10 de abril

Sigo pensando en esta dinámica surrealista, de todo lo que hemos vivido durante la semana. Y recuerdo que el mismo día que RTVE estrena un memorial por las víctimas de la pandemia, estrena una comedia televisiva para echarnos unas risas por el confinamiento. En cualquier otra situación hubiera tenido su gracia y justificada su oportunidad, pero en medio de la mayor tragedia que vive España desde la Guerra Civil, pues no parece lo más adecuado. Hay indignación y justificación, también, por el tema de la serie. Entiendo las dos partes. La justificación, porque mucha gente está viviendo la pandemia con indiferencia, gracias a que no le ha tocado de cerca. Sólo sufren el confinamiento y las molestias que ocasiona el estado de emergencia. Y, probablemente, la crisis económica. De esa pocos escaparán. Pero de la peor parte de la pandemia, lo que es la enfermedad, la muerte, el duelo en solitario… esa parte muchos la ven en la tele y poco más. A lo que ayudan los medios de comunicación mostrando gran indiferencia por la tragedia humana que se está padeciendo. Para que todos se quieren volcar en la parte “positiva”, el heroísmo de los que luchan todos los días, la esperanza…

Más bien me parece la miserable banalización del drama que nos ha tocado padecer. Ya sea por sectarismo ideológico, por consignas, por insensibilidad, por convencimiento o por incompetencia; lo cierto es que el comportamiento mediático generalizado es de un superficial de alucine. Por eso  no es de extrañar que se puedan llegar a plantear cosas como la serie esta. Y por eso entiendo a los que la justifican, porque la ven con esa misma indiferencia con que los medios de comunicación muestran la realidad que vivimos.

A mí me parece de lo más desafortunado. Una decisión de RTVE sorprendente. Con la que está cayendo han mostrado una insensibilidad brutal con quienes están padeciendo en sus carnes la pandemia. Porque lo peor de todo no es la serie en sí misma, que probablemente sea hasta divertida. Sino por lo que representa el hecho de que se haga y se exhiba como si esto fuera para tomárselo a broma.

Yo no creo que, a día de hoy, nadie se plantease una serie de humor, por ejemplo, sobre cualquier circunstancia después de los atentados del 11M en Madrid; sobre cómo tuvieron que convivir en el País Vasco los perseguidos por ETA; sobre las extrañas peripecias que han tenido que soportar quienes buscan a sus antepasados asesinados en cunetas durante la Guerra Civil; o, más lejos aún, por la cotidianeidad de cualquier habitante que sufre cualquier pandemia de las que azota con cierta regularidad el continente africano. En cambio, sí que parece aceptable sobre el confinamiento en medio de una pandemia que está matando miles de personas. Y en medio del sufrimiento de esa pandemia. No me cabe decir otra cosa que ¡acojonante!. Porque es eso, en medio del sufrimiento. Que algunas parece que no se quieren enterar de que hay mucha gente que está sufriendo. Y no en el otro extremo del mundo, sino al otro lado de la puerta de su casa.

En fin, parte de ese surrealismo es la indiferencia que muestran muchos. Ese egoísmo que también nos ha llevado a echarnos las manos a la cabeza cuando vemos las cifras de muertos en los hogares de ancianos, pero que luego olvidamos al acabar el informativo. Este es un tema que también da mucho que pensar. Muy recurrente en las noticias cuando hay nuevas cifras estadísticas o cualquier anécdota (como cuando la UME encontraba cadáveres en las residencia que desinfectaba). Estas cosas conmueven, pero solo un instante, no sea que nos vaya a fastidiar el día.

Un tema que pasa sin pena ni gloria incluso a nivel político. Quizás sea porque las residencias de ancianos eran (y siguen siendo) competencia exclusiva de las Comunidades Autónomas. Y ante su abandono manifiesto no le pueden echar la culpa al Gobierno central. Aquí sí que no cuela la negligencia, la mala organización o la falta de equipamiento. Al menos hasta que se decretó la intervención de las residencias, estas estaban bajo la supervisión directa de los gobiernos autonómicos. Esto hace que la “mierda” llegue a todos los colores políticos, cosa que igual no interesa.

Las residencias se convirtieron en trampas mortales y nadie parece que moviera un dedo por evitar el desastre que se les vino encima. Tan triste como lamentable. Estoy convencido de que este tema lo pagaremos todos de alguna manera.

Muchos parecen olvidar que, tarde o temprano, todos llegamos a viejo, si la mala fortuna no interrumpe nuestro camino. Fortuna que se está cruzando hoy día en el de muchas personas, por todas partes, aunque las cosas parece que estén mejorando muy lentamente. Pero el sufrimiento no cesa por ello, ese permanece, aunque haya quienes prefieren tomárselo a risa.

Acerca de José 76 Articles
Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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