Vivir a las afueras reduce la mortalidad asociada a la contaminación acústica

Vivir en un chalet a las afueras de la ciudad no sólo es cuestión de lujo. En la periferia no se dan niveles tan altos de contaminación acústica como en las urbes, que son peligrosos epicentros del ruido debido a la mayor exposición por la alta densidad del tráfico, entre otros factores. En este sentido, España se sitúa en segunda posición en el ranking de países más ruidosos del mundo, sólo por detrás de Japón, según la National Academy of Sciences Report. Este tipo de contaminación supone un importante riesgo para la salud. Concretamente, la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y respiratorias asociadas a altos niveles acústicos es entre un 4 y un 6% más elevada en las personas mayores de 65 años que viven en Madrid.
El portal inmobiliario Vitrio, consciente de la importancia de elegir una ubicación de la casa que no perjudique a la salud, ha analizado cómo las áreas periféricas contribuyen al bienestar de los residentes.

A menor población, menos tráfico y menos contaminación acústica
El aumento de la población en las grandes ciudades ha hecho crecer también el volumen del tráfico, que es el principal causante de la contaminación acústica. Concretamente, la circulación de coches produce más del 80% del ruido que se escucha en la ciudad. En las capitales de mayor tamaño, como Barcelona, donde a principios de 2017 había casi 600.000 turismos, el problema es especialmente serio.
Las zonas de extrarradio son la otra cara de la moneda. El menor número de habitantes y los movimientos pendulares de la población hacia las ciudades favorecen que las travesías en coche se realicen mayormente por carretera hacia la urbe, y no tanto dentro de las urbanizaciones.

La distancia de los centros turísticos favorece una vida más tranquila
Las principales capitales son grandes focos de atracción de visitantes en busca de ocio durante gran parte del año. Este factor favorece también la contaminación acústica, sobre todo donde se producen grandes aglomeraciones. El barrio de la Sagrada Familia en Barcelona, que recibió en 2016 a 4,5 millones de visitantes, y los alrededores del Museo Reina Sofía en Madrid, que fue visitado el año pasado por casi 4 millones, son algunos ejemplos.
Las ciudades dormitorio, localidades circundantes a las grandes ciudades, no sufren este problema. Son de nueva construcción, por lo que no suelen contar con reclamos históricos importantes, y las zonas de ocio no están masificadas. En este contexto, los residentes pueden llevar una vida más tranquila alejada del ruido que generan las grandes concentraciones de personas en la ciudad.

Las unifamiliares espaciosas con piscina y jardín aumentan el bienestar y reducen el estrés
La superficie sin edificar es mayor en las zonas periféricas, lo que favorece la construcción de residencias unifamiliares exclusivas. Estos proyectos inmobiliarios no sólo están distanciados del bullicio de la ciudad, sino que suelen estar compuestos por viviendas más grandes y con más extras. De ahí que inmobiliarias y promotoras se hayan lanzado a invertir en proyectos de viviendas unifamiliares con piscina privada y jardín como, por ejemplo, la Finca La Favorita, en Majadahonda.
El precio más alto de este tipo de casas implica una mayor capacidad de ahorro. Por ello, suelen ser adquiridas por propietarios de edad avanzada y con solvencia económica que buscan mejorar su bienestar. Y es que contar con espacios para relajarse dentro y fuera de la vivienda permite desconectar, reduce el estrés y mejora la salud de los residentes, según los expertos de Vitrio.

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