Sobrellevar las alergias

La primavera no tiene por qué ser un suplicio para los alérgicos, podemos aliviar sus síntomas.

Aunque no lo parezca con estos fríos invernales que todavía recorren España, ya estamos en primavera y, con ello, en la estación más alérgica del año: picores, estornudos, nariz que moquea, tos, congestión, lagrimeo… Un calvario para los alérgicos, que pueden combatir sus síntomas si saben a qué enfrentarse.

Para ello, lo primero es tener claro que las alergias se pueden producir todo el año, el hecho de que aumente en primavera ya es un dato interesante para los alérgicos, porque supone una reacción al polen de alguna planta que poliniza durante esta estación; Y probablemente la culpable sea la gramínea. Según explica la Dra. Carmen D’Amelio, especialista del departamento de alergología de la Clínica Universitaria de Navarra, “tras el contacto del polen con la mucosa nasal o conjuntival en un paciente alérgico, las moléculas alergénicas son reconocidas por los anticuerpos que se han formado como consecuencia de exposiciones previas en dichos pacientes y que circulan en la sangre, unidos a células de la alergia como mastocitos o basófilos, abundantes en la piel y mucosa respiratoria. La unión de estas con el alérgeno desencadena su ruptura, liberando los gránulos que contienen en su interior, y en donde se almacenan sustancias químicas biológicamente activas como la histamina, capaz de producir los típicos síntomas de picor y enrojecimiento que presentan los pacientes alérgicos”.

No todas las plantas producen polinosis
Todas las plantas polinizan, pero sin embargo, no todas producen polinosis. Aquellas que polinizan a través del viento, y no de los insectos, son las que producen la gran mayoría de las alergias respiratorias. Por lo general son plantas que carecen de flores vistosas, ya que no tienen que atraer a los insectos y, como se sirven del viento, sus granos de polen suelen ser más pequeños, livianos y numerosos. Por todo esto se deduce que el polen de las flores de colores vivos, con pétalos vistosos y aromáticas no suele desplazarse por el aire a grandes distancias. Sería necesario encontrarse en estrecha proximidad de las plantas para que los síntomas fueran importantes y, por ello, es menos probable que causen alergia sintomática a una proporción importante de la población.

En los últimos años se ha registrado un aumento en las enfermedades alérgicas en general. Tal y como explica la doctora, “este hecho multifactorial puede ser debido tanto a factores genéticos que definan la predisposición de un individuo a padecer una enfermedad alérgica, como a factores ambientales como la frecuencia de exposición a los diferentes pólenes (algunos de ellos, alergénicos) a lo largo de la vida. Además, en 1989, David Strachan propuso la ‘Hipótesis de la Higiene’, según la cual el aumento creciente de las enfermedades alérgicas se debe a la disminución de la exposición en edades tempranas de la vida a distintos alérgenos, gérmenes o agentes virulentos, lo que hace que el sistema inmunológico del individuo reaccione de forma ‘exagerada’ frente a estímulos que, como los pólenes, deberían ser inocuos. Se ha propuesto que esta hipótesis podría estar en relación con el hábitat (principalmente en medios urbanos), la excesiva higiene corporal, el menor número de integrantes de la familia y el contacto limitado con animales, entre otros”.

No todos los pólenes son iguales
Como decíamos anteriormente, el polen predominante y que más incidencia tiene en España es el de las gramíneas (hierbas), y mayo suele ser el mes de mayor incidencia. Dependiendo de la zona en la que se viva, los pólenes predominantes serán diferentes: así, por ejemplo, los residentes en Madrid o Barcelona, que son alérgicos a los pólenes de las arizónicas y cipreses (cupresáceas), desarrollarán sus síntomas en los meses que van de enero a marzo; los alérgicos al plátano de sombra (Platanus hispanica) los desarrollarán entre marzo y abril; los que lo sean al polen del olivo o parietaria, o gramíneas, de abril a julio, y los sensibles a los pólenes de Chenopodium (una maleza), entre julio y septiembre.

Peor en la ciudad
La contaminación de las ciudades ha fomentado el incremento de las alergias respiratorias. “Este hecho podría deberse a la mayor emisión de partículas contaminantes procedentes de los motores diésel que podrían alterar la estructura del polen, aumentando así su capacidad de inducir una respuesta alérgica en individuos susceptibles”, explica la doctora.

Sobrellevar la alergia
Lo más importante es acudir al alergólogo cuando aparecen los primeros síntomas de rinitis alérgica, de manera que pueda verificar la existencia o no de la alergia y recomendar un tratamiento adecuado. La Dra. D’Amelio señala que los fármacos habitualmente empleados para la rinitis son “los antihistamínicos orales y los esprays nasales de corticoides tópicos con el fin de tratar los síntomas más comunes (estornudos, picores, enrojecimiento, mucosidad y congestión nasal)”. En aquellos pacientes que además padezcan asma bronquial, considera que “será necesario indicar inhaladores bronquiales antiinflamatorios y broncodilatadores, a juicio del médico tratante”. Asimismo, en los casos en los que el tratamiento médico (sintomático) no sea suficiente, “existe la posibilidad de la vacuna o inmunoterapia específica frente a pólenes, que deberá valorarse de forma individual según la sensibilización de cada paciente”, explica.

Además, la doctora recomienda “utilizar gafas de sol cuando se sale a la calle los días de sol y viento en la época de polinización, dormir e ir en el coche con las ventanas cerradas, secar la ropa dentro de casa o en secadora (evitando secarla al aire libre) y ducharse y lavarse el cabello al final del día durante la época de polinización”. Y añade que “en casa, pueden emplearse aspiradoras o purificadores de aire con filtros HEPA que logran filtrar la mayoría de las partículas ambientales de pequeño tamaño”.


Alergia al polen en niños de 3 años
Con la llegada de la primavera y el buen tiempo se liberan los pólenes de la mayoría de las especies que producen alergia, es decir, las plantas y árboles cuya polinización se produce por el viento. “Así aumentan los síntomas de muchos niños, sobre todo en zonas de interior, pues desencadenan una reacción inflamatoria en las mucosas nasal, conjuntival y bronquial, produciendo rinitis, conjuntivitis y asma respectivamente”, afirma el doctor Javier Torres, miembro del Grupo de Trabajo de Alergia Respiratoria y Asma de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP). La sintomatología incluye prurito nasal, ocular, faríngeo, en el paladar, lagrimeo, estornudos, secreción nasal, a veces muy líquida, obstrucción nasal, que suele ser muy molesta, tos, obstrucción bronquial, sibilancias, cansancio. Por ello, “es fundamental que los pacientes que ya han sido diagnosticados de rinoconjuntivitis y/o asma primaveral inicien con suficiente antelación la inmunoterapia y la medicación preventiva indicadas por su especialista en alergia pediátrica, a fin de paliar las manifestaciones de la alergia primaveral”,  recomienda.

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