Corrige el síndrome de hombros caídos

Evita el dolor y corrige la mala postura con unos consejos prácticos.

Lo que muchos expertos denominan síndrome de los hombros caídos está muy generalizado y la mayoría no son conscientes de ello. Estamos hablando de la tendencia a inclinar ligeramente el cuerpo hacia adelante, incluida la cabeza, curvando la espalda y encorvando los hombros. Una mala postura que cada vez se aprecia en más personas de distintas edades, debido a la incorporación de los ordenadores y los teléfonos móviles a nuestra rutina cotidiana.

Cuanto más nos encogemos y caminamos así, explica el quiropráctico Ata Pouramini, más tiende nuestro cuerpo a permanecer en esta postura. El motivo es la gran flexibilidad y control sobre el resto del sistema músculo esquelético de la espina dorsal. Al doblarse, provoca la curvatura del resto. Esta curvatura, a su vez, produce dolor o ciertas molestias que sólo se calman mientras sigamos encorvados, con los hombros caídos.

Además de lumbalgia y dolor de cervicales, el síndrome de los hombros caídos resulta antiestético porque nos hace perder altura y estilo, y favorece la apariencia de volumen en el vientre. Al estirarnos, “metemos barriga”, explica el autor de Escuela de la Espalda, pero, además, exhibimos una actitud menos cohibida, más poderosa.

Nunca es tarde para intentar corregir esta mala postura y para ello el experto nos ofrece los siguientes consejos:

  • Trabajar en la postura, tanto en reposo como en movimiento. Hay que procurar caminar erguidos, con los hombros en perpendicular a la cintura. Un ejercicio diseñado ad hoc para conseguirlo es caminar imaginando que se porta un vaso de agua lleno sobre la base del esternón, y que hay que evitar que se derrame el máximo posible de líquido. Si andamos rápido, manteniendo la postura, tenderemos a corregir los hombros caídos.
  • Si estamos sentados, debemos tratar de mantenernos apoyados en el respaldo el mayor tiempo posible, así evitaremos echarnos hacia delante por defecto.
  • Entrenar con ejercicios específicos, como poner una pelota de tenis entre los dorsales y tratar de mantenerla, mientras apoyamos la espalda contra la silla durante treinta segundos. Repetir el ejercicio cinco o seis veces, con un intervalo de otros treinta segundos entre ellos.
  • Realizar ejercicios de rotación, tumbados boca arriba, con los brazos levantados y girando el torso, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, en un ángulo de 45 grados.
  • Revisar nuestra actitud vital. La postura puede ser un reflejo de cómo nos sentimos. Si estamos cohibidos, si somos tímidos, si nos sentimos en un plano inferior, tendemos a encogernos físicamente. De ahí que se hable de posturas de poder cuando estamos erguidos, bien colocados y nos sentimos fuertes. Quizá sea también necesario bucear en nuestra autoestima.
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