27 de marzo

La pandemia sigue expandiéndose a lo grande por Occidente. África parece mantenerse a salvo, aunque hay voces que alertan de que cuando llegue su invierno lo van a pasar muy mal si no se toman medidas preventivas. La mayor parte de los países africanos tienen un precario sistema sanitario o bien carecen del mismo, así que veremos como se apañan.

América Latina está aterrada, aunque parecen aguantar la pandemia. Algunos países reportan pocos casos y muchos van tomando medidas, menos Brasil y México. El primero porque su presidente dice que los brasileños no se contagian, con un par, y eso que hoy tienen 77 muertos contabilizados por el virus. Y México, porque su presidente parece que lo soluciona todo con amor y solidaridad. Me parece un memo irresponsable, pero espero por el bien de los mexicanos que la pandemia no les llegue fuerte, como a sus vecinos del norte.

Los datos de momento avalan la impermeabilidad latinoamericana, pero claro, a ver quién se fía de los datos. Precisamente todo el mundo está poniendo en cuestión ese tema. En Alemania y Holanda, por ejemplo, tienen muy pocos contagiados en comparación con los demás países, y menos muertos aún, pero resulta que ellos no cuentan a los ancianos que mueren. Vamos, que pasan de los viejos. De los holandeses era de esperar, ya que nunca se han caracterizado por liderar las marchas provida, pero de los alemanes no me lo esperaba. Me llega de una residente allí que efectivamente si un anciano se muere, se muere y punto. Nadie cuenta si fue por Covid-19.

En EEUU la cosa se ha disparado a lo bestia y lidera el número de contagios a nivel mundial, más de 80.000. Pero lo dicho, eso y nada es lo mismo, porque ya nadie se fia de los datos, especialmente de los contagiados.

Una amigo de aseguradora me dice que en epapaña las aseguradoras trabjaan con sus propias estadísticas para calcular el impacto de la pandemia y ellos multiplican las cifras oficiales por 10. Madre mía, estaríamos hablando de más de medio millón de contagiados. Pero es lógico pensarlo, si no se hacen test, no se pueden contabilizar. A lo que hay que sumar que muchos pasan la enfermedad sin saber que la han pasado, porque son casos leves y a esos ni si quiera se les trata. Los leves en casa con paracetamol y mucho agua, como un catarrito corriente.

Pero lo peor de estos días quizás sea la vileza con que la gente se está despedazando en las redes sociales. Los que defienden al Gobierno y los que le critican, pocos utilizan argumentos, van directos al insulto. La polarización social perenne en España ha explotado también con el coronavirus y ya no se respetan ni los muertos. Se nota el cabreo y la cosa se va caldeando, especialmente porque los que están dando la batalla en primera línea se van cansando, falta material de protección, recursos técnicos y humanos y, muy especialmente, la avalancha de enfermos en las UCIs lo está desbordando todo.

Y mientras tanto, vemos en las noticias como hay que devolver una partida de material esencial para atajar la crisis sanitaria porque el Gobierno ha hecho mal la compra… Esto nada más empezar el día.

José
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Diario de una pandemia es el relato de la experiencia informativa durante una pandemia, desde una perspectiva muy personal. Este texto no refleja las opiniones de ViveSaludable ni es un trabajo informativo del medio, solo son las reflexiones y opiniones del autor durante esta situación de emergencia.

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