1 de Abril

Ayer leía que el JEMAD (el máximo jefe de las fuerzas armadas en España) ha dejado de decir “sin novedad en el frente”, durante sus intervenciones en las ruedas de prensa conjuntas del comité gubernamental que hace frente al coronavirus. Una expresión muy castrense, de la que no me había percatado, así que he buscado intervenciones del JEMAD y voilà, efectivamente lo decía: “sin novedad en el frente”.

Pues señor JEMAD, ¿está usted loco? ¿O es que le parece normal lo que está pasando, no ya en España, sino en todo el mundo? ¿De verdad que no veía ninguna novedad en el frente? Pero, ¿dónde está su frente? ¿De qué frente hablaba? Ahora ya no lo dice, pero no porque hayan cambiado las cosas sustancialmente, al menos en los discursos oficiales, sino porque era polémico el comentario y, claro, algún asesor de comunicación le diría que cambiara.
Hay tantas novedades cada día, que solo me quedo con las cosas que más me llaman la atención o impactan en mi simple cotidianidad. Pero novedades, las hay, muchas y variadas.

Ayer a última hora me llegan mensajes preocupantes de una fuente fiable (relacionada con el mundo del transporte de mercancías) de que tiene problemas para sacar sus contenedores y fletes desde Hong Kong para España. Al parecer, los chinos ponen problemas, por lo que parece, para sacar tajada de la situación. Hasta ahí, nada fuera de lo normal en las miserias mercantiles. Pero me llamaron la atención dos comentarios. El primero, que muchas CCAA tienen mercancía retenida en Hong Kong que no podía salir. Una de ellas, Madrid, que tiene muchos problemas para el flete de su avión. Además, que el Gobierno central lo tenía crudo, porque los chinos no se cortaban un pelo en desembarcarte un avión si encontraban un mejor postor en el último minuto. Algo que ocurría con frecuencia, porque todo el mundo está pujando por los mismos productos. Y resulta que sólo los tienen los chinos, al menos en las cantidades que se demandan ahora. En mala hora convertimos a China en la fábrica del mundo, pienso yo (y medio planeta, especialmente los economistas que ya están abriendo debate sobre la deslocalización de la industria).

El segundo comentario, es más preocupante a medio y largo plazo: la posibilidad de que los chinos se estén preparando para una segunda oleada del Covid-19. Su falta de transparencia nos obliga a interpretar las señales, cosa que no hicieron los gobiernos occidentales antes (no sé a qué estarían jugando los CNIs de turno). Y las señales que provienen de Hong Kong, incluso en forma de vídeo con gente queriendo, y es literal, huir de China, deberían como mínimo investigarse. Porque si la actual situación ya genera miedo y horror, no quiero pensar lo que supondría una segunda oleada de este bicho.

Entre tanto, los españolitos estamos enzarzados en la guerra de datos y en los dimes y diretes. Que si el Gobierno miente, que si la oposición es desleal, que si los recortes, que si la manifestación, que si no se hace esto, que si no se hace aquello… arreglando España desde los salones. Afortunadamente muchos prefieren darlo todo donde de verdad hay que darlo, que es luchando contra la pandemia. Cuando todo pase, ya tendremos tiempo para volver al rifirrafe dialéctico. Ahora, especialmente los que dirigen, deben centrarse en lo importante, porque todavía nos queda mucha batalla por delante. Al menos es lo que reflejan los datos, máxime si vemos nuestro futuro. Es decir, si nos fijamos en lo que va ocurriendo en Italia, país del que estamos calcando esta amarga experiencia.

Y en cuanto a datos, las autoridades afirman que, a pesar de los malos datos (superamos los 9.000 fallecidos), estamos en una fase de estabilización. Que la tasa de incremento está decreciendo, lo que reduce el ritmo de crecimiento de infectados. ¡Mmmm! Buena noticia sí, si me la creyese. Y no digo que sea falsa o que mientan las autoridades, ¡Dios me libre! Es que todas las métricas se establecen en función de las estadísticas que se poseen. Cuando todo el mundo reconoce que el número de infectados es literalmente incalculable actualmente, básicamente porque no se están haciendo test de forma masiva; entonces, estás haciendo cálculos sobre una base que puede ser cierta o no.
No tienes ni idea, fundamentalmente.

Llegados a este punto, como llevo comentando desde hace varios días, sólo me importa la cifra de fallecidos. Porque esa es una tasa cierta (aquí parto de la base de que el Gobierno no miente) y la tenemos más o menos controlada. El margen de error en pacientes fallecidos por culpa del Covid-19 no contabilizados puede ser pequeño. Lamentablemente, el número de fallecidos sigue batiendo récords cada día, aquí la tasa de incremento sigue siendo creciente, no decreciente. No hablo de la proporción de fallecidos, respecto de infectados, que es de las más altas del mundo, no. Esta tampoco tiene sentido, precisamente por lo que he dicho antes. Si no conocemos los casos reales de infectados, esa proporción puede estar distorsionada. Hablo solo del incremento de fallecidos en una línea temporal. Los expertos le quitan hierro diciendo que estamos llegando al pico, comparándonos con lo que ha pasado en Italia. Ojalá sea cierto, pero esto sí que es jugar con la bola de cristal. También lo hacen los italianos.

De todos los datos que se tienen, el único que realmente me parece positivo es el de personas ingresadas en la UCI. Esta sí que es una estadística significativa, y que también han destacado las autoridades. A todas luces podemos ver (en la sección de datos de España de esta página se puede consultar) que se ha estabilizado. De verdad de la buena, al menos por ahora. Un dato para la esperanza, porque esta estadística viene a ser como la de fallecidos, el margen de error en los contabilizados es bajo. Y los que entran en UCI son los graves, los que realmente deben preocuparnos, porque de la evolución de los mismos dependerán los datos que nos ponen los pelos de punta. Cifras anónimas de miles de personas que no pueden ser honradas por sus familiares. Una auténtica tragedia nacional, pero que cuando escuchas las ruedas de prensa oficiales, solo hablan de cifras, el  pico, la curva y la mejora de la tendencia. Números vacíos, sin alma, pero que encierran un dolor contenido en familiares y amigos. Cuando el dolor no puede exteriorizarse, como es el caso, acaba convirtiéndose en ira.
Necesitamos llorar a los muertos, velarlos y honrarlos, pero esta maldita pandemia nos arranca incluso eso. La vuelta será dura por muchos motivos, pero lo primero que tendremos que lamentar es no buscar la forma de consolar a los que más han sufrido la pandemia en primera persona. Su dolor se puede tornar en ira, que sumado al miedo que crece en la población hará de España una olla a presión.

Veremos cómo se destapa.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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