“Miopía, hipermetropía, astigmatismo, presbicia, inflamaciones orbitarias y glaucoma pueden desencadenar una cefalea”

La cefalea, conocida popularmente como dolor de cabeza, es una de las patologías más comunes que existen. Según la Organización Mundial de la Salud, afecta al 50% de la población en algún momento de su vida, pero el porcentaje llega hasta el 75% si nos referimos a adultos entre 16 y 65 años en los últimos 12 meses. El hecho de que sea un problema tan habitual, tan “conocido” por la población y, en general, de origen benigno, hace que el autodiagnóstico y la automedicación estén muy extendidos.

Aunque muchos pacientes lo desconocen, las cefaleas pueden tener su origen en un problema o enfermedad oftalmológicos. De hecho, los defectos de refracción (miopía, hipermetropía, astigmatismo y presbicia) son los principales causantes de los dolores de cabeza de origen ocular debido a un exceso de acomodación. La acomodación, explica el Dr. David Antolín, director médico de Central Ocular, es la acción por la que el músculo ciliar se contrae para enfocar los objetos adecuadamente. Cuando el músculo ciliar tiene que hacer grandes esfuerzos para enfocar nítidamente, las terminaciones nerviosas del trigémino se irritan provocando cefaleas por irradiación.

“Los más afectados son niños y personas jóvenes con pocas dioptrías (defectos refractivos menores) que consiguen suplir sus problemas de visión con esfuerzo visual y sobrecargando el músculo ciliar. Es el típico dolor de cabeza que se produce al final del día, tras la jornada de estudio o de trabajo. Mucho menos habitual es mayores de 50 años, ya que a pesar de esforzarse para ver con claridad no consiguen enfocar y acuden a nosotros, los oftalmólogos, antes de que se produzca la cefalea”, aclara el Dr. Antolín.

Otra causa de cefalea ocular se da en pacientes con trastornos motores que impiden un movimiento simétrico de los ojos. El que más cefaleas produce es la insuficiencia de convergencia, que impide a los ojos funcionar juntos al mirar objetos cercanos, es decir, uno de los ojos no consigue desplazarse hacia dentro junto con el otro ojo, provocando visión borrosa, hecho que el músculo ciliar trata de corregir haciendo el sobreesfuerzo que provoca el dolor de cabeza. “No hablamos de los estrabismo que se producen en la infancia, ya que el cerebro se adapta rápidamente a la situación y no dan lugar a dolores de cabeza. A no ser, eso sí, que sea un estrabismo agudo (de aparición repentina). Tanto por esta patología como por los posibles problemas refractivos, son tan importantes las revisiones periódicas en los niños, ya que al no poder explicar lo que les pasa, los oftalmólogos, con unas sencillas pruebas, podemos detectar lo que les ocurre y corregir los problemas de visión y, por extensión, acabar con el dolor de cabeza” matiza el especialista.

También hay patologías específicas oftalmológicas que pueden provocar dolor de cabeza por aumento de presión tanto en el ojo como en la órbita. Las inflamaciones orbitarias, ya sean de causa infecciosa (celulitis), traumática o tumoral pueden desencadenar importantes cefaleas perioculares que se irradian, además, a la zona frontal y parietal de la cabeza. Por otra parte, las propias inflamaciones intraoculares, como la uveítis (inflamación de la capa media del ojo situada entre la esclerótica y la retina) o la iridociclitis (inflamación crónica o aguda del iris y del cuerpo ciliar) pueden producir dolores de cabeza.

Otra patología oftalmológica que puede provocar una cefalea intensa es el glaucoma agudo. Este tipo de glaucoma se produce cuando se produce una importante subida de la presión intraocular que, además de provocar el deterioro del nervio óptico, presenta un profundo dolor en el ojo afectado que se irradia a toda la cabeza, llegando incluso a la nuca, visión borrosa y percepción de halos o auras alrededor de las fuentes de luz.

“En estos casos, se debe acudir a un oftalmólogo de forma urgente, ya que existe riesgo de perder la visión del ojo afectado o que esta se vea reducida considerablemente. El glaucoma agudo o de ángulo cerrado, se produce porque se cierran totalmente las vías de drenaje del humor acuoso que el ojo produce constantemente de una forma natural. En estos casos, el tratamiento consiste en la instilación de gotas para reducir de forma rápida la presión intraocular y la aplicación inmediata de láseres o microcirugía, con el objetivo de reparar y/o desobstruir las vías de drenaje para que pueda salir el humor acuoso y se reduzca al presión intraocular”, matiza el Dr. Antolín.

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