todo hay que decirlo, al menos intenta lo de la empatía. Aunque a mí me haya parecido otra salida de tono, podemos darlo por válido si de verdad fuese en la línea que nos relata Forbes.

Nunca es tarde si la dicha es buena.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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