12 de abril

Mañana volvemos al trabajo con la polémica de fondo de las mascarillas. El Gobierno no obligará a su uso, pero sí las recomienda. A buenas horas mangas verdes. Claro que no obliga, porque no hay para todos, será jodido. Es de vergüenza, pero es lo que hay.

De momento, dicen que las van a repartir gratuitamente en los accesos al transporte público, trenes y metro, para los trabajadores que no las tengan. La presidenta de Madrid se ha quejado de que no la han avisado de esta acción y puede suponer un efecto llamada, que para qué. Es posible que tenga razón, ya veremos. Lo que seguro parece es que el Gobierno anuncia públicamente medidas antes de que las sepan quienes deben, como mínimo, a ayudar en su ejecución. Y así se lo han hecho saber muchos presidentes de Comunidades Autónomas durante la reunión que tuvo hoy el presidente Sánchez con todos los autonómicos. Entre los más enfadados debió de estar el del País Vasco, porque en la rueda de prensa posterior no se ha cortado en criticar al presidente que su partido ayuda a mantener en el puesto. ¿De qué se queja? Pues nada más y nada menos de que durante cinco domingos ya, y esto es literal, se entera de las medidas gubernamentales por la prensa antes de que le sean comunicadas oficialmente. Él, como muchos otros, lo que pide es que esas medidas se hablen y coordinen primero con ellos. Razonable parece la petición. Pero Sánchez debe razonar en otros términos.

El presidente, en comparecencia solemne hoy en televisión, ha pedido unidad. “De corazón” dijo Sánchez. En su alocución critica veladamente a aquellos que elevan el tono por su gestión y le atacan. Pedro Sánchez afirma que no hará reproches (curioso, ya lo está haciendo durante ese tirón de orejas a la oposición), y que hará todo lo posible para la unidad. Según el jefe de Gobierno será la única palabra que salga de su boca. No está mal la intención, Podría empezar por escuchar a todas las CCAA y a toda la oposición, porque salvo los de su partido, hay unanimidad en la crítica por la falta de diálogo. En general hablan de unilateralidad por parte del Gobierno; así que Sánchez, aplíquese si busca esa unidad.

Por otro lado, y ya que estamos en la búsqueda de la unidad, estaría bien no utilizar a todos los voceros del reino para atacar a quien disiente, ya sea político, periodista o ciudadano de a pie. Porque mucho sentimiento en afirmar que él no alzará la voz ni saldrán de su boca reproches, pero tiene a Adriana Lastra encabezando una engrasada maquinaria dialéctica contra todo el que protesta, afirmando que hay tramas criminales organizadas para desprestigiar al Gobierno difundiendo bulos. Pues no sé si eso será verdad, pero si lo fuera lo suyo es recurrir a los tribunales, que la ley ya contempla protección para estos casos. Lo que no es de recibo es amenazar con cambios legales para atajar esos supuestos bulos, pero dirigiéndose a la oposición y a los críticos. Tremendo, porque algunas de esas ideas peregrinas suponen una clara limitación a la libertad de expresión. También hablar de tramas porque la prensa de derechas y destacados periodistas o políticos críticos con el Gobierno hagan lo que llevan haciendo desde que Sánchez obtuvo el poder, pues me parece de chiste. Y lo más surrealista es cuando se utilizan bulos para combatirles. Porque de eso el Gobierno y los que le apoyan también saben lo suyo. Tanto, que han abusado de ello hasta el absurdo. Así nos encontramos a toda una presidenta del PSOE difundiendo un bulo contra un community manager opositor, y cuando le saca del “error”, ni disculpas ni rectificación, para qué.

Pero si es que el propio Sánchez ha mentido en su rueda de prensa. Cuando afirma que hay que buscar la unidad y pone de ejemplo a un montón de países de nuestro entorno,  como una piña de derecha a izquierda en torno al gobierno de turno, está mintiendo. A saber, en EEUU las críticas de los gobernadores demócratas al presidente han sido una constante desde el principio de la crisis y, en Nueva York, centro neurálgico de la pandemia, las peleas entre el alcalde republicano y el gobernador demócrata son diarias. La última a cuenta de la pretensión del alcalde de cerrar los colegios.

Pero repasemos algunos países de Europa: en el Reino Unido, los laboristas solo le han dado tregua a Boris Johnson cuando éste enfermó, porque hasta entonces fueron criticando todas sus medidas, sobre todo por la pasividad frente al coronavirus, y hoy se han reavivado, justo cuando le dan el alta, a cuenta esta vez de la escasez de material de protección; Macron, en Francia, es verdad que ha conseguido una amplia tregua, incluso de la ultraderecha, pero pasó un mes de marzo movidito, y consiguió parar las críticas al tomar el toro por los cuernos y empezar a tomar medidas impactantes contra la pandemia, entre ellas paralizar todas las reformas que su gobierno tenía previstas, casi nada; y en Italia no es que hayan estado enfrentados al gobierno, es que algunos gobiernos locales han estado haciendo lo que les da la gana sin hacer caso al gobierno, dándose situaciones tan surrealistas como en España, y es que la Liga Norte de Salvini no le ha hecho nada fácil la vida al gobierno italiano.

El caso de Alemania es muy diferente, allí sí que colaboran la derecha y la izquierda, pero claro, llevan colaborando en sucesivos gobiernos de coalición, por lo que tampoco es algo excepcional. Si lo hacían antes, como no lo iban a hacer para afrontar un reto tan grande como la pandemia. Pero esto no creo que sea lo que busque Sánchez, cuando el fue incapaz de colaborar para facilitar la gobernabilidad de España en el pasado.

Bélgica es de los países ejemplo que podría poner Sánchez, pero igual no le gusta tanto, porque con la pandemia, un país tan radicalmente dividido políticamente, ha creado un gobierno de concentración nacional para gestionar el problema. Una idea que dista mucho de lo que busca Sánchez con sus pactos de la Moncloa. Unos pactos que llama para la “reconstrucción social y económica”. Lo repitió varias veces hoy. ¿Se ha destruido la sociedad? La economía sí, pero la sociedad está más fuerte que nunca, y no gracias a políticos precisamente, más bien pese a ellos. La sociedad sí que ha dado una muestra de fortaleza, de unidad y de entereza frente a las dificultades. Porque yendo a ciegas, sin medios y con dirigentes bastante incompetentes, la sociedad ha tirado para delante: que no hay EPIs para los profesionales, la sociedad se organiza para inventarlas de la nada; que falta atención a los mayores y no hay personal, de la sociedad salen voluntarios hasta de debajo de las piedras; que el confinamiento se hace insoportable para muchos, la sociedad se las ingenia para hacerla más llevadera para todos… La sociedad no necesita reconstrucción, necesita que hagáis vuestro trabajo y planteéis soluciones a los problemas. Y si no podéis, al menos plantead certezas al futuro inmediato que se va presentando, por pocas que sean.

Pero ni esas. El lunes muchos vuelven al trabajo, y mientras los expertos dicen que las mascarillas son fundamentales para evitar contagios, aquí somos incapaces de garantizar el suministro a la población. Porque el problema no es si se regalan o no, sino garantizar que haya. Primero para los profesionales que están al frente de la batalla y, segundo, para el resto de la población. Que no hace falta regalarlas, pero sí que estén disponibles en farmacias y comercios.

Las certezas del Gobierno más bien están marcadas en función de la disponibilidad del material. Como hoy tengo mascarillas, hay que utilizar mascarillas. Hasta hace poco eran una tontería y muchos prebostes de la comunicación se reían por su uso. Se les caerá la cara de vergüenza ahora cuando repasen sus declaraciones, supongo. Eso, si tienen vergüenza, que muchos no la tienen.

Desde algunas fuentes sanitarias me han comentado lo mismo, cambios de protocolos que se dictan en función de la disponibilidad de material o medicamentos. Situaciones surrealistas, sí, pero a todas luces es lo que parece.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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