28 de marzo

Hoy las cosas parece que se hayan salido de madre porque hemos sobrepasado los 5.000 fallecidos sobradamente. Esto parece un desastre, hablas con todo el mundo (es una de las cosas que más se puede hacer durante este confinamiento) y nadie se explica por qué muere tanta gente en España (de esto hablaremos más adelante). Y ante el panorama, como para darle más dramatismo al tema, esta tarde el presidente del Gobierno nos informa en rueda de prensa que mañana domingo habrá un Consejo de Ministros extraordinario (coño, como si desde hace un par de semanas fueran todos normales, esta semana lleva tres consejos), en el que se aprobará un Real Decreto para endurecer el confinamiento: sólo podrán realizarse las actividades esenciales. Es decir, que solo podrán ir a trabajar profesionales sanitarios, policías, militares y los del súper y poco más. Esto a expensas de conocer lo que pone exactamente el Real Decreto.

Y digo yo. Esto ya lo hizo Italia, así que seguimos yendo por detrás a pesar de que conocemos lo que vendrá después: el cierre total. Nos lo dicen los chinos, lo hacen los coreanos, pero los occidentales a lo nuestro, no hacemos caso. ¿Pero por qué no copiamos lo que ha funcionado en otros países? ¿por qué pretendemos ser más listos que nadie? Eso ya lo intentó Boris Johnson, sí, el primer ministro británico, y ahora está contagiado. Él, su ministro de sanidad, el príncipe Carlos… la que nos enterrará a todos es la reina de Inglaterra, que parece que nada le afecte. Debe ser que se conserva en formol (gin tonic, para entendernos).

Y en el plano internacional EEUU parece que batirá todos los récords, porque va a un ritmo espeluznante, esperemos que la curva de crecimiento en fallecidos no sea igual. Porque al final, esa es la importante. Ya tenemos claro que de las estadísticas de contagiados no nos podemos fiar. Dependen de un montón de variables. La principal, de si tienes test para realizar, que menos. La que de verdad importa es la de fallecidos. Pero ni aun así es de fiar. Países como China se han quedado atrás, pero claro, a ver quién es el guapo que se fía de un dato de una dictadura comunista que por mucha propaganda y mucha ayuda que den no se puede olvidar que el brote salió de ahí. Además, si hubieran sido más transparentes con la información inicial y la capacidad real del virus, el resto del mundo se lo hubiera tomado más en serio. Pero a lo que vamos, los datos de mortandad de muchos países no son fiables. No hay un estándar estadístico y habiendo política de por medio, nada bueno sale de ahí. Es triste, pero como hablaba con unos amigos esta tarde, lo cierto es que a nadie interesa que sus estadísticas salgan mal, ya sea por el prestigio exterior o por la necesidad de mantener la grey interior. Y España no escapa a estas banalidades. Muy penoso, lo sé, pero no por ello menos cierto. Aún con todo, España e Italia somos probablemente los más transparentes con las cifras, de ahí probablemente la explicación de la alta mortalidad en ambos casos. Pero tiempo habrá para entererarnos cuando esto se pueda investigar con calma.

Mientras, el trabajo del personal sanitario, celadores, de limpieza, fuerzas y cuerpos de seguridad, transportistas…. es el que realmente nos sacará de este embrollo. Personalmente me llama la atención el del personal de los supermercados. En la mayoría de los casos cobran una porquería, nadie se acuerda de ellos, no molestan ni alzan la voz nunca. Pero gracias a su trabajo yo tengo lo que necesito cuando voy a hacer la compra de la semana y, por qué no decirlo, muchos getas insolidarios se pueden dar su paseo diario menospreciando el riesgo para la salud de esta gente y el esfuerzo de toda la sociedad que permanece confinada en su casa. Como debe ser. Gracias a esos trabajadores mi familia y yo podemos vivir mejor.

Quién me iba a decir hace un mes que apreciaría tanto el trabajo del charcutero o la cajera del súper. Pero mira, me parece de justicia reconocerlo, así que gracias, gracias, gracias.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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