“La cultura gastronómica innata de los españoles es una gran ventaja para el éxito de una asignatura de educación nutricional en la escuela”

“La cultura gastronómica innata de los españoles es, sin duda, una gran ventaja para que la implantación de una asignatura de educación nutricional en el sistema educativo español tuviera éxito”. Así lo cree, la doctora Kayo Kurotani, responsable de la Sección de “Shokuiku” (Educación Nutricional) del Instituto de Innovación Biomédica, Salud y Nutrición de Japón, que ha participado activamente en la introducción de esta asignatura en las aulas de formación primaria y secundaria de su país. Kurotani ha visitado Madrid de la mano de la OPPF-4 (Organización de Productores de Pesca Fresca del Puerto de Vigo) para exponer en una conferencia el programa nutricional japonés y su impacto “tremendamente” positivo en los índices de obesidad infantil, que se ha reducido de forma palpable, o en la prevención de enfermedades cardiovasculares de aquel país, entre otros aspectos.
Así, la Conferencia de Kurotani se inscribe en la acción “Promoción del consumo de pescado en la población infantil a través de la educación nutricional” del “Plan Plurianual de Producción y Comercialización 2018-2020” de la OPPF-4, que ha encargado a la doctora la realización de un informe sobre el origen, la puesta en marcha y los resultados del programa japonés para contemplar su potencial extrapolación a la escuela española.
Según ha expuesto la doctora en su conferencia, el programa japonés, que implica no sólo a centros y escolares, sino también a las familias, ha permitido además mejorar y optimizar la colaboración entre distintas industrias alimentarias, lo que, a su juicio, y hablando de salud, es muy positivo para el conjunto de la sociedad. Asimismo, el Shokuiku ha generado un incremento del consumo de vegetales y pescados por parte de los escolares, así como una disminución de la comida desperdiciada, al disponer los alumnos de conocimiento sobre las propiedades y el origen de los alimentos.
La doctora ha explicado que el conocimiento de los alimentos y su impacto en el organismo a consecuencia de la puesta en marcha del Shokuiku ha convertido la alimentación en un auténtico vehículo para conocer otros pueblos y culturas, y para incrementar el arraigo con las propias regiones y áreas locales en las que se ha puesto en marcha el programa. Igualmente, el Shokuiku ha permitido entender más en profundidad el equilibrio entre demanda y oferta de la industria alimentaria y las situaciones críticas que crea o puede crear la ruptura de ese equilibrio. A este respecto, y según ha indicado Kayo Kurotani en su disertación, la demanda de un mayor conocimiento de la cultura española ha sido evidente desde que el programa introdujo en la dieta escolar de Japón el gazpacho y la sopa de ajo, entre otros platos españoles.

La colaboración, el pilar del éxito
La doctora Kurotani ha visitado nuestro país atraída por el proyecto EduKsano, una iniciativa liderada por ARVI y respaldada por dieciséis asociaciones de diversos ámbitos de la sociedad civil, como consumidores, sector primario, industria alimentaria, distribución comercial, padres de alumnos y chefs, que trabajan para solicitar al Gobierno la introducción de una asignatura obligatoria de Educación Nutricional en los colegios españoles.
Según ha expuesto Kayo Kurotani, uno de los impactos negativos más acusados a consecuencia de las nuevas dinámicas y hábitos de vida es el que afecta a la alimentación. Kurotani ha llamado la atención sobre el hecho de que mientras se ha fomentado, tanto desde las administraciones públicas como desde la propia industria privada, la práctica del deporte y la educación física, no exista, de manera más global, una llamada hacia la necesidad de dotar a los escolares de una mayor cultura sobre alimentación, y aún más teniendo en cuenta los resultados logrados por proyectos nacionales como el Shokuiku.
Este tipo de proyectos, ha señalado la doctora, permite cambiar los hábitos alimentarios y adoptar una dieta más saludable en tan sólo una generación, ya que el plan se basa en un recorrido cíclico que se retroalimenta. Así, el desarrollo de buenos hábitos alimentarios en la infancia y la posterior expansión de las buenas experiencias con la comida durante la etapa de la niñez y la adolescencia crean adultos concienciados que aplicarán estas mismas normas a la hora de tener hijos. Además, los adultos, una vez llegados a la tercera edad, convertirán estos mismos hábitos en cultura y conocimiento que también impactarán en la siguiente generación.
Apoyándose en la experiencia japonesa, la doctora Kurotani cree que España, por sus lazos culturales inigualables con la gastronomía y su “aprecio” por los alimentos es un país que partiría con ventaja para la implantación de un programa que desencadenará la introducción de la Educación Nutricional en los colegios. A este respecto, Kurotani ha señalado que el éxito de un programa de este estilo descansa en la colaboración entre los distintos agentes que intervienen en la industria alimentaria, así como entre las distintas administraciones que lo regulan.
En el caso japonés, el proyecto está refrendado por los ministerios de Educación Cultura, Deportes y Ciencia y Tecnología, el de Salud, y el de Agricultura, Bosques y Pesca. Igualmente, y bajo este paraguas, el proyecto ha aglutinado a profesores, educadores, cocineros, padres, distintos estamentos del entorno de la sanidad (dentistas, médicos de colegios o farmacéuticos). Un ejemplo palpable de esta colaboración lo demuestra el hecho de que, si bien existían 2.600 licenciados en educación nutricional en Japón en 2009, esta cifra ha crecido hasta los 6.000 en 2017.

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