“No me fascinan tanto los deportistas que consiguen muchos logros, sino aquellos que superan grandes obstáculos”

Valentía, carisma, inteligencia, belleza, coraje y determinación no le faltan a la atleta Gema Hassen-Bey, una mujer heroína a la que ninguna discapacidad le impide brillar.

Muchas veces el camino de la vida se presenta complicado no para obligarnos a parar, sino para invitarnos a impulsar nuestro coraje y fortaleza. La vida de Gema Hassen-Bey le tocó con dureza cuando sufrió un accidente de tráfico, a los cuatro años, que la dejó en silla de ruedas. Ahí comenzó un difícil camino, marcado por un tremendo instinto de superación que la llevó a crecer de forma exponencial ante las adversidades. Conocer sus logros nos lleva a no hablar de discapacidad, sino de heroicidad, así como de una extraordinaria fuerza para perseverar y resistir a pesar de los obstáculos.
Esta madrileña de 51 años, pionera de la esgrima paralímpica, consiguió sus dos primeros metales para España en los Juegos de Barcelona 92. Desde entonces la atleta ha participado en cinco Juegos consecutivos y ha sido portadora de la antorcha de los Juegos de Atenas 2004.
Pero esto no es más que una pincelada en su vida si hablamos de su próximo reto, ser la primera mujer en silla de ruedas en alcanzar la cima del Kilimanjaro, el techo de África, nada menos que 5.985 metros. Y lo hará con su Handbike, una bicicleta en la que se pedalea con las manos y se conduce desde el manillar. Se trata de un proyecto deportivo, tecnológico y de emprendimiento social promovido por la asociación Bey proAction, Ya con anterioridad logró subir al monte Abantos y a la Bola del Mundo, en la Comunidad de Madrid, y fue la primera mujer del mundo con lesión medular en superar la barrera dl los 3.000 metros en el Teide.
Su trayectoria, jalonada, sin duda, por el mérito y el carisma, resulta admirable. Y es que, además del deporte ha cultivado con éxito otras facetas: la solidaridad, la comunicación, la música o cine, otros cuatro pilares en los que Hassen-Bey destaca. Como licenciada en Ciencias de la Información, ha presentado programas de televisión; canta y toca la guitarra con un disco a sus espaldas como muestra de su talento; ha participado en varias series españolas y su inmersión en el cine se podría escribir en mayúsculas, de la mano del aclamado Pedro Almodóvar, con Carne Trémula. Y como ejemplo de su solidaridad, su lucha por conseguir que la mejor tecnología que permita a la gente parapléjica, o con movilidad reducida, que vive en zonas abruptas contar con un vehículo con el que poder gozar de mayor accesibilidad. Su lema no podía ser otro: “Si te mueves tú, el mundo se mueve contigo”

¿Cuál ha sido tu gran motivación para convertirte en la campeona que eres?
Si soy fuerte es porque soy consciente de que soy débil. La fortaleza y la fragilidad van juntas. No solo hay que hablar de éxito y triunfo sino también de los momentos difíciles porque al final eso es lo que lleva a alcanzar las metas.

¿Cómo sobrellevas la presión que generan las competiciones?
Creo que no funciono como una deportista al uso. Muchas cosas del deporte están muy masculinizadas. Mi finalidad no es lucir un trofeo, eso me recuerda a cuando el hombre tenía que salir a cazar para luego lucir su premio. Creo que las mujeres vivimos el deporte de una manera menos competitiva y somos más colaborativas. Hago deporte porque me fijo un reto, lucho por él, supero todos los obstáculos y no me rindo. Es verdad que, aunque yo soy la que subo a las montañas, no podría hacerlo si no hubiera una labor de equipo. Los individualismos no nos ayudan y sí el fusionarnos y trabajar en equipo.

¿Nos podrías contar cómo es tu día normal de entrenamiento? ¿Cambia la rutina si se acercan unos Juegos Paralímpicos?
Al principio, cuando hacía deporte, lo compaginaba con el trabajo en una empresa o con mis estudios. Ya con la vista en los Juegos, como estos son cada cuatro años, trabajaba los dos primeros y me quedaba en paro los otros dos. Era un momento en el que no tenía las ayudas con las que ahora contamos y el deporte te exige mucho. Hoy en día me considero, a la vez, deportista y emprendedora social. Ya no basta con ir a una sala de esgrima donde está todo hecho y solo te tienes que preocupar de dar la clase. Ahora tengo que preparar la logística de los proyectos. Soy la primera mujer que hace montaña en silla y eso implica tener que decidir sobre el tipo de entrenamiento específico a realizar o cómo desarrollarlo. Cuento además con un equipo base de quince personas que me van preparando.
Arranco el día con dos horas de entrenamiento y luego gestiono todo lo que conlleva mi actividad como emprendedora social: la búsqueda de financiación, el desarrollo de las start-ups y los equipos… Por la tarde vuelvo a realizar distintas disciplinas deportivas. Pero en el deporte de montaña es esta la que manda. Ya no estás en una sala, sales de tu zona de confort, pueden pasar mil cosas y dependes de la meteorología o el terreno. El reto entonces se convierte en aventura.

Durante la subida al Teide, ¿hubo algún momento en que pensaste en tirar la toalla debido a la dificultad?
Nunca. Hubo situaciones difíciles porque tuvimos que retrasar mucho el momento de salida, ya que no nos llegaba a tiempo la financiación. Se nos echó encima el invierno, el frío y el fuerte viento. Esto nos retrasó y nos obligó a tener que pasar dos jornadas en una tienda de campaña, pero al final llegamos un día antes de lo previsto. Recuerdo que le dije al coordinador y al equipo: “que la gente coma lo que sea y pare en el campamento. Yo ya no voy a parar hasta el 3.000”. Pero al final, todos decidieron comer sobre la marcha y se pusieron a trabajar como un reloj hasta que alcanzamos esa cima. La gente me ayudó de forma voluntaria en algo que, a priori, parecía imposible. Fue un auto de fe.

¿Para tu reto de alcanzar la cumbre del Kilimanjaro has contado con algún tipo de apoyo de las empresas, asociaciones o instituciones?
Espero que al dar a conocer el reto me ayuden mucho más, porque lo van haciendo, pero despacio. Las empresas, al principio, cuando les hablaba de subir el Kilimanjaro pensaban que se trataba de una locura. No se implican hasta que visualizan los valores que entraña o el esfuerzo y el legado que va a quedar. Recibo más ayuda de las personas a través del crowfunding Diverscity, una plataforma colaborativa que he creado dentro de la asociación Bey proAction

Háblanos de tu faceta más solidaria y de esta asociación.
Junto con el coreógrafo Rafa Méndez, he fundado la asociación Bey proAction para pasar de la pasividad a la proactividad, e integrar a personas discapacitadas en la sociedad a través de disciplinas artísticas y deportivas. El objetivo de la asociación es dejar un legado de tecnología para facilitar la movilidad a personas que viven en un entorno rural, selva, montaña, nieve…  Se creará una HandBike para que pueda alcanzar la cima del Kilimanjaro, pero esta silla se comercializará también para que otras personas con movilidad reducida puedan tener acceso a lugares difíciles. Asimismo, se creará una tecnología que permita construir prendas apropiadas para protegernos del frío y que regulen la temperatura del cuerpo.

¿Quiénes son para ti los referentes en el deporte paralímpico español?
Cada historia de los deportistas es un testimonio de superación.
No me fascinan tanto los deportistas que consiguen muchos logros, sino aquellos que superan grandes obstáculos. Hay muchos compañeros que no son tan conocidos pero que tienen una historia muy bonita y para mí eso tiene mayor valor. Me he ido un poco de la práctica oficial del deporte porque los mensajes que recibía con motivo de las medallas y la presión a la que se nos somete no iban conmigo.

¿Qué ha supuesto para ti cada medalla?
Todo el mundo corre para tomar la foto cuando un deportista obtiene una medalla, pero cuando no la consigue, nadie se acerca. Soy la misma con o sin ellas. Nunca hice deporte para ganar medallas o para fotografiarme luciendo una. Pero sí con mi espada, que para mí tiene gran valor y me acompaña siempre. Tenemos que reflexionar sobre lo que significa el éxito porque en la vida a veces estas arriba y otras abajo. Lo importante no es la meta, sino el camino.
Vivimos en un momento en el que se sobrevaloran las medallas. El Comité Paralímpico está cometiendo el error de perseguir esto, cuando su esencia es otra. Hay que valorar las historias de superación de los deportistas y apoyar las bases.

¿Qué es para ti el deporte?
Una herramienta muy fuerte de autosuperación, mi filosofía de vida. Yo superé un cáncer de mama, en gran parte por mi determinación. Para mí era una batalla que tenía que librar contra las células malignas, así que decidí ser positiva y trabajarlo como si fuera una cima. Al final resultó muy bien. Los médicos me dijeron que algunos de los factores que me habían ayudado a superar la enfermedad en tan poco tiempo habían sido el ejercicio físico, el contacto con la naturaleza, el cambio que hice hacia una mejor alimentación y mi mentalidad positiva.

¿En qué basas tu alimentación?
Intento ingerir alimentos que no sean transgénicos y plantar lo que consumo. Me puedo comer unas lentejas con verduras biológicas y, pasada una hora, estar haciendo deporte. Me inclino hacia los productos más saludables, como la quinoa o la leche de soja, y he reducido otros como la carne roja. En general, le doy bastante importancia a la composición de los alimentos. Eso no quiere decir que un día me salte las normas, pero hay en mí una inercia que me mueve a cuidar de mi salud y ser coherente con mi vida. No importa tanto el tiempo que estamos aquí, sino el aprovecharlo bien.

¿Crees que están justamente valorados los deportistas discapacitados tanto por los medios como por el público en general?
Todavía no, pero estamos en el camino. Con el tiempo se llegará a valorar más a estos deportistas porque trabajamos con la misma exigencia que los olímpicos. Hay que tener en cuenta también que muchas veces entrenamos con deportistas sin silla de ruedas, como ha sido mi caso en la esgrima, y los superamos. Además, llevamos el plus de la superación diaria, no solo de la deportiva.

¿Qué barreras has encontrado en tu carrera como deportista? ¿Y en tu vida diaria?
Muchas porque yo soy una chica diversity. Me define mi orientación sexual, mi particular apellido Hassen-Bey, ser mujer, pequeña, rubia… Pero a pesar de las barreras, soy una guerrera del siglo XXI. He contado con mi espada, que me ha ayudado a conectarme con muchas personas que también luchan. Para mí los obstáculos son solo retos a enfrentar.

¿De qué forma os acompañan las empresas e instituciones a los deportistas?
Un deportista tiene lesiones, pero si es paralímpico, suele sufrir una sobre otra. Por ese motivo, las empresas no deberían despedirnos, sino cuidarnos siempre, sobre todo si hemos representado a nuestro país o hemos aportado medallas. Así conseguiremos que los proyectos se desarrollen. No deberíamos ser usados y tirados porque nosotros podemos legar nuestra experiencia a los que vienen detrás. Tengo muchos compañeros de la generación de los “cienmedallistas” que ahora están olvidados. O desarrollas tu propio proyecto, como es mi caso, o no tienes otra vía de supervivencia. Los paralímpicos, cuando dejan de hacer deporte, deberían tener una asistencia médica vitalicia y una pensión. En definitiva, un reconocimiento a su trabajo. Yo llevo veinte años con el deporte y he vivido cinco Juegos. En otra profesión seguro que estaría considerada, habría cotizado a la Seguridad Social y no tendría que estar obligada a reinventarme.

¿Qué consejo darías a una persona que quiera seguir tus pasos y convertirse en deportista de élite?
No me gusta ser modelo de nadie ni que me idolatren, porque les puedo fallar. No soy una persona minusválida ni tampoco una superwoman. Tengo mis días buenos y mis días malos, y además me gusta que sea así. La vida es un regalo. Hay que soñar. Venimos aquí a cumplir nuestros sueños. No importa que sean grandes o pequeños. Si luchas por ellos y no te rindes, la vida te pone a prueba, pero luego te premia. No nos olvidemos que vivimos en un mundo conectado y lo importante son los valores y las personas. Si te mueves tú, el mundo se mueve contigo y eso es lo que yo hago cada día.

¿Alguna otra pasión después del deporte?
La comunicación. He participado en cinco Juegos Paralímpicos y en los sextos no lo hice desde dentro porque estaba en TVE y decidí contribuir a un proyecto muy bonito. Se trataba del primer resumen paralímpico de la historia. Fue en los Juegos de Londres y se hizo con el mismo tratamiento que los olímpicos. En esa época, y después de haber conseguido una media de cien medallas en los juegos de Barcelona, Atlanta y Sídney, la televisión nos dedicaba a los paralímpicos solo cinco minutos de emisión en la madrugada. Yo presentaba por entonces el programa El mundo se mueve contigo, que acercaba la realidad social de las personas con capacidades diferentes en nuestras ciudades. Entonces decidí acudir a hablar con el director de Deportes y con el Comité Paralímpico. Les conté todo lo que yo podía aportar en los Juegos como comunicadora, ya que soy periodista y mi pasión es el deporte, y así conseguí hacer del proyecto una realidad.

¿Ayudó a abrir nuevos caminos tu decisión?
Sí, por supuesto. En los últimos Juegos se ha vuelto a repetir y resulta muy satisfactorio haber conseguido algo cuando todo el mundo decía que no se podía. Pero a veces las personas se conectan y, si estás dispuesto a luchar, todo se puede conseguir. Yo sacrifiqué mi participación en los Juegos, pero consideraba que eso era más importante porque ya había vivido cinco, y esto suponía un nuevo desafío para mí y para los paralímpicos

¿Dónde quedó aquella época tuya como cantante y músico, con un disco en el mercado, o como actriz, de la mano de Almodóvar?
Cuando tengo algo de tiempo en casa, toco la guitarra o los teclados, canto, hago diseño de sonidos con un sampler. Todo esto me ayuda mucho. Tengo un proyecto ahora que no puedo desvelar. También la interpretación es mi pasión, pero es difícil abrirse camino y conseguir papeles para una actriz en silla.

¿Qué nota le darías a la accesibilidad en España? ¿Y en relación con otros países de Europa?España es un país solidario y se ha avanzado en este sentido, pero faltan muchas cosas por hacer. No entiendo cómo el hombre ha podido llegar a la Luna, pero nosotros no podemos ir a comprar el pan. Nos seguimos encontrando obstáculos y además hay muchas trabas burocráticas para implementar cualquier cosa. ¿Por qué encontramos tantas dificultades con la avanzada tecnología que hemos desarrollado? Es una pena que, una vez que has superado un accidente o enfermedad y quieres salir a luchar, el mundo te lo ponga tan difícil. Y es que, además de las trabas físicas, seguimos encontrando muchas barreras mentales.

En tu plataforma www.diverscity.es y en redes sociales, compartes tus experiencias. ¿Qué te aporta y qué aportas a la gente desde estas herramientas?
Es muy bonito porque se respira solidaridad. Todos nos ayudamos. El reto es ayudar a quien me ayuda y yo necesito de la ayuda para hacer el reto.

Marisa Sardina
Acerca de Marisa Sardina 120 Articles
Redactora y Responsable de cierre de edición de Vive Saludable.

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