La depresión en la era de Mr. Wonderfull

Cómo prevenir esta enfermedad mediante la terapia cognitivo conductual, con Pilar Conde, directora técnica de Clínicas Origen.

Trescientos millones de personas en todo el mundo padecen depresión, según cifras aportadas por la Organización Mundial de la Salud, que la considera la segunda enfermedad con más impacto en la salud a nivel global. Una cifra muy elevada si tenemos en cuenta que su presencia social continúa siendo, en pleno siglo XXI, silenciosa y, casi encubierta.

En plena era de la llamada inteligencia emocional, mientras las redes sociales y los medios de comunicación se llenan a diario de mensajes motivacionales y llamadas a la felicidad, muchas personas padecen trastornos asociados a la depresión, como tristeza, melancolía o apatía. En otros casos se están tratando con medicación ayudados por un psiquiatra.

Para la psicóloga, Pilar Conde, el origen de esta invisibilidad de la depresión, es el estigma que vienen padeciendo a lo largo del tiempo las personas que son tratados de problemas asociados a la salud mental. Un handicap que agudiza el problema, puesto que, por un lado, las personas que sufren depresión sienten rechazo o incluso se culpabilizan. Por el otro, tardan en acudir a un profesional. Cuando lo hacen, son derivados a un psiquiatra, suelen precisar de medicación y los cuadros pueden ser agudos.

En este punto es, según la directora técnica de Clínicas Origen, donde debe variar el punto de vista de tratamiento de la salud mental. La depresión se puede prevenir, aclara la experta, para quien ir al psicólogo cuando comenzamos a notar los primeros síntomas de malestar es la mejor  manera de controlar esta enfermedad. Empleando un símil muy de nuestro tiempo, este profesional debería ser contemplado como nuestro “entrenador emocional”. Su herramienta básica, aclara, es la terapia cognitivo conductual.

Las fases de la terapia cognitivo-conductual
Esta metodología se basa en tres conceptos clave: cómo pensamos, cómo sentimos y cómo actuamos. Si estas tres esferas en las que el individuo se mueve en su vida, explica Conde, se comunican de manera inadecuada comienzan las dificultades psicológicas. La terapia se centra en aprender herramientas que permitan a las personas mejorar en la gestión de estas tres áreas y en la comunicación entre ambas. Su duración debería prolongarse entre los tres y cinco meses, puesto que , como ocurre con otro tipo de tratamiento, su interrupción inadecuada puede producir recaídas. La asistencia deberá ser indicada por el terapeuta, pero la pauta común es un comienzo semanal, para después acudir  de manera quincenal y realizar luego un seguimiento mensual.

A lo largo de este tiempo se suceden distintas fases. La primera es la evaluación , en la que la persona a tratar explica sus dificultades y el psicólogo emplea diversas herramientas para evaluar su nivel de malestar. En la segunda, la persona comienza a comprender qué le está sucediendo . En la tercera se abordan las herramientas con las que se va a trabajar para poner freno a las dificultades, y, por fin, la última, consiste en un periodo de apoyo y seguimiento.

La terapia cognitivo conductual proporciona, pues, accesos al conocimiento y las herramientas para encontrarnos mejor. En este sentido, la psicóloga de Origen la considera un instrumento al servicio de la felicidad. Todos, sin necesidad de tener síntomas depresivos, podemos acudir a un terapeuta para gestionar nuestras emociones , conocer nuestros obstáculos y fortalezas,  y sortear mejor los problemas. La depresión se puede curar, también se puede prevenir y la felicidad se puede trabajar.

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