Claves para una piel sana

lavarse-la-caraConsejos dermatológicos para mantener una piel saludable gracias a los beneficios del agua.

El buen tiempo se va asentando en toda España con la primavera y la cercanía del verano, y que mejor que aprovechar los beneficios del agua no sólo para hidratarnos, sino para mantener la salud de nuestra piel. En este sentido, os acercamos los consejos de los dermatólogos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), que os ayudarán a refrescaros, calmar y refrescar la piel cuando aprieta el calor, así como hidratar, proteger y fijar el maquillaje.

A veces no se valora lo suficiente aquello que se tiene a mano dado que: “el agua es hidratante por excelencia”, asegura la doctora Eulalia Baselga. Además, matiza que “la aplicación externa de agua contribuye a favorecer la penetración de sustancias hidrosolubles, calma el picor en caso de agua fría, aumenta la elasticidad, evita el aumento de temperatura de la piel y mejora el aspecto de la piel”. Un lujo a nuestro alcance. En cuanto a su ingestión, incide en que mayormente es mejor beber el agua de botella: “el alto contenido en cal del agua de grifo puede irritar la piel, por lo que es más recomendable el agua de baja mineralización”, señala la experta.

¿Por qué es importante el agua?

1)    El agua es el componente mayoritario (30%) de nuestra piel, por lo que su aporte es esencial para mantener la turgencia y elasticidad de la misma. Una piel deshidratada es menos elástica, es decir, tarda más tiempo en volver a su sitio al estirarla.

2)    El aporte de agua adecuado evita la deshidratación de la piel. Una piel deshidratada no puede cumplir la función de barrera natural que tiene la piel, pierde tersura y favorece la aparición de eccemas.

3)    La aplicación externa de agua fría o compresas húmedas produce un efecto calmante inmediato del picor y disminuye la inflamación de la piel. Puede ser muy útil en caso de quemaduras, urticarias, picaduras de insecto u eccemas. El agua fría reduce la rojez.

4)  Una ducha de agua no tan caliente o fría es estimulante para la piel y el espíritu. El efecto inmediato es una vasodilatación superficial para mantener la temperatura y posteriormente una vasoconstricción. Por otro lado ayuda a despertarnos.

5)   El agua arrastra partículas depositadas sobre la piel y elimina suciedad de la piel.

6)    Los baños con agua termales aportan, dependiendo de la composición de las aguas, diferentes minerales a la piel y sustancias de acción antiinflamatoria probada y de utilidad en enfermedades de la piel como el eccema o la psoriasis.

7)    En climas muy calurosos la aplicación externa de agua sobre la piel evita que se produzca un golpe de calor.

 

mujer-con-aguaEn el maquillaje también

Hidratar, proteger, incluso fijar el maquillaje en la piel son también algunos de los beneficios relevantes del agua, en los que incide la doctora Elia Roó. De hecho, una de las novedades estrella que se suelen utilizar en tratamientos de belleza en la actualidad y, concretamente en aguas termales, es poner este tipo de agua para un buen maquillaje. “Las aguas termales se suelen poner encima del cosmético para fijarlo”, especifica la doctora, “así como después del peeling para calmar la piel”. Incluso tienen nuevos empleos: “lo que está en auge actualmente son las aguas hidratadas que incorporan filtros solares”, explica esta experta.

De este modo, podemos ver que además de la ingesta, el agua tiene muchas propiedades y es fundamental para tener un aspecto sano tanto por dentro como por fuera.


Tratamientos

La experta Leonor Prieto, directora científica de La Roche-Posay aclara las principales dudas sobre el cuidado de la piel.

¿Cuáles son las diferencias entre pieles alérgicas, intolerantes y sensibles?

Podríamos establecer, fundamentalmente, dos categorías:

Pieles sensibles o intolerantes: Es un fenómeno complejo, a veces bastante difícil de diagnosticar. Podríamos definirlas como aquellas pieles que presentan una respuesta exacerbada frente a productos o situaciones bien toleradas por las pieles normales. Es decir, su umbral de sensibilidad está disminuido, las terminaciones nerviosas a nivel de la piel son más sensibles y todo ello da lugar a que tengan manifestaciones de diferentes tipos, muchas de ellas subjetivas (picor, escozor, tirantez, calor, ardor, inconfort). También pueden tener algunas manifestaciones objetivables (rojeces, descamación…). Hay muchos factores que pueden provocar su aparición o su agravamiento. Pueden ser externos (clima, radiaciones solares, contaminación, cosméticos inadecuados, toma de ciertos medicamentos, tratamientos estéticos…) o internos (fatiga, estrés, alimentación desequilibrada, ciertas patologías de la piel…).

clasificarlas como sensibles o intolerantes a veces depende más de la intensidad con que manifiestan los síntomas que hemos descrito.

Pieles alérgicas: En las pieles alérgicas ya podemos establecer una mediación del sistema inmunitario. En este caso, se trata de lo que llamamos una “hipersensibilidad retardada”, es decir, la piel o el organismo se ha puesto en contacto con una sustancia, que el organismo reconoce como “extraña”, a la que llamamos “antígeno”. Para contrarrestar su acción, nuestro sistema de defensa fabrica “anticuerpos” contra esta sustancia. En el primer contacto no ocurre nada pero, en el segundo y los sucesivos, cuando el antígeno se pone en contacto, se va a producir una reacción alérgica, de tipo inflamatorio.

La alergia es una reacción individual de nuestro sistema inmunitario, frente a sustancias normalmente bien toleradas por la mayoría. Esto quiere decir que cualquier sustancia es susceptible de provocar una reacción alérgica.

Hay diferentes tipos de alergias: ambientales (pólenes, plantas, hongos), medicamentosas, alimenticias, de contacto o solares.  En gran parte de ellas, la piel va a ser un órgano afectado. Podemos afirmar que el 78% de las alergias citadas, tienen un impacto sobre la piel.

Los síntomas que vamos a apreciar en la piel: rojez, inflamación, descamación en placas, vesículas, costras, edemas, fisuras, así como sensaciones de quemazón, picor, tirantez…

Aunque son fenómenos diferentes, a veces es complejo establecer un correcto diagnóstico, ya que algunos síntomas son similares. Para establecer o descartar una alergia hay que realizar determinadas pruebas médicas que nos lleven a establecer la causa concreta.

¿Qué cosméticos son los ideales para las pieles con estos problemas? ¿Los que tienen menos ingredientes, en general…?

Muchos componentes cosméticos, que son bien tolerados en pieles sin problemas, pueden ser irritantes en pieles intolerantes o alérgicas. Por ello conviene evitarlos de las formulaciones para pieles sensibles. Los perfumes y los conservantes son los productos más incriminados en estas manifestaciones. Cuando se formula una crema para pieles sensibles, se analizan estrictamente todos los compuestos, para crear una formulación lo más depurada posible. Por ello, tanto la fórmula como el envase deben ser lo más puros y protectores posibles.

Pero la tolerancia no debe de hacerse nunca a expensas de la eficacia del producto. Es decir, el producto debe de contener estrictamente lo necesario, pero también activos que tengan una eficacia probada y que sean capaces de calmar, proteger o hidratar la piel. Del buen equilibrio de estos dos parámetros, depende el éxito del producto.

¿Cuáles son las claves de limpieza para una piel muy sensible?

La clave de los productos de limpieza está precisamente en la mezcla de “agentes limpiadores” que se utilizan (cada uno de ellos puede tener diferentes propiedades: detergentes, solubilizantes, espumantes). Para las pieles sensibles deben de ser aquellos que sabemos que no son agresivos para la piel, aunque son más caros. Si la piel es muy sensible y reacciona a todo, importante que el producto no tenga perfume, conservantes, ya que estos productos pueden irritar la piel.

El producto debe de estar formulado para aplicarse suavemente sin agredir la piel, es decir, que pasando ligeramente el algodón sea capaz de eliminar las impurezas sin frotar. En una piel sensible, igual que en la zona ocular, friccionar o masajear mucho puede irritar aún más la piel.

La fórmula ideal sería, diariamente (tanto si nos maquillamos como si no): Leche limpiadora específica para piel sensible + Agua Termal+ Desmaquillante de ojos específico.

Las aguas termales para estas pieles son mejores que los tónicos, ya que tienen más elementos calmantes, antiirritantes y suavizantes.

Hay desmaquillantes de ojos incluso en monodosis estériles, por lo que no necesitan conservantes y que llevan elementos “solubilizantes”, es decir que eliminan el maquillaje de los ojos sin frotar, respetando tanto la fragilidad del párpado como de la pestaña.

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