Cristina Plazas: “Valoro mucho lo de cuidarme”

Entrevistamos a la actriz Cristina Plazas

La reconocida actriz Cristina Plazas acaba de terminar en Madrid la obra de teatro “El ángel exterminador”, inicia la segunda temporada de la serie “Estoy vivo” y está pendiente de un proyecto cinematográfico, que aún no puede desvelar.

Sus genes canarios se notan en su mirada, su fuerza, y su voz, es como el Atlántico, un lugar donde perderse que te da fuerza y paz a la vez, así es Cristina Plazas. La mayor de cinco hermanos que junto a su familia dejó atrás Gran Canaria para irse a un Madrid sin mar. Por ello, siempre ha vivido en lugares con costa, Valencia, Barcelona, buscando el mar de su infancia, los recuerdos de una niñez feliz cerca de la playa de Las Canteras. Una mujer sin miedo, aunque ella no lo sabe, cuya carrera siempre ha estado marcada por el riesgo. Empezó escribiendo diarios, pero descubrió enseguida que su arte era interpretar la vida de otros, sus penas, sus angustias, sus fortalezas. Así crea sus personajes en la pantalla, cine, teatro, televisión, no hay registro que se le resista y que nos atrape. Su voz y su presencia nos conduce a lugares insospechados; una vez que la vemos encima de un escenario, no hay marcha atrás, y ya no queremos viajar sin ella.

¿Tu pasión era escribir antes de interpretar, porque abandonaste la escritura?
Porque la escritura es un acto solitario, donde uno necesita de toda su voluntad y de su concentración para llenar una página en blanco y, además, con contenido potente. Siempre he escrito, y con veinte años escribí una novela que aún tengo, según mi opinión muy mala, aunque puede que no está tan mal. Hubo un momento que supe que había algo artístico dentro de mí, y cuando empecé a hacer teatro sentí que ante el resultado artístico, al menos la responsabilidad no era enteramente mía. Si no que tenían que ver muchos factores. Es muy importante para un actor tener un buen director, o directora, compañeros y compañeras, un escenógrafo, vestuario, maquillaje, formar parte de un todo, y no que el todo fuera yo, que era lo que a mí me daba pánico al escribir. Pero volveré a escribir. Llevo un par de años que cuando quiero dormir relajada me imagino a mí misma levantándome a las siete de la mañana como José Luis Sampedro y poniéndome a escribir tres o cuatro horas diarias.

De hecho siempre has escrito en tus diarios, ¿aún los conservas?, ¿eran un desahogo o una forma de escapar?
Los conservé hasta que nació mi hija, escribí diarios desde los 13 años hasta los 37 de manera continuada. Escribía siempre, tenía cuadernos de todo, no sé si recuerdas que Carmen Martín Gaite utilizaba este término, apuntaba reflexiones, ficción y hasta la lista de la compra. Y yo siempre he tenido estos cuadernos rondando por mi vida. Pero cuando nació mi hija y tenía unos meses, los releí todos y hubo algo que llamó mi atención que escribía cuando estaba triste, también cuando estaba alegre, pero en ese caso parecía un dietario, no había reflexiones sobre la felicidad, en cambio, sobre la tristeza sí, y pensé no quiero que Martina un día de adolescente piense que su madre era una mujer triste, porque no lo soy. Y entonces los releí por última vez y los rompí todos, y estoy contenta de haberlo hecho, no me arrepiento nada.

¿Cuándo y por qué comienza tu pasión por la interpretación?
Siempre me ha gustado leer, el cine, el teatro, pero ser actriz fue más un escape a una vida que no quería, no quería saber lo que me iba a pasar en el futuro, no quería tener un trabajo fijo, con unos meses al año de vacaciones, esto me horrorizaba. Cuando tenía 20 años pensar que mi vida estaba predestinada por un trabajo me ponía nerviosa. Y entre medias conocí a Eva Isanta, una de las actrices de la serie “La que se avecina”, y nos hicimos muy amigas, y ella sí que quería ser actriz profesional, y empezamos haciendo teatro amateur juntas.
Por amistades en común, un director me cogió para hacer un papelito en el teatro María Guerrero, y pensé, de aquí no salgo, y descubrí la felicidad de estar encima de un escenario interpretando un personaje. Así hasta hoy, que ya han pasado 28 años.

Lo que me sorprende es que alguien qué vive en Madrid se traslade con 21 años a Valencia para empezar a hacer sus primeros trabajos de interpretación, ¿por qué?
Mi madre es canariona, de Gran Canaria, y mis abuelos de Lanzarote. Yo nací en Madrid, pero desde muy pequeñita me llevaron a Canarias y estuve hasta los once años. De ahí nos fuimos a Madrid, de donde son mi padre y su familia. Tengo la sensación de que siempre estoy en diáspora, siempre estoy viajando. Realmente me fui a Valencia a hacer un curso con Moma Teatre con Carles Alfaro, una compañía de teatro que a mí me encantaba lo que hacían. Y el caso es que aprendí a hablar valenciano y me quedé 14 años trabajando en una lengua que no era la mía, pero que se convirtió en mi segunda lengua. Por esa razón también di el salto a Barcelona, y aunque siempre he tenido un acento curioso, porque nunca he tenido un acento puro catalán, también he trabajado muchísimo en teatro, en tele y en cine en Barcelona, tanto o más que en Madrid, pero no me preguntes por qué, porque yo tampoco lo entiendo.

Es una profesión difícil, hacerse un hueco no es fácil, ¿a qué se debe tu éxito?
Es un milagro y una suerte inmensa, porque tengo 48 años y, mejor o peor, dependiendo de las épocas, solo vivo de esto. Además, piensas que se acabará, y ahora curiosamente que he pasado la barrera de los 40, he tenido la oportunidad de hacer “Estoy vivo”, que es un personaje de mi edad, y pienso, tengo una estrella. He tenido mucha suerte y mucha gente que me ayuda. Hay directores, como por ejemplo, Luis San Narciso, que es uno de mis ángeles cuidadores en esta profesión, una persona que está ahí y que piensa en mí para interpretar personajes. Se lo agradezco muchísimo, y es algo que tiene que ver con el buen karma que me acompaña en esta vida.

¿Cuándo preparas un personaje, cómo lo haces, te olvidas de ti misma para ser otra?
He tenido épocas que he trabajado así, pero a medida que voy creciendo y que voy teniendo más experiencias vitales intento buscar lo que me conecta con el personaje, y trabajar lo que me diferencia.

Ahora estás en la serie “Estoy vivo” que comienza segunda temporada, ¿cómo describirías a Laura Beltrán y cómo ha sido tu experiencia en la serie, con tus compañeros?
Todo ha sido tan bonito. Laura, según Dani Ecija, es el no egoísmo, y realmente creo que tiene razón porque su felicidad está en la felicidad de su familia, en la de los demás. Es una mujer con un gran sentido de la justicia y que le ha costado cinco años rehacer su vida sentimental, eso no la hace ser triste ni infeliz, sino alguien que vuelca todo su amor en sus hijas, en resolver los problemas de la familia y en el amor que siente hacía su suegro. Además, tiene esa parte bonita que sabe que enamorarse es cuestión de abrir el corazón, y me ha divertido mucho interpretarlo con Javi Gutiérrez.
Enamorarme en la ficción ha sido como volver a la adolescencia. Por ejemplo, cuando me enamoré del padre de mi hija parecía una campanilla dando saltos por la ciudad; ahora al interpretar a Laura lo he recuperado. Y tanto Javi, como Ana, como Lucía, compartíamos algo muy bonito, intentar llegar más lejos en la verdad de los personajes, en las situaciones, en la comicidad… Con Javi, especialmente, he tenido muy buena química, nos entendemos muy bien trabajando, me parece un gran actor y una persona muy generosa. Y amo a mis directores que son muy inteligentes y saben lo que hay que pedir.

También has formado parte del elenco de actores de “El ángel exterminador”, una obra de teatro dirigida por Blanca Portillo, ¿qué nos puedes contar?
Esta obra es muy impactante, estrenamos el 18 de enero en el teatro Español y hemos estado hasta el 25 de febrero. Y quien no ha visto esa película, esa terrible experiencia que viven unos burgueses que después de una fiesta se quedan atrapados en una habitación de la cual no pueden salir. Esta obra nos muestra todo lo que sucede en sus cabezas, en sus cuerpos y en sus vidas.
Para el espectador, ver a veinte actores en escena es un privilegio, que por desgracia ya no vivimos tanto. Yo interpreto a Leticia Marinar, La Valquiria, soy un personaje con un pasado misterioso, que hizo algo de lo que no se habla nunca. Es alguien capaz de ver más allá de lo que sucede, más allá del presente y que tiene muchísima intuición. Es una mujer que lleva unas patas de gallina en el bolso, que son las llaves que abren la puerta a lo desconocido.

También el hecho de formar parte de una serie, todos los días acompañando al espectador hace que cuando vas por la calle la gente te reconozca, ¿no te da miedo perder el anonimato?
Realmente lo pierdo y lo recupero muy rápidamente, porque participo en series que no duran mucho en el tiempo, me encantaría estar cinco temporadas en una serie, pero no me sucede, hago dos o tres, entonces me conocen durante un tiempo y al espectador se le desdibuja el personaje. Pero realmente la gente me reconoce por la voz, me pasa en el AVE, o en un bar, que de repente me oyen a hablar y me reconocen.

¿El hecho de que tu pareja sea también actor es una ventaja?
Sí, sí, aunque a veces la vida es muy complicada, porque tenemos una hija y los dos tenemos que trabajar. Por ejemplo nos tocó trabajar a los dos el día de reyes, y fue muy triste, pero lo tienes que asumir. Es triste porque Martina está viviendo una temporada, que por suerte para ella y para todos, estamos trabajando los dos. Esto supone que tenemos que tener a una persona permanentemente ayudándonos, porque todavía es pequeña para tener autonomía y yo estoy aquí en Madrid y Óscar en Barcelona, cosa que nos sucede a menudo. Martina ha pasado muchas noches viejas en teatros, su primera noche vieja en un teatro tenía sólo seis meses. Ahora empieza a tener una edad en la que le da rabia que su vida sea poco convencional.

Creo que tú manera de evadirte es podar árboles, ¿cómo nace esta aventura del aceite?
Pues nació con dos amigos hace cinco años, ellos tienen un terreno en La Vera y nos invitaron a pasar unos días con ellos, fue un camino sin retorno. A pesar de la distancia, que hay 800 kilómetros a Barcelona, que es donde vivimos, nos compramos un terreno con olivos y desde entonces hacemos, Óscar y yo, aceite de oliva, mano a mano. Es una aventura maravillosa. Ahora mismo lo que más deseo, cuando acabe el Ángel Exterminador, es irme a podar olivos.

¿Qué da el campo y el contacto con la naturaleza que perdemos en la gran ciudad?
Contacto con uno mismo, cuando estoy en La Vera solo miro el móvil por la noche. Desconecto del día a día. Me levanto por la mañana con el objetivo de estar tocando tierra, liberando árboles, a mí la jardinería no me gusta, lo que me gusta es coger una sierra, coger una asada y quitar una zarza. Estoy enamoradísima de Extremadura, amo esa región, esa belleza de paisaje, ese cielo limpio, esa gente…

¿Y cómo te cuidas?
Intento cuidarme siempre que puedo, aunque me despisto cuando no estoy bien; que curioso la conexión mente cuerpo. Tengo 48 años, y me gusta cumplir años, aunque a veces me da rabia, me miro al espejo y digo ¿quién es esa señora? Me da rabia que me salgan manchas, pero me cuido y utilizo cremas cuando tengo tiempo, y cuando soy constante, y mi piel lo agradece.
Con el tiempo valoro mucho lo de cuidarme. Cuando empiezo los ensayos para mí es prioritario hacerme un masaje cada quince días, porque necesito esa conexión con mi cuerpo, porque a veces uno se olvida de que tiene cuerpo y piensa que solo tiene cabeza. De hecho, me pongo a ensayar y toda mi energía se va al cerebro. Me doy cuenta de lo fundamental que es que yo esté bien para cuidarme, para hacer ejercicio, para caminar. Pero para eso tienes que tener la mente bien, si no la prisa te puede, te metes en el metro, te coges un taxi, te olvidas de ti.

¿Además de andar haces otro tipo de ejercicio?
Cuando tengo tiempo sí, y cuando estoy en casa, sí que intento ir al gimnasio, además, está en la montaña y se ve toda la ciudad, me gusta mirar a la gente de lejos. Pero mi gran deporte es podar, no sabes las agujetas que tengo, me cojo las tijeras, las botas de agua y puedo estar cinco horas seguidas. Soy muy feliz cuando podo, ese es mi deporte favorito.

Creo que tienes genes canarios y que sabes preparar mojo picón, ¿tienes algún recuerdo de tu tierra?
Recuerdos tengo tantos. Yo soy la mayor de cinco hermanos, pero en aquel momento todavía no había nacido el pequeño, y éramos cuatro, tendría unos diez años, y uno de mis grandes recuerdos es que vivía en la avenida marítima, en Las Palmas de Gran Canaria, e íbamos a un colegio en Guanarteme. Íbamos juntos al cole, porque mi madre trabajaba y mi padre también, salíamos de casa e íbamos andando por toda la playa, mirando el mar, todo el camino hasta llegar al cole. Entonces cuando me fui a vivir a Madrid para mí era inconcebible que el mar estuviera tan lejos, no podía creérmelo, y creo que eso ha influido que haya vivido en Valencia y después en Barcelona. No necesito ir a la playa todos los días, pero necesito saber que si quiero ir puedo llegar en veinte minutos. Me gusta el olor a mar, mirar el océano. Mi abuela María era de La Isleta, y todos mis primos viven allí. Tengo unos recuerdos muy bonitos y hago un mojón picón que te mueres.

Y retomar la escritura…
Me encantaría recuperar esa parte íntima de reflexión, que tenía con los diarios, que cuando uno escribe no tiene más remedio que preguntarse qué piensa. Me gustaría cogerme un par de horas diarias y escribir como rutina, como hacer ejercicio. Creo que hay algo de sanidad mental.

Acerca de Teresa Ortega 33 Articles
Teresa Ortega es colaboradora de la revista Estar Vital, editada también por el Grupo TPI, entrevistando los personajes de portada de la revista, que también replicamos en Vivesaludable.

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