6 de abril

Lunes, pero como si fuera domingo o miércoles. En el fondo da igual, viendo la vida desde la ventana no parece que haya mucha diferencia. Pero sí, en el subconsciente hay algo que me dice que sí: es el comienzo de semana, otra semana más de confinamiento, de vivir una situación dramática e histórica con final incierto. Un final que, de momento, se alargará hasta el próximo 26 de mayo. Otra prórroga ya anunciada por el presidente del Gobierno en un infame discurso. Otro más.

Acabar acabará, eso lo tengo claro. Y como muchos dicen #estopasará. Un hashtag y una frase vacía de contenido. Una obviedad, porque la cosa no es que pase, sino cómo termina. El final no es salir, sino salir lo mejor posible. Igual que vivir no es sobrevivir, ni subsistir sin más. Y para eso hace falta un plan, una estrategia que seguir y corregir cuando haga falta. En cambio, en España parece que vayamos como pollos sin cabeza. Medida tras medida, “basada en la ciencia” o según “lo que dicen los técnicos”. Pero la realidad se parece más a la descrita hoy en el programa de radio de Onda Cero Más que uno, por Carlos Alsina: «Todo el día apelando a la ciencia y tomando decisiones a ciegas».

Que nadie estaba preparado para una pandemia, lo compro. Que las estimaciones de los expertos fueran desbordadas, lo compro. Que se cometan errores de todo tipo en una situación así, lo compro. Que el mundo se ha vuelto un lugar inhóspito en el que todos los países se comportan como aves de rapiña, lo compro. Incluso que España no estaba en condiciones de afrontar esta tragedia, lo compro. Lo que no compro es la arrogancia ni la manipulación con la que el Gobierno y otras autoridades locales y estatales están gestionando la crisis. Las del Gobierno las peores, porque de ellos depende todo, máxime cuando se decretó el estado de alarma que da poder “cuasi absoluto” al Gobierno para afrontar el problema. En cambio, lo que tenemos es una información sesgada o manipulada, discursos proselitistas y, casi lo peor de todo: arrogancia en el fondo y en las formas. Para muestras un botón, o dos: la entrevista en El Diario al vicepresidente Pablo Iglesias; y la entrevista en El Correo al ministro del Interior, Grande-Marlaska. Ambas del domingo, pero leídas esta misma mañana.

La primera, una suerte de propaganda aderezada de mentiras o medias verdades. No tiene desperdicio. Mientras apela a que el Gobierno está a trabajando a tope para salvar vidas y no tiene tiempo para las tonterías del facherío patrio (léase, las críticas de la oposición parlamentaria); su discurso proselitista es mera propaganda de la acción de gobierno y crítica encubierta (o descubierta más bien) a todo lo que no le gusta.

Y la otra, donde nuestro flamante ministro afirma que “este Gobierno no tiene ningún motivo para arrepentirse de nada”. Tranquilos, solo llevamos 13.000 fallecidos mientras escribo estas líneas. Pero según este señor, todo se ha hecho bien, porque de lo contrario sí que habría motivos de arrepentimiento. Arrogancia infinita aderezada incluso con mentiras. Otro que no tiene desperdicio. En este sentido comparto plenamente el comentario de Carlos Prieto en El Confidencial de hoy. Otro que también da su visión particular diaria de la pandemia.

A todas estas, al menos en la mañana todo parecen buenas noticias. No paramos de recibir suministros médicos, a los que se suma la producción nacional y voluntaria puesta en marcha. Y lo más importante. La estabilización de las cifras del coronavirus parece ser cierta. Al menos es lo que nos indican todas las autoridades. Esperemos que esto sí sea la humilde verdad.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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